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Memoria de Programación 1999- 2002 muestra el resultado de
cuatro años de intenso trabajo abocados centralmente a mejorar
la calidad de nuestra acción de cooperación. Cuatrienio
éste en el que hemos tenido la oportunidad de conmemorar
un hecho particularmente importante: el 50 Aniversario de la creación
de la OEI.
La cooperación internacional, en estas cinco décadas,
ha experimentado profundas transformaciones tanto desde el punto
de vista conceptual como en sus estrategias y modalidades de intervención.
Aunque parezca un lugar común, es preciso reafirmar que cooperar
es trabajar juntos.
Esta idea cobra una especial vigencia en el caso de la cooperación
iberoamericana, que se sustenta en la capacidad de generar y potenciar
el diálogo de culturas. La matriz cultural iberoamericana
es, a mi juicio, la gran fuerza dinámica que permite pensar
en una unidad regional que combina, alienta y fomenta su rica y
singular diversidad.
La Programación cuatrienal de la OEI ha tratado de ser coherente
con este principio básico de cooperación horizontal,
que, por un lado, supone incrementar la capacidad de interlocución
con los países iberoamericanos, y, por otro, se refiere a
la progresiva construcción de un espacio de relaciones y
de transferencia de conocimientos más simétrico.
Entre los principales desafíos a los que hemos intentado
hacer frente en este período, quizá el más
destacado ha sido el de lograr una mayor cercanía a las sociedades
y gobiernos a los que nos debemos. Para ello, se han adecuado las
estructuras internas mediante procedimientos y mecanismos más
ágiles, apropiados y eficaces para la toma de decisiones
y su ejecución. Este proceso ha tenido lugar con una participación
creciente de un conjunto de actores vinculados al diseño
de nuestra acción de cooperación.
Hemos asistido también a un importante despliegue temático
que se ha visto acompañado, en todo momento, por la búsqueda
de equilibrio entre una demanda creciente y la elaboración
de una oferta de cooperación sólida, a través
de enfoques rigurosos y solventes. Se ha promovido que las opciones
seleccionadas fueran pertinentes a la resolución de problemas
significativos para los sistemas educativos, científico-tecnológicos
y culturales.
La cooperación iberoamericana no es un fenómeno
nuevo, pero es justo destacar que ha conocido un impulso decisivo
desde la pasada década a partir de la creación de
las Cumbres Iberoamericanas, foro político para la cooperación
regional al calor del cual se ha generado un importante tejido social
de colaboración entre instancias y redes de diverso tipo,
que actúan mancomunadamente en distintos proyectos y acciones
de cooperación.
Este es el espacio natural de referencia y expansión programática
de la OEI, a partir del reconocimiento del fuerte lazo común
que supone formar parte de una misma comunidad, basada en su diversidad
creativa. Apreciamos con suma satisfacción que el mapa iberoamericano
de la OEI se haya completado durante este período con la
incorporación a la Organización, como miembros de
pleno derecho, de Brasil y Portugal. Celebramos este hecho porque
implica garantizar la aportación de una tradición
cultural esencial para Iberoamérica, y permite una mejor
y más amplia planificación y ejecución de acciones
de cooperación.
En el cuatrienio 1999-2002 también hemos asistido al fortalecimiento
de dos de las áreas de trabajo que estatutariamente nos competen.
Si bien la cooperación en materia educativa sigue siendo
un eje de atención de absoluta prioridad, en este período
ha cobrado una notable presencia, tal como se recoge en el presente
documento, la cooperación científica, tecnológica
y cultural.
También quiero destacar un componente menos visible de la
Programación pero no por ello menos importante, ya que está
en la base de una acción de cooperación más
sólida y concertada. Me refiero al esfuerzo realizado por
establecer alianzas y acuerdos de trabajo con diversos organismos
internacionales y con otras instancias -académicas, no gubernamentales,
etc.- que convergen en la tarea que nos compete.
Las páginas que siguen constituyen una somera mirada a este
reciente pasado, pero, sobre todo, una apuesta ilusionada de futuro.
Agradezco muy sinceramente el apoyo de todos aquellos -ministerios,
organismos públicos especializados, universidades e institutos
de investigación, expertos y consultores, etc.- que contribuyen
junto a nosotros en este encomiable empeño de transformar,
así sea modestamente, la realidad de Iberoamérica.
Vaya también mi reconocimiento a la labor de los directivos,
técnicos, gestores y administrativos de la OEI, quienes hacen
posible, con su labor cotidiana, que el desarrollo de la Programación
sea cada vez más funcional y próximo a los países
iberoamericanos. Esta es nuestra finalidad y el sentido de nuestro
quehacer.
Francisco Piñón
Secretario General
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