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Cuando tener más de 3 es un privilegio
Dra. Patricia Sarlé (IICE-UBA)

En los últimos años, se han alzado diferentes voces defendiendo y propiciando la educación desde los primeros años, la atención de todos los niños, especialmente los más vulnerables y desfavorecidos y la necesidad de una educación integral que no solo mire al niño sino también a sus familias.

Ahora bien, la atención de niños menores de 6 años se configura como un escenario complejo en el que convergen diverso tipo de instituciones que no siempre actúan de forma articulada. Políticas sociales, educativas, sanitarias… todos los que de alguna manera se ocupan de la infancia, tratan de dar respuesta a las necesidades básicas de los niños y sus familias. La construcción de una mirada integrativa constituye un verdadero problema teórico y de acción difícil de lograr porque supone la coordinación de perspectivas que suelen responder a buenos motivos pero que deben saltar grandes obstáculos. En este punto, lo heterogéneo "juega en contra" de la fortaleza de las diversas modalidades de Educación Infantil.

El documento "Metas Educativas 2021" presenta una serie de datos que muestran la diversidad en cuanto a cobertura y universalización de la educación inicial en la región. En este sentido, es una riqueza para la Educación Inicial, los datos que allí se sistematizan. En el documento, se señala la alta fragmentación educativa que se observa al interior de cada país y se plantea la necesidad de generar ofertas educativas que respondan al mismo tiempo, a los estándares de calidad y a una "agenda educativa que recupere el tiempo pasado y avance" (pp.83). En este sentido, mirando la situación en Argentina, tal como se señala para otros países y más allá de los buenos propósitos e intenciones, la diferenciación en cuanto a cobertura y calidad en las diferentes provincias, resulta demasiado alta, los recursos asignados siguen siendo escasos, y las propuestas alternativas no logran superar el status de paliativo con el que surgieron.

No resulta sencillo responder por qué nos encontramos en este estado. Una breve mirada histórica muestra para el caso de Argentina y probablemente para otros países de la región, un recorrido similar. En nuestro país, la atención de niños de 3 a 5 años conquista su identidad educativa muy tempranamente. Sarmiento y la Ley 1420 de 1884, abren las puertas a la creación de Jardines de Infantes que, desde la impronta de los principios escuelanovistas, se ofrece como un espacio de educación, socialización y juego. Este impulso de fines del siglo XIX y principios del s. XX, también se registra en otros países, aún los que en este momento parecieran con mayores dificultades. Citando como ejemplo solo a Guatemala, el Jardín de Niños "20 de octubre", muestra una edificación de 1949 en la que se cuidan esmeradamente los espacios y servicios según estos principios.

Ahora bien, estas iniciativas no se sostuvieron en el tiempo. Ya sea por necesidad de expandir la educación básica, quiebres económicos, luchas políticas internas, tiempos de dictadura… lo cierto es que la oferta de educación infantil se fue segmentando cada vez más, generando servicios diferenciados según las edades de los niños y el estrato social del que provienen. A comienzos del s. XXI, aún cuando las diferentes leyes educativas contemplan la educación inicial desde el nacimiento, las mejores ofertas (en cuanto a formación profesional, tipo de materiales e instituciones, definición curricular, etc.) se ofrecen para los niños de 5 y 6 años de sectores económicos medios y altos principalmente habitantes de las grandes ciudades. La educación inicial pareciera ser un beneficio para familias de buen nivel económico que pueden enviar en horarios reducidos a los niños pequeños como instancia de preparación previa a la escolaridad.

Esta segmentación por edad muestra que la oferta decrece para la franja 3-4 y casi desaparece para los niños menores. En estos casos, aún cuando se reconoce la importancia de los primeros 3 años en cuanto a las bases madurativas y neurológicas del desarrollo, la atención queda limitada al cuidado materno o a iniciativas privadas. Por su parte, la segmentación por estrato social, pareciera indicar que los niños de sectores populares - en las grandes ciudades o en las zonas rurales - tienen menos posibilidades de asistir a un ambiente educativo enriquecido con experiencias de aprendizaje pertinentes a su edad. La cobertura queda a cargo de emprendimientos comunitarios que buscan dar respuestas de calidad aún cuando no cuenten con los apoyos que necesitarían para brindarlo.

Probablemente lo más complejo de esta situación es que la educación inicial no puede recuperarse en otro momento. Lo que no se brindó a los niños oportunamente se perdió. La educación básica y secundaria puede ofertarse para jóvenes y adultos que no la han recibido… pero lo que se podría haber brindado a los pequeños en cuanto a experiencias significativas (sin considerar lo que refiere a nutrición y salud física y emocional) se desaprovechó como posibilidad.

Volviendo a las Metas 2021… es loable proponer un aumento de la oferta de la educación inicial y potenciar su carácter educativo. Quizás resulta limitado pensar sólo en porcentajes de niños y niñas de 3 a 5 años que participan de programas educativos, desmembrando la educación de la primera infancia en su conjunto (0-5 años) o proponiendo sólo para los niños mayores la titulación de los profesionales a cargo. Para el caso de Argentina, si bien se necesita considerar la heterogeneidad al interior del país, las metas presentan indicadores para el año 2105 que ya está cubierto.

La falta de indicadores para niños de 0-3 y la caracterización de los diferentes programas y modalidades de atención que se brindan sigue siendo un vacío a cubrir. La invisibilidad de estos niños y sus familias en el desarrollo de políticas sociales y educativas no es solo un problema estadístico. Conocemos poco acerca de las ofertas de educación infantil justamente en los sectores que merecen mayor cuidado.

La sumatoria de respuestas coyunturales de las diferentes organizaciones de la sociedad civil no configura una oferta fácilmente evaluada. Una rápida mirada por alguna de estas ofertas muestra un interés genuino de atención a los niños y sus familias en medio de instalaciones precarias y propuestas educativas que asume formatos tradicionales o extemporáneos que poco respetan la riqueza cultural de esas comunidades. Programas y ofertas que responden más a la imagen idealizada que se tiene de la infancia que a verdaderos proyectos que contemplen el arte, el juego y el aprendizaje de contenidos socialmente válidos y pertinentes para los niños... todos los niños.

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