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Meta general cuarta. Universalizar la educación
primaria y la secundaria básica y mejorar su
calidad.
Meta específica 12. Extender la evaluación
integral de los centros escolares.
Nos parece importante discutir en este foro el progreso
de los países iberoamericanos en sus esfuerzos
por desarrollar herramientas de medición y evaluación
adecuadas para informar sobre el logro efectivo de las
expectativas de aprendizaje, comunicar a los actores
educativos y a la sociedad civil sobre la calidad de
los sistemas públicos de educación en
términos de aprendizajes logrados, y diseñar
y ajustar políticas educativas para el mejoramiento
de esos aprendizajes sobre la base de las informaciones
recogidas en las evaluaciones. Este es el sentido desde
donde es posible plantearse una extensión de
la evaluación integral de los centros escolares.
Cabe preguntarse entonces: existe una cultura evaluativa
sólida y legitimada en los países de Iberoamérica?
Cómo es posible promover un mayor impacto a partir
de las evaluaciones en la toma de decisiones de política
y en la práctica pedagógica para el mejoramiento
del logro académico de los estudiantes?.
Por otra parte, dado que la evaluación se refiere
a la calidad, lo primero que habría que decir
es que debe tener calidad, es decir que sería
una contradicción acceder a una evaluación
si no es de calidad y luego con esta evaluación
discutir la calidad del desempeño de las personas
y las instituciones. En este sentido, y para tener criticidad,
se debe tener, al menos, precisión. Es posible
que no haya una buena evaluación sin responder
a las preguntas: cuál es la función de
la evaluación y para qué sirve. Posteriormente
aparece una pregunta relacionada acerca de cuál
es el contexto de una evaluación. No es menor
preguntarse acerca de la metodología y cobertura
de las mediciones las cuales deben ser consistentes
con los propósitos y usos de las evaluaciones
y deben validarse técnica y socialmente. Coincidimos
con Ferrer (2006) que esto implica tomar decisiones
racionales y discutidas en profundidad sobre los siguientes
aspectos:
1. El objetivo y los sujetos de las mediciones, es
decir, si se busca evaluar el sistema, a las instituciones,
o a los actores individualmente (docentes y alumnos,
en especial). La decisión determinará,
por ejemplo, si las pruebas deben ser censales o muestrales,
si estarán referidas a normas o a criterios,
o si los resultados tendrán altas o bajas implicancias
para los actores.
2. Si los datos recogidos por las mediciones van
a ser utilizados para el
mejoramiento pedagógico o curricular, será
necesario diseñar instrumentos adecuados para
esos fines, si los ítem de las pruebas exigirán
respuestas de opción múltiple, abiertas,
o una combinación entre estas alternativas
u otras, el grado de cobertura del currículo
que tendrán las pruebas, etc.
3. Todos los instrumentos de las evaluaciones requieren
ser validados previamente a su aplicación,
a través de pruebas piloto.
4. Para poder asociar el rendimiento académico
de los estudiantes con factores escolares y extraescolares
asociables es preciso medir variables que pueden estar
incidiendo para lo cual es necesario utilizar procedimientos
técnicos sólidos para la recolección
de datos y su posterior análisis estadístico.
5. Una vez que se obtuvieron los indicadores precisos,
aparece el problema en el paso siguiente, la construcción
de rankings. La discusión al respecto es bien
actual. Es que existe un problema conceptual en los
rankings. El mayor de ellos no es el técnico-metodológico,
que también lo es, sino uno mucho más
profundo, porque, de hecho, su construcción
se basa en la asunción de un modelo erróneo
de interpretación de la realidad institucional.
Los rankings hacen caso omiso de esta realidad conceptual
y asumen el modelo de que agregando, aditiva y/o interactivamente,
algunos elementos (indicadores) y relacionados con
distintos componentes potenciales de la llamada calidad,
se puede definir un concepto único y universal
de calidad y consecuentemente, clasificar por calidad
a los centros escolares, al margen de su topología
y de sus características especificas y contextuales.
En definitiva, la agregación de indicadores
que hacen los rankings no es sino un artificio metodológico,
más o menos complejo, que conduce a un resultado
que, en rigor, no permite ver lo que hay detrás.
Para cerrar este pequeño aporte, podemos decir
que quedan muchos desafíos por delante en este
proceso de "evaluar la calidad", para lo cual
resulta imprescindible obtener una buena "calidad
de la evaluación" en los años venideros.
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