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II Campus Euroamericano de cooperación cultural

Cartagena de Indias, Colombia 10 al 14 de diciembre 2001

Discurso pronunciado por el presidente de la República, Andrés Pastrana durante el lanzamiento del 'Plan Nacional de la Cultura' en el marco del 'Segundo Campus Euroamericano de Cooperación Cultural'

Cartagena de Indias, 10 de diciembre de 2001

"Jorge Luis Borges, escritor de infinitas historias fantásticas, no lo podía creer. Este hechicero de las palabras no encontraba manera de expresar lo que sus ojos veían en el sótano de una casa bonaerense. Ansioso se preguntaba: '¿Cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Y se respondía: Los místicos, en análogo trance prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna'. El angustiado pensador se enfrentaba a una realidad imposible de concebir. ¡Las explicaciones se le escapaban de las manos como si fueran las hojas de un libro de arena! El problema de Borges era cómo hacer 'la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito'.

Quienes estamos aquí reunidos, nos encontramos ahora ante la misma situación. La cultura, ese campo donde se mezclan las experiencias y las visiones de la gente. La cultura, esta sensación infinita de que el mundo nos pertenece y de que algún día seremos inmortales. La cultura, en fin, ese conjunto de memorias y de ruidos, de matices y de texturas. Estas, nuestras culturas colombianas, son el Aleph que contiene al mismo tiempo y en el mismo espacio todas, todas las explicaciones de mundo que se han creado en nuestra patria.

Frente a nosotros, por detrás, a cada lado de nosotros, por encima y por debajo, está el infinito, está la amplia y antigua existencia de lo colombiano, de lo nacional. Atrás, entre la bruma, están las historias de nuestros antepasados y los caballos de nuestros conquistadores. Por encima, mirándonos desde el cielo, podemos ver el legado de las religiones, las filosofías y las mitologías que nos han heredado sus virtudes. Por ahí, regados en las plazas de mercado, en las tiendas de los pueblos, en las busetas urbanas, están las nuevas palabras de los jóvenes, las viejas costumbres de nuestros abuelos y los extraños sonidos de la modernidad.

Hoy, en el marco del segundo Campus Euroamericano de Cooperación Cultural, donde representantes de las diversas culturas de dos continentes se reúnen para pensar en la integración de sus procesos culturales, celebramos la reunión del todo universal e infinito de las culturas, en un solo punto del tiempo y el espacio. Hoy habita aquí, entre nosotros, la potente voz del pueblo colombiano contándonos todos sus deseos y sus sueños, mostrándonos las imágenes de su belleza y de su locura, recobrando la esperanza y levantando el tono para decir cómo quiere que sea el nuevo país.

Apreciados amigos, Ministros de Cultura, miembros de las organizaciones culturales de Europa y América presentes en el segundo Campus euroamericano de cooperación cultural, miembros del Consejo Nacional de Cultura y participantes del Trigésimo Octavo Salón Nacional de Artistas:

Cada uno de ustedes con su vida y su experiencia, con su creatividad a cuestas, es un portador de un pedazo de cultura, y será testigo del inicio de una nueva era para las culturas en Colombia. ¡A partir de hoy, diez de Diciembre de 2001, las culturas nacionales, gracias al Plan Nacional de la Cultura, tendrán un hilo conductor, una brújula, un refugio y un cimiento que orientará la construcción de un país más abierto a la diversidad, un país poblado de ciudadanos capaces de decidir y expresar cuál es y cómo desarrollar el mundo que desean!

¡A partir de hoy, la identidad nacional y la diversidad de expresiones culturales de sus gentes, tienen un nuevo estatus político, social y económico que les permitirá construir, de manera diversa, participativa, incluyente y planificada, la cultura de paz que habrá de darle un vuelco a la historia nacional! ¡A partir de hoy, y durante los próximos diez años, Colombia compartirá un marco de referencia para crear y expresar las mil facetas, las mil interpretaciones que tienen los colombianos sobre todos los aspectos de la vida!

En noviembre del año pasado nos encontramos en Bogotá para instalar el Foro Nacional de Cultura. En ese momento señalaba que el Foro era el espacio para el encuentro de las múltiples Colombias que existen en nuestro territorio y que, gracias a todas las voces que allí se reunirían, nuestro país no podría ser el mismo, porque los cambios que se desatarían a partir de aquel instante, serían la vía a través de la cual todo el pueblo colombiano participaría de manera equitativa y autónoma, en la creación y consolidación de un nuevo camino para la cultura, de una ruta donde la democracia basada en la tolerancia, la libertad de expresión y el respeto por el otro tendría la posibilidad de renacer, cargada de memorias y estrategias de convivencia, para enfrentar los pasados fantasmas del silencio y el olvido.

Después de escuchar las voces de 23 mil gargantas colombianas compartiendo sueños y visiones de país, después de 769 actas en 543 municipios colombianos, 32 encuentros departamentales y siete foros regionales, después de doce meses y catorce días de convocatorias, reuniones, documentos e informes, hoy recogemos los frutos que el Foro Nacional de Cultura sembró al preguntarle a todos los colombianos, cómo era y cómo se hacía el país que todos querían. El Plan Nacional de la Cultura que hoy lanzamos, es el producto de todas estas horas de trabajo y discusión donde participaron activamente representantes de todo el pueblo colombiano, de todos los cantos y los bailes, de todas las lenguas y los colores que conforman esta nación pluricultural.

¡Nunca antes, como hoy, el sector cultural colombiano tuvo las herramientas eficaces para decidir su destino, para planificar su futuro, para estimular, garantizar y orientar todas sus acciones de una manera concertada e incluyente! ¡Jamás, hasta hoy, la cultura colombiana pudo afirmar con certeza que su estructura estaba articulada, que sus procesos estaban preparados para aportar su experiencia, su creatividad y su belleza, a la construcción de la paz en Colombia!

¡Este es un legado de mi gestión para el futuro de Colombia! ¡Ningún gobierno antes que el mío se esforzó tanto por abrir espacios para la participación de los colombianos en los procesos de toma de decisiones y en el diseño de la política cultural que habrá de definir los nuevos rostros, las nuevas creaciones, las futuras manifestaciones del sentir colombiano! ¡Desde hoy, y durante los siguientes diez años, la nacionalidad colombiana, basada en su cultura, se transformará y se fortalecerá, orientada siempre hacia la democracia, coherente, superando cualquier coyuntura política, porque gracias a este Plan Nacional, las culturas se convierten en una política de Estado!

Queridos amigos:

El Plan Nacional de la Cultura ha sido construido como un proyecto colectivo, donde todas las tendencias, todos los colores, los tonos de voz y todos los instrumentos tocan una sola sinfonía. Este Plan es verdaderamente un Aleph porque en él están representados la totalidad de los actores del escenario cultural colombiano que desde los municipios y las ciudades, desde los teatros y las galleras, en las bibliotecas y en los centros comunitarios se levantaron para decidir cuál era la cultura colombiana que querían componer.

¿Por qué enfatizo tanto el carácter participativo, incluyente y democrático de este Plan? Porque éste es el espíritu esencial que lo hará palpitar en la realidad: El principal propósito del Plan Nacional de la Cultura es construir una ciudadanía democrática cultural, es decir, un conjunto de ciudadanos autónomos, con capacidad de reflexión y de decisión, cuya participación en la vida política, social y cultural de la nación sea lúcida, creativa, eficiente y, sobre todo, libre.

Creatividad, autonomía, lucidez y libertad. Estos no son los elementos del desastre. Al contrario, son los elementos de la felicidad, porque son los componentes de la tolerancia, que es el eje fundamental del Plan Nacional de la Cultura.

Una ciudadanía democrática que no se funda en la tolerancia, en el respeto por las diferencias, es una democracia empobrecida, es una nación que borra la mitad de su existencia, de su historia, de su memoria. Una sociedad que no tolera es una sociedad que nada puede aprender de sí misma, y que está condenada a la destrucción. Es la tolerancia la llave que permite apreciar y aprovechar las infinitas estrategias de paz y de esperanza que la cultura nos puede transmitir.

Cada uno de los once Principios que conforman el Plan Nacional de la Cultura apunta a este mismo objetivo: una ciudadanía democrática y tolerante y, por ello mismo, capaz de aprovechar las alternativas impensadas, infinitas y fantásticas que se nos pueden ocurrir para acercarnos a la paz. Cada uno de estos once principios tiene su lugar dentro de los tres campos que los colombianos decidieron que eran los campos prioritarios para la cultura: Participación, Memoria y Creación, y Diálogo Cultural. Estos tres campos son los ejes de la acción, los mojones que señalan la ruta a seguir para el buen viaje de nuestra patria a través de la cultura.

El campo de la participación se refiere tanto a los mecanismos a través de los cuales lograremos hacer amplio e incluyente el proceso de toma de decisiones en el sector cultural, como a los instrumentos por medio de los cuales el Estado cumplirá con su función de recoger, estimular y fortalecer las propuestas acordadas. Al ámbito de la Memoria y la Creación pertenecen las iniciativas de recuperación e interpretación del legado cultural colombiano, y que pretenden fomentar la creación y transformación de las dinámicas culturales de nuestro país. En el mismo sentido está planteado el tercer campo, el del diálogo intercultural. Aquí habrá espacio para que las diferentes culturas que coexisten en Colombia se toquen, se reconozcan, se cuestionen y se reconstruyan todo el tiempo, para expresar y hacer valer ésta, nuestra diversidad cultural.

¡Y qué bueno poder decir que todos los sueños, las palabras, los proyectos y los deseos que se nos han ido acumulando, ansiosos, alrededor de el Plan Nacional de la Cultura, no están hechos solamente de la materia efímera y sutil de los sueños! El Plan Nacional de la Cultura ya tiene asidero real en la política nacional, y su ejecución será una realidad concreta: Para ello, el Ministerio de Cultura y el Departamento Nacional de Planeación han venido elaborando un documento para presentar al Consejo Nacional de Política Económica y Social, Conpes, a través del cual se garantiza la sostenibilidad de nuestro Plan Nacional de la Cultura.

Los dos temas prioritarios de este Conpes serán: De un lado, un ajuste institucional que pueda garantizar la aplicación, apoyo y seguimiento del Plan Nacional de la Cultura. El otro tema prioritario es el fortalecimiento de la capacidad técnica del sector cultural en las áreas de información, financiación, legislación y gestión, con el fin de facilitar los propósitos que hoy convocamos.

El aporte de la Constitución de 1991 al sector de la cultura consistió en reconocer la importancia de su papel dentro de la formación de la nacionalidad. ¡Cuánto camino hemos recorrido desde aquella época, y cuánto camino lleno de esperanza y de acciones concretas se abre desde ahora para la cultura colombiana!

La solidez de mi compromiso con las culturas nacionales, aún en medio de una época de ajustes necesarios, me lleva a compartir con ustedes otra buena noticia para el sector cultural: Para el próximo año, el valor del presupuesto asignado al Ministerio de Cultura será el doble del presupuesto de este año, ello sin contar la adición presupuestal que hemos dispuesto para este año y los recursos provenientes de otros programas y fondos del Estado.

El Foro Nacional de la Cultura, El Plan Nacional de la Cultura, la duplicación del presupuesto dedicado a apoyar la gestión del Ministerio, estos y otros logros, como la descentralización del acceso a la cultura a través de la creación de nuevos centros culturales en zonas apartadas del país como San José del Guaviare, La Plata, Chaparral y Puerto López, son otros tantos triunfos que le pertenecen a todos los colombianos.

Pero nuestros sueños no se detienen ahí. Recientemente, el Ministerio de Hacienda y el Ministerio de Cultura presentaron un proyecto del ley para el fomento de la cinematografía y, a finales del primer semestre del 2002, el Ministerio de Cultura habrá formulado un proyecto de ley de incentivos para la inversión en cultura, por medio del cual se fortalecerán las fuentes de financiación del sector.

A lo largo de estas palabras he reiterado que la tolerancia, la cooperación y la participación son valores fundamentales de la democracia. El compromiso y a la entrega de quienes participaron activa y críticamente en la planeación, diseño y formulación del Plan Nacional de la Cultura son el ejemplo que le da perspectiva real a los planteamientos de nuestro Plan. Su tolerancia, su cooperación y su lucidez hicieron posible esta labor titánica de recopilar y ordenar los deseos y sueños de los colombianos.

Nada de esto sería posible sin la invaluable gestión del Ministerio de Cultura, encabezado por esa gran cartagenera que es la doctora Araceli Morales, quien supo sostener con su capacidad de gestión, el interés y el dinamismo que las iniciativas culturales requerían para llegar a buen término. También quiero resaltar el inmenso aporte de todos y cada uno de los miembros del Consejo Nacional de Cultura, quienes, además de conceptualizar los lineamientos del Plan, se dedicaron a analizar, trasnochando, hasta los borradores del documento final. Así mismo quiero agradecer a los investigadores y consultores que desarrollaron talleres, foros y reuniones y formularon conclusiones y, sobre todo, a los 23 mil colombianos y colombianas que levantaron sus voces para decir, unidos:

¡Queremos un país donde a sus ciudadanos se les respetan, no sólo sus derechos fundamentales, sino también sus derechos culturales!

Apreciados representantes de las culturas nacionales e internacionales, gestores culturales, creadores y pensadores, participantes en el segundo Campus Euroamericano de Cooperación Cultural:

No es gratuito que hayamos lanzado dentro del marco de este Campus el Plan Nacional de la Cultura. Conscientes de las limitaciones y fortalezas del quehacer cultural en los países latinoamericanos, y teniendo en cuenta la importancia de este espacio para la renovación y el intercambio de políticas y estrategias de cooperación cultural, queremos compartir con ustedes este logro que habrá de generar la estabilidad necesaria para que el sector cultural colombiano se integre de una manera productiva y permanente a los modelos de cooperación ya establecidos, o para que, como programa pionero en América Latina, aporte sus experiencias a la construcción de más lazos de cooperación, tolerancia y democracia entre todos los países.

Quiero invitarlos a que conozcan y disfruten este aporte colombiano a la consolidación de la cultura universal. Quiero invitarlos a que lo aprovechen y lo cuestionen, que lo reinterpreten y lo adapten, quiero que ustedes, con su apoyo, lo conviertan en un instrumento vivo de la cooperación cultural euroamericana.

Somos testigos del comienzo de una nueva etapa en la historia de Colombia y del sector cultural euroamericano. De ahora en adelante las quebradas voces de los viejos, los ágiles gestos de quienes danzan y las palabras de algún poeta inspirado se escucharán por todo el mundo, no como expresiones aisladas de la diversidad de las culturas latinoamericanas y europeas, sino como un poderoso elemento que es capaz de recoger, como el Aleph, el todo cultural de estas tierras, y esparcir libremente su mensaje de ciudadanía tolerante y democrática, por todos los rincones del mundo. Muchas Gracias.

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