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Foro de debate Evaluación de la Educación
La evaluación de la educación se ha ido
extendiendo en las últimas décadas y se
ha convertido en una preocupación fundamental
de gobiernos y responsables educativos. La evaluación
de los sistemas educativos en su conjunto o de las diversas
unidades que lo componen (alumnos, escuelas, profesores
),
es hoy una actividad fundamental dentro de las políticas
educativas de todos los países.
Propongo en esta breve nota abordar la finalidad de
la evaluación (para qué evaluar), los
destinatarios (qué evaluar), los métodos
(cómo evaluar) y los retos futuros de la evaluación.
Desde sus orígenes, la evaluación de
los sistemas educativos ha tenido como objetivo primero
conocer su funcionamiento y, de manera implícita,
utilizar sus resultados en la definición de las
políticas educativas. En los últimos años
esta finalidad implícita de la evaluación
ha adquirido una importancia decisiva; se trata de evaluar
para conocer cómo funciona la educación
y, sobre todo, para mejorarla; es decir, para orientar
la toma de decisiones de todos los responsables de la
educación: las políticas educativas, la
organización escolar, el funcionamiento de los
centros educativos, el trabajo de los profesores, y
la participación y la dedicación de los
alumnos y de las familias.
Desde esta perspectiva debe perder interés la
evaluación entendida como instrumento para determinar
quiénes son los responsables de las insuficiencias
y dificultades del sistema educativo; este planteamiento
termina produciendo la confrontación entre los
distintos agentes implicados. En contrapartida, se impone
la concepción de la colaboración entre
los responsables educativos para utilizar los resultados
de la evaluación en la adopción de las
medidas más adecuadas para mejorar la educación
y alcanzar los objetivos y las metas educativas que
se plantean las sociedades actuales.
En cuanto a qué evaluar, hay que señalar
que buena parte de las evaluaciones externas internacionales
han procurado valorar el funcionamiento de los sistemas
educativos a través del análisis del rendimiento
de los alumnos. Desde principios del presente siglo,
este análisis ha ido incorporando la valoración
de la adquisición de las competencias básicas
por parte de los alumnos (estudios de OCDE y de la Unión
Europea), a la que se han añadido la valoración
de los contextos sociales, económicos y culturales,
de las circunstancias de aprendizaje y de los procesos
educativos.
A la evaluación del sistema educativo a través
del rendimiento de los alumnos se ha añadido
el interés por establecer un diagnóstico
del rendimiento de cada una de las escuelas y alumnos.
Este es el caso de España, como el de otros muchos
países, en los que las evaluaciones de diagnóstico
generales, por un lado, y censales por otro, tienen
esta finalidad de facilitar la adopción de medidas
de mejora oportunas para el conjunto del sistema, pero
también individualizadas para cada uno de los
alumnos y escuelas, en momentos intermedios de la educación
primaria y de la educación secundaria obligatoria.
Debe considerarse, además, que es necesario evaluar
las propias escuelas, su organización, el grado
de autonomía y, como indicador muy especial,
el valor añadido que son capaces de ofrecer a
sus alumnos. Es necesario también evaluar los
procesos de enseñanza, los trabajos de los profesores
y de los equipos docentes, considerados de manera colectiva
e individual, y su impacto en los aprendizajes y en
el rendimiento de los alumnos. Y, finalmente, es necesario
evaluar el funcionamiento de las propias administraciones
educativas y las políticas educativas propuestas.
En relación al cómo evaluar, el desarrollo
y la generalización de las evaluaciones nacionales
e internacionales ha permitido una mejora muy significativa
de los sistemas de evaluación. La definición
de los marcos de evaluación, la organización
de los procesos evaluadores y el rigor en el análisis
de los resultados han permitido garantizar una elevada
validez (se mide realmente aquello que se desea evaluar)
y una notable fiabilidad (la valoración se realiza
con todas las garantías y la máxima objetividad).
Entre los retos actuales y futuros de las evaluaciones
externas se encuentra el de facilitar una mejor información
sobre aquellos aspectos hoy todavía insuficientemente
valorados o que deben mejorar. Las evaluaciones deben
afinar sus instrumentos para medir con más precisión
la influencia de los procesos educativos de aula y centro,
el funcionamiento de los equipos de profesores y las
estrategias colectivas, la organización de las
escuelas, la autonomía y la responsabilidad compartida
y la implicación de profesores, alumnos y familias.
Por otra parte, como se ha señalado, es fundamental
poner a punto mecanismos de evaluación que permitan
medir con el máximo rigor el valor añadido
que escuelas y profesores son capaces de incorporar
en el aprendizaje de sus alumnos. Éste es un
aspecto hoy fundamental para contextualizar mejor los
resultados educativos que ofrecen las evaluaciones externas.
Para terminar, conviene insistir en que las evaluaciones
de los sistemas educativos deben ser capaces de afinar
las medidas allí donde se producen las circunstancias
más adversas del aprendizaje, o las más
particulares, sea porque corresponden a entornos sociales,
económicos y culturales más desfavorecidos,
porque se trate de alumnos con necesidades educativas
específicas, o por cualquier otra circunstancia.
Dicho de otro modo: la evaluación debe ofrecer
una información más precisa y eficaz de
los resultados de todos los alumnos, pues la mejora
de los sistemas educativos sólo es posible si
la calidad de la educación y la excelencia afectan
también a "todos los alumnos".
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