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En los últimos años, se han alzado diferentes
voces defendiendo y propiciando la educación
desde los primeros años, la atención de
todos los niños, especialmente los más
vulnerables y desfavorecidos y la necesidad de una educación
integral que no solo mire al niño sino también
a sus familias.
Ahora bien, la atención de niños menores
de 6 años se configura como un escenario complejo
en el que convergen diverso tipo de instituciones que
no siempre actúan de forma articulada. Políticas
sociales, educativas, sanitarias
todos los que
de alguna manera se ocupan de la infancia, tratan de
dar respuesta a las necesidades básicas de los
niños y sus familias. La construcción
de una mirada integrativa constituye un verdadero problema
teórico y de acción difícil de
lograr porque supone la coordinación de perspectivas
que suelen responder a buenos motivos pero que deben
saltar grandes obstáculos. En este punto, lo
heterogéneo "juega en contra" de la
fortaleza de las diversas modalidades de Educación
Infantil.
El documento "Metas Educativas 2021" presenta
una serie de datos que muestran la diversidad en cuanto
a cobertura y universalización de la educación
inicial en la región. En este sentido, es una
riqueza para la Educación Inicial, los datos
que allí se sistematizan. En el documento, se
señala la alta fragmentación educativa
que se observa al interior de cada país y se
plantea la necesidad de generar ofertas educativas que
respondan al mismo tiempo, a los estándares de
calidad y a una "agenda educativa que recupere
el tiempo pasado y avance" (pp.83). En este sentido,
mirando la situación en Argentina, tal como se
señala para otros países y más
allá de los buenos propósitos e intenciones,
la diferenciación en cuanto a cobertura y calidad
en las diferentes provincias, resulta demasiado alta,
los recursos asignados siguen siendo escasos, y las
propuestas alternativas no logran superar el status
de paliativo con el que surgieron.
No resulta sencillo responder por qué nos encontramos
en este estado. Una breve mirada histórica muestra
para el caso de Argentina y probablemente para otros
países de la región, un recorrido similar.
En nuestro país, la atención de niños
de 3 a 5 años conquista su identidad educativa
muy tempranamente. Sarmiento y la Ley 1420 de 1884,
abren las puertas a la creación de Jardines de
Infantes que, desde la impronta de los principios escuelanovistas,
se ofrece como un espacio de educación, socialización
y juego. Este impulso de fines del siglo XIX y principios
del s. XX, también se registra en otros países,
aún los que en este momento parecieran con mayores
dificultades. Citando como ejemplo solo a Guatemala,
el Jardín de Niños "20 de octubre",
muestra una edificación de 1949 en la que se
cuidan esmeradamente los espacios y servicios según
estos principios.
Ahora bien, estas iniciativas no se sostuvieron en
el tiempo. Ya sea por necesidad de expandir la educación
básica, quiebres económicos, luchas políticas
internas, tiempos de dictadura
lo cierto es que
la oferta de educación infantil se fue segmentando
cada vez más, generando servicios diferenciados
según las edades de los niños y el estrato
social del que provienen. A comienzos del s. XXI, aún
cuando las diferentes leyes educativas contemplan la
educación inicial desde el nacimiento, las mejores
ofertas (en cuanto a formación profesional, tipo
de materiales e instituciones, definición curricular,
etc.) se ofrecen para los niños de 5 y 6 años
de sectores económicos medios y altos principalmente
habitantes de las grandes ciudades. La educación
inicial pareciera ser un beneficio para familias de
buen nivel económico que pueden enviar en horarios
reducidos a los niños pequeños como instancia
de preparación previa a la escolaridad.
Esta segmentación por edad muestra que la oferta
decrece para la franja 3-4 y casi desaparece para los
niños menores. En estos casos, aún cuando
se reconoce la importancia de los primeros 3 años
en cuanto a las bases madurativas y neurológicas
del desarrollo, la atención queda limitada al
cuidado materno o a iniciativas privadas. Por su parte,
la segmentación por estrato social, pareciera
indicar que los niños de sectores populares -
en las grandes ciudades o en las zonas rurales - tienen
menos posibilidades de asistir a un ambiente educativo
enriquecido con experiencias de aprendizaje pertinentes
a su edad. La cobertura queda a cargo de emprendimientos
comunitarios que buscan dar respuestas de calidad aún
cuando no cuenten con los apoyos que necesitarían
para brindarlo.
Probablemente lo más complejo de esta situación
es que la educación inicial no puede recuperarse
en otro momento. Lo que no se brindó a los niños
oportunamente se perdió. La educación
básica y secundaria puede ofertarse para jóvenes
y adultos que no la han recibido
pero lo que se
podría haber brindado a los pequeños en
cuanto a experiencias significativas (sin considerar
lo que refiere a nutrición y salud física
y emocional) se desaprovechó como posibilidad.
Volviendo a las Metas 2021
es loable proponer
un aumento de la oferta de la educación inicial
y potenciar su carácter educativo. Quizás
resulta limitado pensar sólo en porcentajes de
niños y niñas de 3 a 5 años que
participan de programas educativos, desmembrando la
educación de la primera infancia en su conjunto
(0-5 años) o proponiendo sólo para los
niños mayores la titulación de los profesionales
a cargo. Para el caso de Argentina, si bien se necesita
considerar la heterogeneidad al interior del país,
las metas presentan indicadores para el año 2105
que ya está cubierto.
La falta de indicadores para niños de 0-3 y
la caracterización de los diferentes programas
y modalidades de atención que se brindan sigue
siendo un vacío a cubrir. La invisibilidad de
estos niños y sus familias en el desarrollo de
políticas sociales y educativas no es solo un
problema estadístico. Conocemos poco acerca de
las ofertas de educación infantil justamente
en los sectores que merecen mayor cuidado.
La sumatoria de respuestas coyunturales de las diferentes
organizaciones de la sociedad civil no configura una
oferta fácilmente evaluada. Una rápida
mirada por alguna de estas ofertas muestra un interés
genuino de atención a los niños y sus
familias en medio de instalaciones precarias y propuestas
educativas que asume formatos tradicionales o extemporáneos
que poco respetan la riqueza cultural de esas comunidades.
Programas y ofertas que responden más a la imagen
idealizada que se tiene de la infancia que a verdaderos
proyectos que contemplen el arte, el juego y el aprendizaje
de contenidos socialmente válidos y pertinentes
para los niños... todos los niños.
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