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Plan Iberoamericano de Alfabetización y Educación Básica de Personas jóvenes y Adultas, 2007-2015
Acto de Presentación
Discurso del Secretario General de OEI, D. Alvaro Marchesi
14 de marzo de 2007

Alteza, Ministra, Secretario General, Secretarias de Estado, embajadores, señoras y señores:

La lucha contra el analfabetismo es, sin duda, una acción urgente e imprescindible que trata de reparar una gran injusticia histórica: el hecho de que millones de personas se hayan visto privadas de la posibilidad de aprender a leer y a escribir.

Esta situación trágica pone de manifiesto la profunda desigualdad en el mundo y en concreto en América Latina, donde la marginación permanente de amplios sectores sociales provocó la ausencia durante generaciones de una oferta suficiente para garantizar el derecho a la educación básica al conjunto de los ciudadanos. Todos nosotros somos, en cierta medida, responsables de este desatino.

Por ello, el proyecto que hoy presentamos no puede verse como una acción benevolente sino como el ejercicio responsable de una reparación debida y una apuesta por un futuro mejor. Los millones de analfabetos que aún viven en nuestros pueblos y ciudades iberoamericanos, aquí cerca, a nuestro lado, cerca de 50.000 madrileños lo son, no constituyen una comunidad diferente a la nuestra, sino que, por el contrario, forman parte de nosotros pues son nuestros vecinos, nuestros compañeros y, en algunos casos, nuestros familiares y nuestros amigos. De ahí nuestra responsabilidad con ellos.

Por fortuna, el Plan Iberoamericano de Alfabetización y Educación Básica que hoy presentamos surge del compromiso de veintitrés naciones que se han adherido a esta iniciativa y que para ello han elaborado sus correspondientes planes de país. En ellos se especifican los colectivos beneficiarios, las acciones que han de emprenderse, los recursos necesarios, la coordinación entre las propuestas, el análisis de los métodos empleados y la cooperación entre países y entre todos los sectores implicados. Así nos encontramos con un Plan coherente, articulado y ambicioso, construido a partir del respeto a las políticas públicas de cada país, a las cuales apoya.

Un proyecto con un objetivo tan noble y ambicioso, como es terminar con el analfabetismo antes del año 2015, exige un esfuerzo colectivo enorme y la aceptación de que sólo si se respetan determinadas condiciones se podrá conseguirlo. Entre ellas me permito destacar las dos siguientes: la consideración de que en el siglo XXI no basta con superar el analfabetismo absoluto y la necesidad de que en este proyecto inmenso se implique no sólo a las administraciones públicas sino al conjunto de la sociedad.

La superación del analfabetismo no supone solamente que las personas adultas tengan la capacidad de comprender un texto y de escribirlo. Hoy es también necesario superar el analfabetismo digital y cívico, consiguiendo que todas las personas alcancen las capacidades que constituyen los objetivos de la educación básica. No cabe duda, por tanto, que la erradicación de analfabetismo exige una educación que garantice a todas las personas el ejercicio de la ciudadanía. Por ello, los sistemas educativos han de ser capaces de preparar a todos los alumnos para que puedan integrarse de forma activa en la sociedad, ampliar sus conocimientos, adaptarse a los cambios sociales y laborales y disponer de la palabra y de la acción con las que ejercitar sus derechos como personas libres. Desde esta perspectiva, toda la enseñanza ha de orientarse a la formación de ciudadanos conscientes, libres, responsables y solidarios. En esta tarea, sin duda, la OEI en cooperación con la SEGIB debe tener un papel activo para apoyar esfuerzos, relacionar experiencias y contribuir a que todos los países tengan siempre presente que forman parte de una comunidad de naciones más amplia y enriquecedora y que la ciudadanía de cada uno se prolonga en la ciudadanía iberoamericana y en la ciudadanía universal.

La consecución de estos ambiciosos objetivos reclama imperiosamente la movilización del conjunto de la sociedad para conseguir una educación de calidad para todos. Es preciso movilizar con imaginación a millones de personas que ayuden a resolver los problemas pendientes: municipios, universitarios, que desde esta perspectiva deberían dedicar un tiempo anual a colaborar en la educación de sus conciudadanos privados del acceso a la educación, organizaciones sociales, voluntarios, empresarios y personalidades conocidas por la sociedad, quienes deberían encontrar un cauce, cada uno desde su responsabilidad y desde sus posibilidades, para colaborar en la mejora de la educación de cada país. No se trata sólo de una acción generosa, sino que es también una acción justa por la que se devuelve a la sociedad y a los desfavorecidos los beneficios recibidos a lo largo de los años.

Con satisfacción puedo constatar que esta movilización social ya ha comenzado y este acto es expresión de ello. En él nos encontramos, codo con codo, la Casa Real española, los organismos internacionales, los poderes públicos españoles y de otros países iberoamericanos, las organizaciones sociales no gubernamentales, diversas Fundaciones y los sectores empresariales. A todos ellos, gracias por su colaboración. Permítanme que concrete mi agradecimiento en dos instituciones españolas que están realizando un esfuerzo especial para aportar recursos en favor de una educación de calidad para todos: el Ministerio de Educación y Ciencia y la Secretaría de Estado de Cooperación. Su sensibilidad y su trabajo continuado son la garantía para conseguir la necesaria movilización social que exige este proyecto y para mantenerla durante los próximos ocho años.

A ellos, a todos Vds. por su presencia y su colaboración y muy en especial a su Alteza Real, muchas gracias.

 
 

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