De Cara al Futuro
A inicios del siglo XXI y ante los múltiples procesos que
implica la globalización, Honduras y Centroamérica
enfrentan múltiples retos en todos los órdenes de
la vida política, económica.
Las diferentes teorías y modelos económicos ensayados
en América Latina han propiciado fenómenos crecientes
de exclusión social y económica que se traduce en
pobreza y baja calidad de vida. Estos modelos dominados por excesivos
enfoques economicistas, no han tenido en cuenta el sustrato cultural
de los múltiples pueblos que habitan nuestra geografía
nacional y regional.
Desde la Colonia y vida independiente, la diversidad cultural de
los pueblos no ha sido plenamente reconocida; el estado-nación
que da vida a la naciente república de Honduras a partir
de la proclamación del Acta de Independencia en 1821 fue
creado por la elite criolla inspirada en modelos legales y urbanísticos
de las metrópolis europeas.
A partir de los años noventa, con el surgimiento de otros
enfoques al desarrollo como el Índice de Desarrollo Humano;
el concepto de desarrollo sustentable, y la consolidación
de la democracia representativa a partir de 1982, Honduras se enfrenta
al reto de revertir situaciones crecientes de marginación,
pobreza, deterioro del patrimonio monumental e intangible y lograr
que la cultura sea un medio y un fin para el desarrollo humano.
Es así que a inicios del siglo XXI el desarrollo cultural
en Honduras va configurándose a partir de iniciativas públicas
a escala local, comunitarias, asociativas y acciones coordinadas
con la cooperación internacional.
Múltiples voces se escuchan a escala nacional en consultas
ciudadanas y diálogos en el sentido de reclamar espacios
para el fortalecimiento de la identidad nacional y la valoración
de las expresiones creativas y bienes patrimoniales.
En ese sentido, partimos del principio en nuestra visión
de cara al futuro, que la cultura es de todos, producida y consumida
por todo; todos somos potencialmente, a título individual
y colectivo, agentes culturales. Esto nos ubica como individuos
y nación, en otra perspectiva frente al dilema de la identidad
vista como un proceso dinámico e intercultural en el contexto
de un vertiginoso avance de las tecnologías de la información.
Para su plena y genuina expresión, la identidad nacional
requiere ser asumida como la expresión y suma de la diversidad;
será necesario entonces, ubicar a partir de criterios socioculturales
aquellos lugares (municipios, departamentos, regiones) donde confluyen
procesos económicos, educativos, sociales, políticos
que articulan el tejido social y construyen ciudadanía.
La planificación del desarrollo cultural debe tener como
núcleo central el ordenamiento territorial, de sus recursos
y necesidades: El territorio es una construcción simbólica.
Las naciones centroamericanas no existían antes de la independencia,
ni existieron antes de la Conquista. La identidad se muestra como
la posibilidad real de construir la unidad en la diversidad más
allá del concepto de estado/nación.
Los procesos de participación ciudadana y mecanismos permanentes
de consulta o diálogo comienzan a ser parte de los debates
nacionales y aspiran a convertirse en una dinámica constante,
en hábito democrático. Para ello es menester destinar
mayores recursos al gasto social orientados a fortalecer las capacidades
locales, reducir la pobreza, combatir el analfabetismo y fortalecer
el tejido social.
Las instancias de extensión educativa o centros de educación
formal ubicados a escala municipal y departamental pueden contribuir
en la capacitación de promotores, gestores culturales, trabajadores
sociales, maestros y otros agentes capaces de impulsar acciones
orientadas al cultivo de la creatividad, recuperación de
la memoria histórica o bienes patrimoniales y procesos de
animación sociocultural.
Lo anterior pone de manifiesto la necesaria formación de
administradores y animadores culturales capaces de generar y hacer
sostenibles estos procesos.
En ese sentido, es necesario orientar esfuerzos, sinergias y recursos
a la creación de proyectos culturales de alto significado
y participación civil como los museos comunitarios, casas
de la cultura, uso social de sitios históricos que contribuya
a fortalecer un sentido de identidad y pertenencia, al tiempo que
se recuperan espacios públicos a través del ordenamiento
de los recursos patrimoniales.
Existen una serie de propuestas para fortalecer el trabajo cultural,
generar espacios de planificación a escala nacional y local
comenzando por la promoción de un pacto cultural que podría
tener como mecanismo vinculante un Consejo Consultivo y su expresión
local en la formación de los Consejos Locales o cabildos
de cultura.
Otra propuesta central es la necesidad de articular y sistematizar
demandas para la definición una política cultural
del Estado hondureño otorgando a la institucionalidad de
la cultura un lugar y una definición de su papel en las políticas
generales de desarrollo.
Entre los avances registrados en materia de política cultural
en Honduras, tenemos la Ley para la Protección del Patrimonio
Cultural de la Nación que regula las acciones institucionales
vinculadas al patrimonio nacional.
A partir de la promulgación de esta Ley se inician una serie
de acciones estratégicas orientadas a registrar, conservar,
restaurar y rehabilitar bienes muebles e inmuebles del patrimonio
histórico colonial y arqueológico e iniciar una serie
de inventarios básicos del patrimonio mueble e inmueble.
La Ley, señala medidas precisas para mejor salvaguarda de
los bienes muebles e inmuebles y se incorporan varias disposiciones
y recomendaciones emitidas por la UNESCO, convenios suscritos por
Honduras con otros gobiernos y organismos multilaterales.
En la década de los noventa se emite la ley de Derechos
de Autor y Derechos Conexos (1993) que complementa la Ley de Protección
del Patrimonio Cultural de la Nación en el sentido de brindar
un marco jurídico para proteger las creaciones originales
del patrimonio literario, documental y artístico.
La Secretaría de Cultura, Artes y Deportes inició
en 2002 un proceso de consulta, diagnóstico y prospectiva
que ha dado como resultado diferentes documentos de análisis
y una primera versión del Plan Nacional de Cultura 2002-2005.
En esa misma dirección se solicitó a la División
de Políticas Culturales de UNESCO una asesoría y consulta
que se puede analizar en el Informe sobre la Misión Consultiva
de la UNESCO en materia de Políticas Culturales para el Desarrollo
en Honduras que identifica una serie de acciones para el desarrollo
del sector que requieren del apoyo decidido y sistemático
del Estado y la sociedad civil; entre ellas la necesidad continuar
los trabajos de un Plan Nacional de Cultura en el marco de una Política
Cultural para el Desarrollo.
De las consideraciones finales establecidas en el Informe, destacamos
el asesoramiento, apoyo y creación de PYMES culturales, con
lo que se podrían establecer unos canales mínimos
de difusión, distribución y comercialización
para generar recursos económicos directos.
La ampliación y sostenibilidad de las casas de la cultura,
forma parte del inventario de principales acciones por desarrollar,
al igual que la elaboración de la Ley Orgánica de
Cultura en la que queden explícitas las características
intersectoriales e interinstitucionales (transversalidad de la cultura)
de una política Cultural para el Desarrollo.
En suma, se trata de construir una política cultural con
objetivos de transformación social económica, política
(consolidación democrática), participación
y equidad, desarrollo de la diversidad, la identidad y la Sociedad
del Conocimiento.
En el contexto de la Sociedad de la Información, el Consenso
de Tegucigalpa, documento surgido de la reunión de consulta
Retos y Oportunidades de la Sociedad de la Información
convocado por la oficina de UNESCO para Centroamérica subraya
que la diversidad lingüística y cultural son la base
para el fomento de políticas públicas que consideren
normas y principios en la promoción y uso social amplio de
las tecnologías de la información y la comunicación.
Los procesos de participación ciudadana deben encaminarse
al logro y establecimiento de consensos en cuanto a los derechos
y deberes ciudadanos; fortalecer el sentido de corresponsabilidad
y la delimitación de competencias en el espacio público.
El Estado se aproxima cada vez a un sistema articulado de redes
públicas, privadas y comunitarias que logren construir gobiernos
más horizontales que verticales con alto sentido de responsabilidad
pública.
En la perspectiva del desarrollo humano, Honduras requiere y reclama
la construcción de un proyecto nacional fundamentado en una
legítima participación y representación ciudadana.
Ante las dificultades históricas para la consolidación
del Estado hondureño desde la colonia hasta nuestros días
y los escasos resultados de diferentes esquemas desarrollistas o
asistencialistas que privilegiaron los énfasis económicos,
es necesario sentar las bases para la transformación de la
cultura política nacional y atender las demandas del entorno
internacional en un mundo cada vez más interdependiente.
La globalización más que un proceso o paradigma constituye
una multiplicidad de procesos que se suman y entrecruzan; para estar
en condiciones de asimilar los múltiples significados, posibles
amenazas y oportunidades se requiere de una articulación
de acciones que incidan en el imaginario colectivo y conduzcan a
la construcción de una nueva ciudadanía a partir de
criterios culturales.
La identidad no puede existir y fortalecerse sin el reconocimiento
de sus diferentes relatos y narraciones en el plano individual y
colectivo. El Informe de Desarrollo Humano 2002 del PNUD, revisa
el concepto de Capital Social su uso y potencialidades en el ámbito
local y nacional. La existencia y práctica de esta forma
de capital, se concentra en el accionar de redes formales e informales
de colaboración, confianza y solidaridad para el logro de
metas comunes.
El Informe de Desarrollo Humano en Honduras 2003, presentado por
el PNUD, lleva como título La cultura, medio y fin
del desarrollo; entre otros aportes y hallazgos en su encuesta
de capital social subraya una desaceleración en cuanto al
desarrollo humano en el país que requiere de nuevas y mayores
intervenciones para mejorar las condiciones de vida de los habitantes.
En ese contexto los indicadores sobre el grado de ejercicio de los
principales derechos culturales: libertad cultural, intercomunicación
y capacidad creadora requiere de mayores esfuerzos y recursos.
En el mismo sentido es urgente y necesario articular una política
cultural emanada de una nueva institucionalidad que le permita al
Estado hondureño actuar sobre esas tres dimensiones mediante
un esfuerzo concertado de articulación interinstitucional
y participación ciudadana.
La cultura no puede permanecer ajena al tema del desarrollo; en
los años setenta, se afirma el valor de la cultura como componente
estratégico en una visión integral de construcción
de civilización. Las diferencias culturales que años
atrás eran identificadas como obstáculos, se aprecian
como oportunidades.
La economía y la cultura se nos presentan como los imperativos
de mayor fuerza que conforman la conducta humana; los primeros se
relacionan con la satisfacción de necesidades básicas,
empleo, ingresos; los segundos con la identidad, sentido de pertenencia
y de sentido de la vida.
Es preciso llamar la atención sobre el tema cultura-desarrollo
que adquiere centralidad en las agendas internacionales, en el sentido
de no subordinar la dimensión cultural a una cultura
del desarrollo que privilegie el crecimiento económico
y los criterios de rentabilidad, de ser así el desarrollo
seguirá siendo el desarrollo.
Hoy día somos conscientes y se nos muestra evidente el carácter
multidimensional de la pobreza y la vida misma; la pobreza es la
deuda histórica de los modelos de desarrollo, su abordaje
ha evolucionado e incorpora perspectivas provenientes de otras disciplinas
académicas.
En la nueva economía se privilegia el conocimiento, la creatividad
y la calificación del recurso humano como los grandes dinamizadores
y portadores de cambios; el arte como vehículo de comunicación
humana y estímulo de habilidades, es un recurso estratégico
para desarrollar el capital humano.
En ese sentido, la educación artística y en general
el cultivo de las artes y otras expresiones culturales despierta
la imaginación, desarrolla habilidades y prepara las personas
para ser competitivos en su vida, sea cual fuere su vocación.
La formación de las capacidades humanas está en íntima
relación con el uso y sentido que adoptará esa energía
creativa que demandará mayores espacios para su inserción
a la vida social.
Las estrategias en esta perspectiva, no partirán de arriba
hacia abajo, sino desde la participación de la gente; de
ahí que el carácter local adquiere enorme relevancia
en la definición de políticas públicas.
Las instituciones culturales, la sociedad civil y la cooperación
internacional, requieren de una coordinación de sus objetivos
orientados por diagnósticos culturales con visión
interdisciplinaria a las necesidades reales de desarrollo que presentan
los países.
Para ello es necesaria la inversión cultural no sólo
en términos de capital financiero, sino de imaginación,
capital humano y participación en los problemas de salud,
educación, medio ambiente, seguridad y otras prioridades
de la agenda nacional y posicionar el tema cultural como asunto
de interés público y político.
Los supuestos básicos del paradigma de desarrollo humano
sostenible: acceso equitativo a las oportunidades de formación,
empleo, desarrollo de capacidades y nuevas formas de ciudadanía,
ofrecen un marco teórico conceptual que a través de
la propuesta de métodos y prácticas innovadoras de
arte y puesta en valor del patrimonio cultural se traduzca en mejores
condiciones de vida de la población.
Es urgente y necesario definir políticas y programas que
aprovechen en forma sustentable los recursos culturales mediante
el ordenamiento de la oferta turística-cultural.
La idea misma de patrimonio está siendo objeto de revisiones
y ampliación de su campo semántico considerando las
múltiples implicaciones de la dimensión cultural del
desarrollo, de manera más amplia se asume la necesidad de
recrear los significados del patrimonio, a veces a partir del legado
histórico y otras como resultado de múltiples interacciones
de vida.
Las consecuencias y demandas de la globalización, pueden
repercutir en muchos casos, en condiciones contrarias a la preservación
del patrimonio que requieren nuevos métodos de gestión,
referentes teóricos, instituciones y prácticas.
El esquema de desarrollo turístico sostenible se propone
mejorar la calidad de vida de las comunidades y la preservación
de su entorno, de sus recursos naturales y sus bienes culturales
buscando la continuidad para las generaciones futuras. Nos parece
que la puesta en valor e inversión en la restauración
y conservación del patrimonio histórico, el fomento
a sus expresiones artísticas y el registro, documentación
y difusión del patrimonio intangible, no solamente significa
el sustento de la identidad nacional hondureña sino las posibilidades
de crecimiento económico.
Honduras presenta una ventaja comparativa en el contexto centroamericano
en cuanto a sus recursos naturales y su componente cultural.
Los criterios de preservación, rehabilitación o de
animación deben ser considerados como factores clave en toda
estrategia de sostenibilidad turística que haga del recurso
cultural su principal insumo.

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