¿Tarimas 2.0?
Por Mariano Martín Gordillo
Profesor de educación secundaria y miembro de la Comisión
de Expertos de la OEI
Los
medios de comunicación españoles han recogido últimamente
dos noticias curiosas procedentes del mundo educativo: algunos
alumnos recibirán ordenadores y algunos profesores recibirán
autoridad. Serán los alumnos de quinto de primaria los
que recibirán el portátil, sin que nadie les pregunte
si ya lo tenían. Serán los profesores madrileños
los que recibirán la autoridad, sin que nadie les pregunte
tampoco si la habían perdido. Los ordenadores son para
la educación 2.0, esa que se basa en la comunicación,
la interacción y la construcción colaborativa del
conocimiento. La autoridad es para poner a cada uno en su sitio:
al profesor sobre la tarima, al alumno callado en su pupitre y
a los padres fuera de la escuela.
En la agenda educativa ha entrado con fuerza la educación
2.0 y la necesidad de hacer del sistema educativo la base del
progreso económico y social, alfabetizando a alumnos y
profesores en la lógica dialógica del nuevo mundo
digital. Pero ese tema está coincidiendo en el tiempo con
el debate sobre la conveniencia de fortalecer en las aulas la
vieja lógica 1.0, con la esperanza de que aguerridos profesores
vuelvan a subirse a las tarimas para vigilar y, si procede, castigar
a los alumnos.
¿Son posibles las tarimas 2.0? ¿Podrán los
inmigrantes educar desde ellas a los nativos digitales? ¿Son
profesores entarimados lo que necesitan los alumnos enredados?
¿Es la radicalidad de las soluciones tradicionales lo que
requiere la complejidad de los problemas emergentes? ¿Es
imposible un diálogo educativo entre las especies generacionales
que conviven en los espacios escolares?
No cabe duda de que hoy los buenos profesores son héroes.
Lo son porque trabajan a favor de sus alumnos en un mundo empeñado
en sostener que los jóvenes y los adultos son enemigos
irreconciliables. Esos profesores se han deshecho de las tarimas
y han convertido sus aulas en espacios 2.0 desde mucho antes de
que entrara en ellas el primer ordenador. Y lo han hecho recordando
algo obvio: que un aula, como una red social, puede ser un ágora
en el que aprender a dialogar y a participar. Por desgracia son
los malos profesores, los malos políticos y los malos opinantes
quienes marcan la agenda de la educación mediática.
Pero, por fortuna, lo mejor de la educación real está
en manos de los héroes, esos profesores y alumnos que cada
día conviven y trabajan en las aulas para que el futuro
sea mejor que el pasado.
Ojalá que alguna vez desaparezcan de las tarimas mediáticas
las letanías apocalípticas de los malos opinantes,
los malos políticos y esos malos profesores que piensan
que la autoridad educativa es como los portátiles: algo
que te dan.
Lo
invitamos a participar de este debate: ¿Aulas 1.0 o aulas
2.0? ¿Cuál será el rol del maestro en la
escuela del futuro? ¿Cuál será el rol del
alumno? ¿Qué pueden traer de bueno las nuevas tecnologías?
¿Qué pueden traer de malo? ¿Educación
presencial, educación virtual o una mezcla de las dos?
¿Cómo puede competir la escuela con la relación
que mantiene el alumno con distintos productos del mundo digital
(videojuegos, celulares, Internet, etc.)? ¿Cuáles
han sido las últimas señales de innovación
educativa en su país?
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