![]() |
![]() |
![]() |
|||||||||||||||||||||
| Portada Presentación del número Temas de portada ![]() |
Hace tiempo que los estudios de economía y cultura han venido revelando algo que era una evidencia cada vez mayor, pero que hacía falta constatar de forma empírica. La cultura es un bien rentable económicamente y así se ha demostrado a través de muchas de las investigaciones que han ido apareciendo en esta última década. Este era un paso imprescindible para poder hablar de igual a igual con los otros procesos de construcción política que trabajan para el beneficio de la sociedad. En el inconsciente colectivo, la cultura siempre era deficitaria. Si no se subvencionaba no podía crecer. Los mecenas, las políticas culturales de corte paternal, la imagen de marginales de los artistas, etc. Un sin fin de estereotipos que fueron construyendo este imaginario que ha sido lo primero que se ha tenido que ir cambiando. Esto, de alguna forma identificaba, a la hora de asignar los presupuestos, una relación tan falsa como dañina. Se pensaba que lo invertido en cultura era dinero a fondo perdido. Prácticamente se suponía como obra de caridad el auspiciar determinadas actividades culturales y bajo ese supuesto se iban recortando los fondos para este proceso de construcción social. Los ministerios de cultura en caso de existir, o los responsables subsidiarios de ejecutar estos planes, estaban acostumbrados a ser los primeros en ver como sus fondos mermaban sin explicación. Nadie lo discutía, era una de esas verdades que se dan por sentadas sin que haya modo de orquestar un discurso convincente para impedirlo. Esa fue una de las razones por las que se empezaron a gestar todos estos trabajos y comenzó el tema a estar en el candelero. Desde luego que hay nombres pioneros, pero por no olvidar a ninguno prefiero hacer un silencio respetuoso que todos sabrán entender. Pero a parte de estos nombres hay ideas que fueron calando en la sociedad y que han ido haciéndose cada vez más sólidas. Ideas fuerza que permiten hacer del binomio Economía-Cultura una realidad que merece la pena ser estudiada con detenimiento. Ideas que han instalado a la cultura en el lenguaje real del crecimiento de un país. El germen que dio origen a esta nueva mirada fue sin duda el crecimiento de las industrias culturales. Vilipendiadas en un principio por sus primeros denominadores, los miembros de la escuela de Francfort, lo cual era lógico por la asociación que se hacía de éstas con los fines propagandísticos de los partidos políticos de corte xenófobo y dictatorial, demostraron que su crecimiento era tan imparable como beneficioso para quien las supiera explotar. La industria cultural ha sufrido diversos intentos de ser definida, con el fin de acotar su campo de acción y por tanto de estudio. UNESCO habló en algún momento del Derecho de Autor como materia prima esencial de estas industrias. Pero si pretendíamos aplicar este criterio de forma universal nos encontrábamos con el inconveniente de los países sajones que trabajan con el Copyright, suscitándose un enfrentamiento que daba pie a muchas confusiones. Luego se intento una acotación a partir de explicarlas como aquellas que satisfacían necesidades estrictamente culturales. También esta definición se prestaba a comentarios que sembraban dudas al respecto. Lejos de las diferentes escuelas y de los diferentes intentos de delimitar su terreno, hay una verdad común a todos los estudios. Las industrias han roto el mito de la cultura para las élites y la han abierto a la pluralidad. Sacan la música de las salas de los conciertos, la literatura sale de los círculos iniciados, la pintura se hace imprescindible a través de sus múltiples formas de reproducción, en la casa de cualquier persona, y los nuevos medios de comunicación se instalan repletos de productos culturales al interior de los hogares. En torno a todo esto crecen industrias colaterales que se van haciendo esenciales en la vida de un país. De todo esto dan buena cuenta muchos de los estudios que reseñamos en las búsquedas bibliográficas que hemos iniciado para este número de la revista. Y de todo esto hemos hablado en muchos congresos y seminarios. Y sabemos que hemos de seguir hablando, porque muchos de los objetivos que se perseguían todavía no están alcanzados. Pero lo que persigue este número es ampliar la mirada. A lo largo de los artículos que aquí vamos a encontrar nos proponemos ampliar la mirada de los beneficios que la cultura le aporta a la sociedad y que indiscutiblemente repercuten en el desarrollo. Nadie pone en duda hoy día que la educación es una herramienta imprescindible para que un país crezca. Tampoco se duda de los beneficios de preservar el medio ambiente. Ambos educación y medio ambiente producen sus ventajas a largo plazo. Es hora de que comencemos a pensar en los beneficios que unas políticas culturales serias y pensadas para largo plazo podrían producir en las poblaciones. El nuevo pentágono del desarrollo tiene cinco vértices claramente diferenciados, la política, la economía, la educación, el medio ambiente y la cultura. Ninguno puede actuar sin el otro, los cinco están íntimamente relacionados. Por tanto tendremos que ir hablando de las relaciones de todos con todos, pero ha existido una ausencia notoria en este entramado que es la relación de la cultura con los otros cuatro vértices. En estas páginas nos vamos a ocupar de las relaciones con la economía pero en los artículos de todos nuestros invitados encontraremos las relaciones con las otras disciplinas. Veremos esas relaciones de forma implícita y explícita. Es una nueva forma de construir los procesos de desarrollo social, que ya lleva un tiempo buscando imponerse en las cabezas tradicionales. La interrelación de los factores fundamentales del crecimiento. El convencimiento de que ninguno puede actuar por separado, pero que todos han de mantener su personalidad y su campo de acción. El nexo de unión de los vértices de este pentágono no es otro que el derecho. El derecho es el esqueleto de una sociedad. Sin una estructura legislativa que permita fluir la corriente entre todas las partes y que articule y genere flexibilidad y consistencia, no es posible hacer que el proyecto funcione. Para algunos faltaran vértices como la ciencia y la tecnología, la salud, la alimentación, la equidad distributiva, los gastos en defensa, las políticas territoriales, un sin fin de complejos puntos que insisto, a mi modo de ver, se han de basar en este pentágono en el que no dudo en poner al mismo nivel a sus cinco componentes. Es una visión que puede y debe generar disenso. Pero es el punto desde el que yo me atrevo a comenzar a entablar posibles negociaciones que busquen solución a un mundo que sin duda alguna está mal hecho. Hasta la fecha, las relaciones entre los factores de crecimiento social eran jerárquicas y piramidales. La sugerencia es que dejen de ser de este modo y adquieran el complejo entramado que aprendimos de la química. Recordemos que la química es la ciencia que estudia la composición de los cuerpos y las transformaciones que sufren las sustancias al variar su composición. Es indudable que la composición del cuerpo social ha sufrido grandes transformaciones y por tanto la formación del mismo no puede seguir alimentándose de la misma estructura que hasta ahora. Al igual que en la transformación química, que es todo proceso en el que a partir de una o más sustancias se forman sustancias nuevas, debemos contemplar las nuevas formas de producir las fórmulas correspondientes, partiendo de las nuevas transferencias que entre ellos se producen. Es desde este razonamiento que me permito seguir defendiendo la figura cuyos vértices en relación de igualdad están formados por la cultura, la educación, la economía, el medio ambiente y la política. Además. al crear una nueva forma de interacción regeneraremos parte de los tejidos de sus componentes y podremos buscar nuevos modos de comunicación entre los viejos modos de interacción. Modos que a juzgar por los resultados actuales no han sido satisfactorios. Pues bien, en estas páginas nos vamos a encontrar con diferentes formas de entender la relación de la cultura con la economía, si entendemos ésta como una ciencia destinada a mejorar la capacidad de la gente facilitando su inserción social. Es decir, hemos buscado no cerrarnos al dictatorial encuentro con los números fríos y asépticos. Hemos contemplado a la economía como un resultado de sumas que aportan las capacidades necesarias para vivir mejor. El que la economía de un país mejore, al igual que la economía de un ser humano lo haga, no depende solo de la suerte que tenga en sus finanzas. Esto suele ser una de las grandes mentiras comúnmente creídas y que han traído graves desajustes posteriores. En el mundo, las mejoras económicas de los seres se producen cuando determinadas condiciones las hacen posible, y estas determinadas condiciones han de hacerse estables y progresar adecuadamente. Y de estas condiciones y su relación directa con la cultura es de lo que hemos querido hablar. La cultura es una de las herramientas más eficaces y más activas en el mejoramiento de la calidad de vida de los seres humanos y por ende de los países. Pero la cultura, como los otros elementos del vértice del que hablábamos hace un rato, no puede actuar en solitario. Debe insertarse en la capacidad de estructurar nuevos modos de hacer un mundo más justo y solidario. La cultura tiene una clara relación con la política como nos lo demuestra el presidente Betancurt en su artículo. Una relación que por desgracia a veces se les olvida a nuestros dirigentes que la relegan al plano de lo prescindible en sus políticas. Los políticos deben entender que sin una mirada cultural los planes de desarrollo fracasarán. Hoy tienen nuestros dirigentes muchos retos nuevos encima de la mesa. Insisto en que el artículo del Presidente Betancurt da una serie de claves que han de ser leídas con calma por todos aquellos que se enfrenten a la conducción de unos nuevos caminos para la democracia, es decir para la participación de todos y el buen gobierno para todos. La cultura necesita de nuevas políticas, de reformas urgentes que se han de hacer desde lo público, porque lo privado tiene otros intereses y vela por ellos. El Director del Centro de estudios latinoamericanos de la Universidad de Nueva York, reflexiona en estas páginas sobre las ventajas que trae y las desventajas que acarrea el dejar libre a ese monstruo que sólo habla de ganancias económicas. Redes, nuevas conexiones, nuevos modos de cooperación, son imprescindibles para ejecutar un todo que mejore las condiciones de desarrollo. La cultura tiene una relación directa con la actividad mercantil. Tiene una impronta real en las cuentas de los países y cada vez será mayor, pero esto no debe descuidar otros factores que debemos cuidar en los estudios que realicemos como la capacidad de respetar a los pequeños, aunque no sean rentables, o aunque si lo sean. Y sobre esto versa el artículo del economista Stolovich. El artículo del jurista Jesús Prieto de Pedro cierra la sección Temas de portada, hilando los puentes entre los vértices, que como ya se dijo, el derecho es el esqueleto de una sociedad que permite que la corriente fluya entre todas las partes y que articule y genere flexibilidad y consistencia. Presentamos en la sección Estudios y Experiencias dos interesantes artículos que nos acercan a la cultura desde el medio ambiente y desde la educación. Existe una clara relación de la cultura con el medio ambiente y mucho mayor cuando este medio ambiente esta en construcción o en reconstrucción como es el caso de la maravillosa ciudad de La Habana. Y es hoy día imprescindible reflexionar sobre el medio ambiente urbano, nos hemos fijado en la urbe en estas páginas y hemos traído un ejemplo práctico de lo que se está haciendo ya en un lugar del mundo tan especial como es la ciudad capital de Cuba. El doctor Eusebio Leal Spengler es tal vez el mejor exponente de cómo una ciudad que quiere renovarse, que quiere mejorar la calidad de vida de sus habitantes, que quiere resurgir sin destruir, ha de tener a la cultura como principal aliada. Tiene también la cultura una relación muy especial y discutida con la educación desde siempre. Tanto, que a veces se han confundido sus campos de acción y esto ha acarreado consecuencias de la más diversa índole. En este caso nos hemos querido centrar en esa frontera que es indefinible entre los libros, la cultura y la educación. Es impensable un mundo mejor sin libros. Muchos observamos horrorizados el abandono de los libros en favor de la televisión que muchos de nuestros hijos nos muestran a diario. Y muchos nos atrevemos a predecir que las consecuencias no serán buenas. Retomar los libros como caballo de batalla me parece un buen punto de partida para recuperar la utopía como proyecto. No quiero que se lea esto como un denostado ataque a la televisión. Ella en sí, no es ni mala ni buena; como todos los inventos del ser humano depende de la utilización que se le dé. El profesor y escritor Pedro Sorela nos hace caer en la cuenta a través de la anécdota de un encuentro con un alumno suyo de lo vital que resulta lo dicho hasta el momento. Como se ve este trabajo esta en perfecta sintonía con el que fuera el número cero de este proyecto que emprende la OEI con una gran sensibilidad y un gran acierto. Y no ha sido la idea de continuidad la que nos ha empujado a buscar determinados articulistas, es que la continuidad fluye por una forma nueva de pensar Iberoamérica, que es el gran proyecto al que se enfrenta este organismo internacional. Una nueva corriente de pensamiento que está encontrando su punto de difusión y expansión en esta entidad. Fernando Vicario |
|
||
|
|