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Reflexiones en torno al valor de la educación artística.
Andrea Giráldez Hayes

La educación artística debe estar garantizada para todos los individuos tanto en el contexto de la educación formal como no formal. Aunque comenzar este texto con una afirmación tan categórica puede causar cierta prevención al lector, nuestra intención es anular, desde el principio, todas aquellas tibias consideraciones en las que la educación artística es apreciada en cuanto fomenta la creatividad y proporciona disfrute, pero no se valora como objeto de conocimiento.

Las artes son un componente esencial en la formación de los individuos. Desde la danza y la música al teatro, las artes visuales o las nuevas modalidades de arte digital, todas las artes proporcionan a los niños y las niñas formas de expresión únicas, permitiéndoles explorar nuevas ideas, acercarse desde distintas perspectivas a la realidad y participar, conocer y respetar su propia cultura y las de los demás. La educación artística no sólo posibilita a los estudiantes una mejor comprensión del mundo que les rodea, sino que también amplía su perspectiva para enfrentarse a nuevos problemas, para crear y expresarse desafiando al intelecto.

Si el arte ha sido, desde tiempos inmemoriales, un elemento básico e insustituible en el desarrollo integral y la formación de las personas, actualmente podemos afirmar que lo es incluso más ya que, como afirma Jason Ohler en un artículo publicado en el año 2000, "es la cuarta competencia básica en esta era digital [...] y se está convirtiendo rápidamente en el nuevo alfabetismo de nuestro tiempo [...] Ya no podemos detenernos en la discusión de si el arte debe ocupar un lugar central y permanente en los programas escolares; debe hacerlo. En la era digital, las destrezas en arte no son solamente buenas para el alma sino que además proporcionan, en palabras de Elliot Eisner (1988), acceso al capital cultural y, en última instancia, acceso al empleo".

Aunque la educación artística forma parte, con más o menos fortuna, de la mayoría de los currículos iberoamericanos, la calidad de la enseñanza que recibe el alumnado sigue sin estar garantizada. Esto se debe, en mi opinión, al menos a dos razones: por una parte, a que los responsables políticos y la sociedad, en su conjunto, siguen creyendo que la competencia cultural y artística no es realmente una competencia básica, en igualdad de condiciones con otras con más "tradición"; por la otra, a que esta convicción ha llevado, durante mucho tiempo, a descuidar la formación inicial y permanente del profesorado de artística.

Asegurar la presencia de la educación artística en todos los sistemas educativos y propiciar espacios para la formación artística en el ámbito de la educación formal, así como comprometerse con la formación del profesorado deberían ser dos factores a tener muy en cuenta en las metas educativas 2021.

Partiendo de esta idea, propongo debatir en este foro cómo debería ser la formación inicial y permanente del profesorado para garantizar una educación artística de calidad.

 

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