De la mano de Félix, España se convirtió en
el primer país europeo en implantar leyes que protegiesen
las aves de presa y fue un país pionero en conciencia
ecológica e interés del público por
la naturaleza. Millones de personas de países iberoamericanos como Colombia,
Cuba, Chile o Venezuela han crecido con sus mensajes de conservación
ambiental a través de su serie de documentales de televisión “El
hombre y la Tierra”.
Diego Delgado Valor | OEI-AECID El 14 de marzo de 2010 se cumplen
30 años del fallecimiento del naturalista y divulgador
científico español
Félix Rodríguez de la Fuente (Poza de la Sal, Burgos
(España) el 14 de marzo de 1928 - Alaska, 14 de marzo
de 1980). Considerado hasta la fecha como el mejor divulgador
ambientalista de habla hispana, fue pionero en España
en la defensa de la naturaleza.
El personaje es bien conocido por todos tanto en España
como en Iberoamérica. Un hombre adelantado a su tiempo
que utilizó todos los medios de comunicación
para trasladar su pasión por el entorno y su preocupación
por la imparable destrucción del mismo. Pero la persona,
desconocida para muchos, fue la que trascendió todas las
barreras de cultura, prejuicios y costumbres para llegar a millones
de corazones, sin tener en cuenta edad ni procedencia.
Latinoamérica
Félix llevó a cabo en Latinoamérica importantes
proyectos que han sido divulgados, con gran éxito, por
todo el continente. En estos emocionantes trabajos puso de manifiesto
una constante de su mensaje y es que El hombre debe ser consciente
que forma parte de la naturaleza porque cuando olvida esta realidad
pone en peligro algo más que la propia existencia. El
caso más emblemático y dramático lo protagonizan
las culturas tradicionales que habitan la selva amazónica
con las que Félix también estableció una
rica y respetuosa relación. Culturas que han sabido escuchar
y respetar la naturaleza integrándose en el ecosistema
de una forma armónica, como son los yanomami son
una etnia indígena americana caracterizada por su solidaridad
y respeto hacia la naturaleza
Venezuela fue el país iberoamericano seleccionado por
el equipo de Rodríguez de la Fuente para filmar la serie
americana de “El hombre y la Tierra”, donde algunos
de sus protagonistas fueron la isla de los alcatraces, indios
del Orinoco, la selva virgen venezolana o especies como la nutria
gigante sudamericana o la anaconda.
Excelente comunicador
Su mensaje fue calando y con
la ayuda de otros pioneros conservacionistas, provocó un
cambio en la sociedad española impulsándola
hasta otro lugar muy diferente del que provenía.
Cuando Félix comenzó a
difundir su mensaje, en España se premiaba el envenenamiento
y la matanza indiscriminada de las entonces consideradas
alimañas, es decir, casi toda la fauna carnívora.
De la mano de Félix, España se convirtió en
el primer país europeo en implantar leyes que protegiesen
las aves de presa, en un país pionero en conciencia
ecológica e interés del público por
la naturaleza.
“Estaba yo un día solo. Había
pasado el águila real, y no solamente me había
brindado uno de sus penetrantes vuelos de caza, sino que
había estado describiendo las más fantásticas
acrobacias en compañía de su pareja. ¡El águila!
El macho y la hembra colgados en el cielo estuvieron como
cinco o diez minutos, ¡quien sabe!... ¡Yo estaba
prendado de sus alas!, ¡yo quería volverme
pájaro! “
Félix Rodríguez de la Fuente
Félix rescató la tradición oral, tan
importante en la historia de la cultura humana pero enterrada
en el pasado por el peso de la escritura y de los modernos medios
de comunicación; rescató la magia de las leyendas
y la fuerza de la improvisación para reconectarnos con
el gozo ancestral de perdernos en las palabras, preñadas
de mensaje, del chamán.
Trayectoria divulgativa
Desde el momento de su despegue como divulgador,
la carrera de Félix fue imparable. En pocos años
pasó a
ser uno de los hombres más conocidos del momento.
En la década de los sesenta escribió artículos
en la revista "Blanco y Negro" y apareció en
programas de televisión, sobre todo, dedicados a los
niños. En 1965 Félix aparece con sus halcones
en el programa "Fin de Semana" de
Televisión Española, llamando la atención
del público
que insistía en verlo de nuevo. Lo cual cambiaría
su vida e influiría
en la de varias generaciones de españoles que comenzaron
a seguirlo en sus apariciones en la pequeña pantalla.
El éxito de la producción de su primer documental:
"Señores del espacio" le permitió
estudiar en profundidad el comportamiento de los temidos
lobos, llegando a convivir con una manada, en la que se
erigió como líder. El lobo fue uno de los
animales más admirados por Félix, logrando
que una manada que vivía en libertad en una gran
cárcava cercada de la provincia de Guadalajara, lo
aceptara como su jefe para poder estudiar sus costumbres,
sus comportamientos y sus movimientos, participando en varias
de sus películas.
Más tarde dirigió la "Operación Baharí",
en la que por primera vez se usaron halcones para acabar con las
aves que entorpecían el despegue y aterrizaje de los aviones
en los aeropuertos. Participó en varios programas de radio
y televisión, entre los que destacó "Planeta
Azul"
Viajó a África, donde trabajó como
guía de safaris fotográficos. Recorrió Uganda,
Somalia, el Congo, Tanzania y Kenia. Fue precisamente en estos
dos últimos países donde realizó sus primeros
trabajos para Televisión Española: cinco episodios
de la serie "A toda plana".
Convertido en un símbolo del naturismo, colaboró en
la fundación de la "Asociación para la Defensa
de la Naturaleza, ADENA", la delegación española
del "Fondo Mundial para la Vida Salvaje, WWF" y fue
miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Así, Félix contribuyó en gran medida a la
concienciación ecológica de España en una
época en la que el país todavía no contaba
con un movimiento de defensa de la naturaleza.
A partir de 1974 se embarcó en su proyecto más
ambicioso: "El hombre y la tierra" en sus tres series:
venezolana, ibérica y canadiense. Precisamente se encontraba
rodando un episodio de la "Serie canadiense" y mientras
filmaba una carrera de perros esquimales en Shaktoolik, Alaska,
la avioneta en la que viajaba se estrelló. El "Amigo
de los animales" falleció el mismo día de
su 52 cumpleaños. Su pérdida conmocionó al
mundo entero y nos dejó un legado literario, radiofónico
y fílmográfico imprescindible para el conocimiento
de nuestra fauna.
Legado
La esencia del legado de Félix está precisamente
en su humanidad; en su extraordinaria capacidad para despertar
en toda una generación el innato sentido de pertenencia
y respeto al entorno que todos albergamos; en su generosidad
para compartir todo lo que aprendía y le hacía
vibrar; en su fuerza para no abandonar la quimera de un futuro
donde el hombre se reencontrara con la madre naturaleza; en su
intuición al saber que los niños y jóvenes,
inocentes y más próximos a la verdad, eran los
verdaderos receptores de su mensaje y los únicos capaces
de reconducir la espiral autodestructiva de la sociedad moderna.
El verdadero legado de Félix es el fondo de su mensaje,
atemporal y vital para el equilibrio del hombre en sintonía
con el universo.
Rodríguez de la Fuente consiguió acercar la ciencia
al pueblo, logró ponerla a su nivel y conseguir algo tan
insólito como que tecnicismos como cadena trófica,
egagrópila o predador, formaran parte del vocabulario activo
de toda una sociedad.
Treinta años después de su muerte, la perspectiva
del tiempo nos permite valorar la importancia y el coraje de la
trayectoria de un hombre que consiguió inculcar de forma
natural y perfecta lo que hoy es de suma urgencia y actualidad:
la protección, el respeto y el amor hacia la integridad
del planeta que nos sustenta. Por esta razón, su legado
cobra más fuerza cada día, su recuerdo se hace más
importante como referencia para los que hemos recogido el testigo.
La obra de Félix Rodríguez de la Fuente no pereció con él.
Supo sembrar el interés por el estudio de la ciencia,
y son muchos los “descendientes” de Félix
que hoy dedican su labor a la ciencia desde enfoques tan distintos
como la educación, divulgación, comunicación
o investigación. Como nos asegura su hija pequeña,
Odile, que dirige la Fundación Félix Rodríguez
de la Fuente: “Muchas veces digo que no sólo tengo
dos hermanas, sino muchos más, ya que hay mucha gente
que aseguran que Félix para ellos es como su segundo padre”.
Y es que Rodríguez de la Fuente transmitió su espíritu
conservacionista y sus actitudes a toda una generación
y encendió la llama de la divulgación de la naturaleza
y de la concienciación ecológica. Sus gestos, su
peculiar entonación y voz, su carisma y, sobre todo, la
capacidad para transmitir sentimientos y su amor por la Naturaleza
fueron las claves de su gran éxito, antes y ahora.