Bioética y alimentos transgénicos. Entrevista
con el Dr. Jorge Enrique Linares Salgado
Alonso Zavala Núñez - En la actualidad la
modificación
genética
de plantas, animales y otros organismos se ha intensificado
y ha permitido el desarrollado métodos cada vez más
avanzados. La creación de alimentos transgénicos,
su uso y su distribución han generado diversas posturas,
pues no se tiene certeza sobre sus efectos en la salud humana
o el medio ambiente.
La Bioética viene, entonces, a cuestionar cuál
es el mejor ambiente para el desarrollo de nuevas tecnologías
en alimentos y pone en la balanza las ideas de los sectores
que apoyan o rechazan la producción y el uso de organismos
genéticamente modificados, y de esta forma promueve
el conocimiento claro y libre de la información que
encierran estos productos.
Lo efectos que tienen los alimentos transgénicos
y su repercusión en el ámbito político,
el mercado, la sociedad y el medio ambiente, son algunos
de los puntos que se tocan en esta entrevista hecha al Dr.
Jorge Enrique Linares Salgado, Dr. en Filosofía, coordinador
del posgrado en Filosofía de la Ciencia, Instituto
de Investigaciones Filosóficas, UNAM, quien nos habla
desde la perspectiva de la Bioética y la Filosofía
de la Ciencia sobre el amplio debate que se ha dado en torno
a este tema.
¿Cuál
es el papel que juega la Bioética ante la producción
de los llamados alimentos transgénicos?
Como en cualquier
otro desarrollo biotecnológico, la Bioética
hace, fundamentalmente, preguntas sobre las consecuencias
sociales y ambientales de estos desarrollos y trata de investigar
cuáles son los criterios o las condiciones más
adecuadas para que se realicen y se extiendan en el mundo.
Así es que tienen una doble vertiente de investigación:
tanto desde el punto de vista científico y tecnológico,
como, desde luego, el punto de vista estrictamente ético
y político.
Según la Bioética: ¿Qué problemas
genera en el aspecto social el uso y la producción
de alimentos genéticamente modificados?
Primero habría que decir que
existe todavía una controversia de orden científico
sobre la posibilidad de riesgo de los alimentos transgénicos.
Los que actualmente están en el mercado digamos que
son seguros, no se han reportado incidentes alergénicos
para la salud humana, pero aun así existe todavía
una discusión científica sobre sus consecuencias
ambientales a mediano y largo plazo. Y es ahí donde
habría riesgos de orden ecológico, que no están
muy claros, y justamente lo que hemos visto en los últimos
años es que éstos no son fáciles de
medir y eso implica un largo y profundo debate tanto científico
como social, donde entra la Bioética de lleno; como
se trata de innovaciones tecnológicas que se extienden
mundialmente por el mercado, los efectos negativos genéticos
y ambientales, que podrían producirse, afectarían
a muchísimas personas y también a los ecosistemas.
Y eso implica que debe haber un debate social y un monitoreo
social o supervisión social sobre los riesgos y sobre
los efectos. Actualmente uno de los temas más discutidos
es el efecto que provocan en las relaciones de orden socioeconómico.
Los transgénicos se diseñaron desde un modelo
de producción industrial que tiende a la monopolización
del mercado agrícola, esa era la finalidad principal
de su invención, de su puesta en el mercado, aunque
las empresas que los desarrollaron siguen insistiendo en
sus beneficios directos al elevar la producción alimentaria,
e incluso tratando de revestir sus proyectos con un alo humanitario
diciendo que eso va a ayudar a reducir el hambre en el mundo.
Y por otro lado, es cierto que aun así, si se ven
los datos generales en el mundo, no hay todavía un
déficit de hambre a nivel mundial, el problema no
es la producción sino la distribución y los
costos en el mercado. Uno de los temas más debatidos
actualmente son los riesgos socioeconómicos: monopolización
del mercado, aumento de los precios de alimentos básicos
debido a que las nuevas biotecnologías que se usan
para crear alimentos transgénicos se pueden utilizar
para hacer biocombustibles, entonces se incrementan los costos
de los granos.
Transgénicos, información y manipulación
¿Por qué no se
ha dado una mayor difusión de la información
científica sobre los alimentos transgénicos
en los medios de comunicación?
Lo que pasa es que ese debate social,
sobre todo el que se ha dado en los medios, está muy
politizado, porque la industria defiende sus intereses legítimos
de sacar provecho económico de sus invenciones, por
eso existen patentes. Y la industria de los transgénicos
son empresas muy poderosas que tienen una estrategia de medios
y la información que aparece en los medios, lo que
se ve en los periódicos, en la televisión,
etcétera, digamos, es una campaña publicitaria
que crea toda una imagen positiva. Lo que es cierto, es que
no se han reportado riesgos sanitarios, de efecto en la salud,
pero no se habla más de problemas que científicamente
se están analizando con respecto de posibles efectos
negativos de orden ambiental.
El debate social en los medios se ha politizado, se ha polarizado,
por un lado está la posición muy clara que
tiene la industria que tiene toda una estrategia de medios,
de marketing, que es una opinión muy favorable, muy
neutra aparentemente y muy científica entre comillas.
Y que incluso tiene que ver con
el manejo de la ciencia que está un poco manipulado,
un poco velado.
Exacto, como si fuera suficiente con
que la opinión de algunos, de la mayoría de
los científicos dijera que esos productos no tienen
riesgos para la salud humana. Por otro lado, la opinión
contraria también se ha politizado mucho, que ha sido
oponerse a los intereses de esas industrias, aunque en principio
la mayoría de esos intereses están legitimados
por reglas sociales, económicas e incluso jurídicas.
Y estos grupos sociales, organismos ambientales, ONG, por
ejemplo Greenpeace, se han opuesto con argumentos científicos,
sociales, políticos, éticos y han denunciado
que prevalece el interés del mercado, el interés
lucrativo de estas industrias que han desarrollado patentes,
y han manifestado que hace falta una regulación social
y de orden jurídico mucho más eficaz para preveer,
monitorear y supervisar cualquier efecto negativo que suceda.
Entonces la información que existe en la sociedad
a través de los medios de comunicación, ciertamente
es un poco incompleta, porque sí se requiere de ciertas
precisiones sobre qué es un transgénico, cómo
funciona, cómo se produce, y por otro lado esa información
científica no está siendo suficientemente difundida
y lo que aparece en los medios es un debate muy polarizado.
Se ven muy claramente las posiciones, a veces sin matices,
y eso ha empobrecido el debate y finalmente no le otorga
a los ciudadanos la información completa para que
de esta forma el debate creciera.
En este sentido, ¿cuál
sería la importancia de que la sociedad tuviera
esa información, en qué le serviría
a la sociedad civil conocer el origen de los alimentos
transgénicos?
Fundamentalmente para que cada persona
tome la decisión más correcta que considere,
porque todos somos consumidores y como consumidores tenemos
derecho a saber, a tener la información general sobre
qué consumimos, en este caso se trata de alimentos.
Algo que se peleó mucho en las regulaciones en el
pasado, que habían estado desde Europa y que ahora
van un poco para atrás, es que se etiquetaran los
productos y que se dijera que tienen componentes transgénicos,
aunque sea sólo un ingrediente o una mínima
proporción, un aditivo. Y eso fue lo que la industria
dijo que no, que no se dijera porque era tan mínimo
el componente que esto no era relevante. Sin embargo, lo
que han peleado muchas organizaciones sociales es este derecho
al acceso a la información: uno tiene derecho a saber
de que está hecho lo que se está comiendo y
en este caso, con los transgénicos, hay ahí un
debate filosófico, pues ya no son productos naturales,
son productos que si bien no parecen igual procesados o industrializados
que otros, pero ya tienen un componente tecnológico
que los hace diferentes, entonces el requisito mínimo
desde el punto de vista bioético sería la información,
para que los consumidores pudieran tomar una decisión,
por la razón que ellos consideren más pertinente,
si consumen o no estos productos.
El papel de la ética
Acaba de tocar el punto
de vista filosófico y en este aspecto, la Ética ¿qué postura
asume, y retomo la idea de la primera pregunta en el manejo,
en la modificación de los alimentos, del ADN, de
mezclar estos genes para producir un organismo más
completo como se ha querido hacer?
De entrada hay una gran discusión
filosófica sobre la naturaleza, sobre las características
de estos nuevos productos, ya que no pueden ser considerados
igual que los organismos vivos naturales pero tampoco son
equivalentes a otros productos tecnológicos como los
fármacos, hay síntesis más artificiales.
En el fondo hay un tema muy interesante pero difícil,
que es el de la artificialidad, las técnicas que han
producido cosas artificiales, que la naturaleza no fabrica,
hay un proceso de transferencia genética pero los
transgénicos no se dan espontáneamente, aquí lo
que se hace es una intervención directa, intencional
y eso es lo que los convierte en productos tecnológicos,
por eso se ocasionan daños que no se han marcado.
El otro gran debate que ya limita el aspecto jurídico
es el de las patentes sobre la materia viva, desde que se
empezaron a hacer patentes sobre modificaciones de organismo
vivos, caímos en un problema que no hemos podido resolver: ¿qué tipo
de objetos son estos sobre los que se hacen patentes?, lo
que se registra por ejemplo son semillas modificadas genéticamente
y esas son propiedad de una industria a la que se tiene que
pagar por usar esas semillas, ese es el negocio que se creó con
los transgénicos. Ahí hay un debate ético
y de fondo está la discusión sobre si debería
haber patentes sobre organismos vivos, en términos
crudos: “¿la vida se puede patentar o no?” y
de facto se patenta, y ese es el negocio, la gran economía
de los transgénicos.
Y que tiene que ver con países
que están en el primer orden económico y
que delegan un poco a todos los países que no tienen
ese poder y que los afecta…
Entramos en el segundo aspecto que
es el de la desigualdad económica y la competencia
desigual en términos tecnológicos y científicos,
porque las industrias que controlan el mercado de los transgénicos
desarrollan esas tecnologías a través de conocimientos,
son propietarios de método, de la patente, y ese conocimiento
se privatiza y los países pobres, los productores
tradicionales que no tienen esas tecnologías entran
en una competencia desigual, porque su objetivo es monopolizar
el mercado.
Así que aquí tenemos estos dos problemas éticos
tremendos: de fondo es correcto, tiene sentido seguir patentando
organismo vivos que al fin y al cabo es eso, se patenta el
proceso para hacerlo más productivo, pero el punto
es ¿quién es el propietario de la semilla genéticamente
modificada?
Claro, es algo que
se dio en la naturaleza pero ahora tiene la marca, el
apellido de una empresa transnacional…
Y aunque no fuera una transnacional,
aunque fuera la empresa que fuera, ¿es correcto?, ¿a
qué nos lleva?, ¿qué consecuencias tiene
cuando la agricultura es algo natural?, es decir, los conocimientos
agrícolas nunca se privatizaron, se transmitieron;
debió haber algunos secretos, digamos que fue un patrimonio
en común de la humanidad utilizar las semillas, el
saber cómo cultivar, había transferencia de
conocimiento entre culturas; y culturas tradicionales desarrollaron
sus propias técnicas. Por ejemplo, en México
las de cultivo fueron muy avanzadas: nuestros antepasados
lograron desarrollar, domesticar muchas especies de maíz
y lo fueron transformando a lo largo de mucho tiempo. Sin
una actividad técnica muy sofisticada, fueron mejorando
e hicieron modificaciones genéticas, pero no como
se hacen ahora, a lo largo de siglos y ahora tenemos más
de 65 especies de maíz en México. Pero ese
conocimiento era público, era común, no le
pertenecía a alguien, así como tampoco las
semillas.
Ese es uno de los problemas, y el otro es la desigualdad
socioeconómica, las interferencias socioeconómicas
que produce esta tecnología permiten que los países
más pobres, frente a los más fuertes, salgan
perdiendo en una competencia desigual.
Beneficios e intereses
En este sentido ¿está justificado
para, por ejemplo, países no muy desarrollados adoptar
o imponer esas tecnologías en su agricultura, en
su quehacer tecnológico basándose en el interés
económico y político?, porque ya lo hacen
las grandes potencias, pero los países no desarrollados ¿podrían
también justificarse por la economía, por
la producción y la alimentación de su población?
Ese ha sido un poco el debate en México
y se puede ver un poco en la tendencia, por ejemplo, los
productores del norte del país, que están más
industrializados, en donde hay menos variedad en el caso
específico del maíz, están pugnando
porque se abra, se liberalice el cultivo de transgénicos
y ellos argumentan que hay una necesidad social de incrementar
la producción del maíz, todo el maíz
que nos comemos no lo producimos nosotros.
Ante esa realidad económica, se dice que hay que
abrir la oportunidad de hacer crecer la industria tecnológica,
pero ahí hay un problema en términos éticos.
La necesidad económica desde luego es un incoveniente
que hay que resolver, pero no es el único problema,
el otro punto que hemos debatido mucho justo en el caso especifico
del maíz mexicano,(porque México es el origen
del desarrollo del maíz, de tantas variedades que
nuestros antepasados cultivaron), debería protegerse
el que aún es natural y evitar la contaminación
con transgénicos, y la forma de hacerlo es con un
monitoreo y una regulación muy estricta, protegiendo
reservas, semillas y variedades autóctonas, porque
existen otros métodos en la agronomía, otras
técnicas orgánicas para aumentar la producción,
pero no se han hecho los esfuerzos suficientes en realidad
para poder incrementar la producción por otras vías,
la de los transgénicos no es la única, ni la
mágica, ni es el único recurso que nos queda.
Ahí está ese debate y el punto es que sea
un debate social, sociopolítico que tiene que darse,
pero no se está ventilando lo suficiente.
Entonces, ante la necesidad económica requerimos producir
más maíz pero los que digan: “solamente
con transgénicos” habría que ver si en
realidad es el medio más eficaz…
Si, porque se está sobreponiendo
muchas veces este interés político y económico
sobre el bienestar social y el equilibrio del medio ambiente.
En ese aspecto la Bioética me imagino que está muy
vinculada.
Si porque hay que atender diferentes
principios éticos para poder evaluar estas
tecnologías, normalmente hablando de la producción
a nivel mundial se da en función de su rentabilidad
de su eficiencia técnica, pero desde hace muchos años,
los que nos dedicamos a estas áreas pensamos que hay
que ponderar otro tipo de criterios, el social, las condiciones
ecológicas, los efectos a largo plazo, los riesgos
y justamente estos efectos distorsionadores del mercado.
Si la producción de transgénicos se hubiera
liberado en el mundo totalmente ahora habría dos o
tres empresas que controlarían prácticamente
el mercado, y eso no se ha dado así, pero tampoco
sabríamos si eso económicamente podría
ser benéfico. Entonces, no es oponerse a la producción
desde el punto de vista económico, ni siquiera al
negocio lícito que hay en la producción de
transgénicos, sino tratar de equilibrar y ponderar
todos los defectos que tienen estas tecnologías. Las
biotecnologías son muy complejas, tienen efectos sociales
limitados que antes no eran conocidos.
Y quizás no salen a la
luz y la gente no está vinculada con
esta información, sobre qué tanto perjudican.
En este sentido ¿cómo puede influir la Bioética
para el manejo de los alimentos transgénicos por
parte de las transnacionales y los gobiernos, para que
estos sean regulados de una manera más transparente?
La regulación debe ser local
y global, y ahí está el problema grave porque
no es suficiente que en un país se regule, porque
es parte de reglas sobre transferencia de productos, esto
desata controversias de orden económico: si un país
en los foros mundiales establece reglas proteccionistas entonces
incumple compromisos que tiene para liberar su mercado, éste
ha sido un problema que se ha mezclado con el desarrollo
transgénico. De este modo la regulación social
tiene que ser local pero también global, de nada serviría
tener unas reglas muy estrictas en un país si no se
negocian al mismo tiempo en el resto de las naciones.
Algunos hemos dicho, particularmente un organismo llamado
Unión de Científicos comprometidos con la Sociedad,
hemos propuesto, que se establezca una protección
mundial del maíz mexicano y que sea reconocido mundialmente
México como el santuario del maíz, y que se
evite lo más posible la contaminación con transgénicos, ¿por
qué? por la sencilla razón de que aquí está el
origen de tantas variedades de maíz que se consumen
en el mundo y porque eso es biodiversidad que tiene un valor
intrínseco y tenemos la responsabilidad de conservar
y heredar a los demás. Pero no sería suficiente
con que México unilateralmente dijera: “yo establezco
estas reglas” porque entraría en contradicción
con el resto, es necesaria una regulación mundial,
un acuerdo mundial. Y así comenzó, de hecho,
la regulación de los transgénicos con el Protocolo
de Cartagena que establecía unos principios acordados
mundialmente para lo que se llama bioseguridad que es el
manejo adecuado de los organismos genéticamente modificados.
Transgénicos y sociedad
Desde la perspectiva
de la Bioética: ¿Cuál
es la actitud o cuál debería ser la actitud
que debe tomar la sociedad civil?
Fundamentalmente, informarse, pedir
información, demandarla, tanto a los productores como
a los industriales que quieren convencernos que éste
es un negocio seguro y también a quienes objetan,
a quienes dicen que hay riesgos, que los sustenten con más
critica, más argumentos, más información
clara, porque hay temas científicos muy específicos
que sólo quien conoce de la ciencia puede entender,
pero eso no significa que no se pueda divulgar. Divulgar
las ciencias es necesario y con un lenguaje claro que todos
entiendan, a veces no es fácil hacerlo pero es posible,
se debe demandar información y crear un debate público,
extendido, con suficiente tiempo, con todos los medios posibles
y en este sentido la participación de la Universidad
es muy importante porque permite difundir información
a la sociedad, como la Revista Digital para que ésta
tenga recursos para tomar decisiones, en tanto servidores
o en tanto ciudadanos.
Y a pesar de que tenemos
fácil
acceso a la información a través de los medios
electrónicos, es difícil que la sociedad
esté enterada de estos temas, y la información
es difícil de entender, como ya lo ha dicho usted,
y esa misma quizás no es la correcta pues puede
estar velada por la misma industria…
En un debate social, claramente las
personas van a argumentar a partir de una posición
porque tanto tiene intereses la industria como los que se
oponen a los alimentos transgénicos. Lo que debe quedar
claro es cuál es el interés, a partir de dónde
se argumenta para que cualquiera pueda evaluar, ponderar
esos argumentos y poder formar una opinión y tomar
decisiones.
Dr. le gustaría agregar algo
más sobre el tema en general, sobre la Bioética
en torno a los alimentos transgénicos, la postura
de la Filosofía…
Lo que me gustaría enfatizar
es que el tema para nada está cerrado. Hay muchos
que creen o dicen que es un asunto resuelto, existe una controversia
científica, una terminológica, y hay una de
orden social y política que debe continuar, y es necesario
para el desarrollo democrático de un país que
este tipo de debates sobre las tecnologías se hagan
públicos, no son fáciles y se llegan a cuerdos
negociados poco a poco, pero es posible pensar que una sociedad,
en particular la nuestra, pueda tener una mejor participación
con mayor información y encontrar mejores formas de
regular estos desarrollos tecnológicos para que beneficien
a todos de la mejor manera, para que crezca también
la economía, para que solucionemos el problema del
déficit de alimentos que en algunos casos si tenemos,
pero de una manera segura, eficaz y que no nos lleve a problemas
mayores de los que ya tenemos, que son muchos; como sucedió con
otros desarrollos tecnológicos en el pasado que no
fueron debatidos socialmente.
Lo importante de los transgénicos para la Bioética
y para la Filosofía de la ciencia es que se trata
por primera vez de unas terminologías que están
en el centro del debate social, eso no sucedió hace
cincuenta años con los agroquímicos, con la
industria nuclear hasta antes de los accidentes terribles,
con muchas industrias como la industria farmacéutica,
puedo decir un sin fin de cosas muy benéficas pero
también un gran número que son perjudiciales,
pero por primera vez hay un debate social intenso sobre el
desarrollo de una biotecnología y así debería
ser en el futuro, digamos, para la salud democrática
de un país.
ZAVALA Nuñez, Alonso, “Bioética
y alimentos transgénicos. Entrevista con el Dr.
Jorge Enrique Linares Salgado”. Revista
Digital Universitaria [en línea]. 10 de abril
2009, Vol. 10, No. 4 [Consultada: 11 de abril de 2009].
Disponible en Internet: <http://www.revista.unam.mx/vol.10/num4/art21/int21.htm>
ISSN: 1607-6079.