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La hora de Iberoamérica

Mezcla incesante de premodernidades, modernidades y posmodernidades, Iberoamérica ha dado lugar a sociedades intensamente híbridas. Diversa y heterogénea en tamaños, en estructuras, en desarrollo, en fragilidad o solidez institucional y democrática, en lenguas, en etnias, en culturas; se encuentra enraizada en una unidad situacional e histórica.

Dueña de una identidad forjada en más de cinco siglos de historia compartida -algunas veces conflictiva y otras convergente- y en torno a dos lenguas generales (y múltiples lenguas locales), ha suscitado una matriz de identificación colectiva que es a la vez abierta y dialógica, una y diversa.

La fecundidad del mestizaje ha sido y es un elemento esencial a partir del cual pensar y actuar en nuestras sociedades. Un punto de apoyo sobre el cual construir condiciones de equidad e igualdad de oportunidades para el desarrollo. Un elemento vertebrador para comprender, procesar y accionar sobre las oportunidades que se nos ofrecen en este cambio de época.

En medio de una bifurcación histórica y sistémica, impulsada por la transición hacia una sociedad del conocimiento, caracterizada regionalmente por el debilitamiento político e intelectual de las políticas del ajuste y del pensamiento único, así como por la convergencia en una nueva agenda regional: la agenda del desarrollo justo e igualitario. Si a esto le sumamos los pasos dados por los Primeros mandatarios para avanzar en la institucionalización de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, percibimos que Iberoamérica se encuentra ante una oportunidad histórica.

El pasado 28 de mayo, los cancilleres de nuestros veintidós países, dieron un paso muy significativo hacia la "construcción" de dicha oportunidad: nombraron a Enrique Iglesias Secretario General Iberoamericano. La nueva institución empieza a cobrar dimensión propia y la talla del piloto nos permite comprender el tamaño de la empresa que se desea acometer.

Sobre este fondo se recorta el debate sobre nuestro futuro. Un debate en el que se conjugan oportunidades y riesgos, fortalezas y debilidades.

De las fortalezas a las oportunidades

Mientras los límites de los Estados se ven permeados por lo local y lo global y, la instancia nacional busca instituirse como espacio de síntesis, de potenciación de lo social y lo local disperso; los bloques regionales se consolidan como nuevos actores políticos en la escena internacional.

Esto no significa afirmar el fin de los Estados nacionales. Más bien se trata de situarlos dentro de una complejidad creciente en medio de la cual, la Comunidad Iberoamericana de Naciones puede significar una vía de fortalecimiento. Coincidente, por otra parte, con la historia, los anhelos y los propósitos de regionalización que nuestra América ha manifestado desde los días de las independencias.

Al desplegar un esquema de mayor afinidad, ésta puede potenciar las capacidades individuales y generar acciones coordinadas que permitan evitar escenarios hegemónicos, impulsando un orden más equitativo, en paz y libertad. Se puede indicar, en este mismo sentido, que la Comunidad de Naciones afianzaría el protagonismo, integraría visiones, intereses, alternativas y capacidades de negociación de los bloques regionales.

En este contexto, el nuevo "talante" se ha desplegado entre los gobernantes iberoamericanos, a uno y otro lado del Atlántico y, como decíamos, la convergencia política se ha materializado en un cambio de agenda.

Con una fuerte apuesta por la igualdad y la justicia social, por una democracia para todos y por unas políticas de desarrollo con acento en los estilos propios, por la construcción de solidaridad a nivel internacional, por la promoción del multilateralismo, la paz y una globalización positiva -lo que significa además un replanteo de las políticas y los modelos de cooperación, orientándolos hacia formas horizontales y asociativas-, la Comunidad de Naciones ha abierto una brecha capaz de mostrar potencialidades donde antes se creía no tenerlas.

La confluencia de la afinidad política y la conformación de un "espacio cultural común" puede resultar en beneficio de un espacio geoestratégico en el que coinciden algo más de 500 millones de hispano-luso parlantes y en el que se plasman nuestras maneras de pensar, asumirnos y ver a los otros.

Los avances tecnológicos, particularmente en el campo de las telecomunicaciones, han revalorizado su potencial en materia de industrias culturales, patrimonio cultural y turismo. Ante ello, el sentido estratégico y las oportunidades que ofrece el espacio cultural conllevan el reto de consolidar su construcción y de avanzar en su institucionalidad, en la conformación de redes y de estructuras.

La Comunidad Iberoamericana de Naciones se presenta así como un "puente" propicio para transitar -de manera autónoma- hacia condiciones de desarrollo sostenible. Junto a la cultura, la inversión en educación y la inversión en innovación, ciencia y tecnología representan las otras dos dimensiones centrales para construir "futuros" en la región.

La voz de Iberoamérica

La integración iberoamericana ha transitado un largo camino. En este trayecto se ha repensado, probado, reclasificado y reestructurado en una suerte de movimiento de búsqueda. Pero las condiciones regionales e internacionales han cambiado. Aquel movimiento encuentra en las oportunidades de hoy un punto de inflexión. Son condiciones que, tal vez, no se repetirán. Oportunidades que, si sabemos aprovecharlas, nos permitirán cambiar el rumbo de los acontecimientos y el de nuestras sociedades.

En este punto se traba un reencuentro con lo político. La capacidad de simbolizar una autonomía en el nivel cultural es un paso necesario para que aparezca una fuerza política propia. Se trata de una fuerza política capaz de darle al enunciado cultural el poder de afirmarse verdaderamente. De llevar adelante aquella identidad proyecto a la que hace referencia Manuel Castells.

José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno español, durante su última visita a Venezuela ha referido que Iberoamérica tiene más voz de la que piensa, de la que se siente a sí misma y que Europa no se entiende sin ella, señalando a la vez el momento de particular trascendencia por el que está pasando el proceso de construcción de la Comunidad Iberoamericana de Naciones.

Se ha indicado así un lugar que es necesario ocupar, que es necesario tener como acto político. Es este acto el que permite tomar la palabra por propia cuenta y pronunciarla como tal dentro del concierto global de las naciones. Sólo así la voz de la Comunidad Iberoamericana de Naciones encontrará su potencia comunicativa para que, como lo expresara Gabriel García Márquez en el discurso de aceptación del Premio Nobel (1982), "las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra".

Francisco Piñón

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