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Introducción

Plan de Cooperación 2003 - 2006


El mundo contemporáneo se caracteriza en forma creciente por la ubicación central que asumen la educación y el conocimiento en el desarrollo de las sociedades.

Frente a esta realidad, los países que integran la región iberoamericana se encuentran ante un renovado desafío para la construcción de su futuro: el fortalecimiento de los sistemas de educación, ciencia, tecnología y cultura. Los próximos años serán decisivos para la toma de decisiones y para la generación de posibilidades más amplias de desenvolvimiento en estos campos.

En un panorama mundial signado por una incertidumbre creciente, con niveles alarmantes de pobreza y exclusión que sitúan a la desigualdad como nota distintiva de esta época, los objetivos de Iberoamérica deben ser firmes y renovada la voluntad política, con la finalidad de construir una comunidad de naciones con sociedades democráticas y prósperas, justas y respetuosas de los derechos humanos.

La educación, la ciencia, la tecnología y la cultura se desempeñan en estos contextos críticos. Fortalecerlas, permitir su inserción y crecimiento en todos los procesos de la vida de las naciones de la región, es un desafío que deben asumir en forma decidida nuestras sociedades.

En el contexto de mundialización en curso existen desigualdades en la apropiación de la información, y la utilización de las nuevas tecnologías y el acceso al conocimiento no se producen de manera automática. Para asegurar oportunidades en todos los países y a todas las personas es necesario un esfuerzo deliberado y sostenido en inversiones que hagan efectiva la democratización del saber.

En reiteradas oportunidades, tanto en las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno como en las correspondientes Conferencias de Educación y de Cultura, se han estado tratando aspectos cruciales de esta problemática, dando un marco político adecuado a la consideración de estas cuestiones que se tornan cada vez más estratégicas para el devenir de la región.

El sector gubernamental está acompañando y alentando el proceso de construcción iberoamericana, sobre todo desde el inicio de la década de los noventa, así como la progresiva consolidación institucional de la Comunidad Iberoamericana de Naciones. Cumbres y Conferencias se han constituido en instancias de concertación de políticas, de identificación institucional y de generación de acuerdos que señalan nuevos rumbos para un futuro compartido. En esta misma línea se han expresado numerosas iniciativas de diversos organismos y actores procedentes de la sociedad civil.

Es en este camino que se ha podido distinguir la originalidad de la región iberoamericana en el mundo actual, en tanto espacio susceptible de combinar armónicamente su unidad y su diversidad.

Una historia común que permitió enlazar culturas de origen muy diverso en nuevos códigos expresados a través de dos lenguas emparentadas -portugués y español- y que se representa hoy en una extraordinaria multiplicidad de respuestas a distintos ambientes, situaciones y proyectos.

Tal singularidad facilita los proyectos de integración que están en marcha, pero sobre todo fundamenta un entramado común de relaciones que, con grandes posibilidades, permite insertar a nuestros países en el mundo global.

Iberoamérica se caracteriza no sólo por su diversidad sino también por sus contrastes, que expresan una alta heterogeneidad. En muchos casos, las diferencias de desarrollo relativo entre zonas y sectores de un mismo país parecen más notables que las existentes entre distintos países. Las estadísticas nos demuestran que la inequidad es una constante, particularmente en muchos de los países latinoamericanos, y que la exclusión es la gran amenaza para la cohesión social.

Un hecho positivo es el avance en la instauración de las democracias. Si bien este sistema de gobierno reconoce antecedentes regionales muy antiguos, casi bicentenarios, son notables los adelantos de las últimas décadas. De todos modos, la región presenta tanto democracias estables como otras más frágiles, que hasta hace poco tiempo parecían procesos consolidados e irreversibles. Esto muestra en el aspecto político e institucional la misma heterogeneidad que se percibe en otros ámbitos.
La colaboración entre los países iberoamericanos aparece como una necesidad y como una oportunidad para superar límites y posibilitar una incorporación activa a la sociedad global.

La creación de ámbitos de intercambio, el acceso a información de procesos y experiencias exitosas, la asistencia técnica y la generación de propuestas acordadas que superen las fronteras, son algunas de las funciones propias de la cooperación internacional.

La acción de la OEI debe descansar sobre estos supuestos, de modo que permita acentuar la búsqueda de respuestas a las necesidades surgidas de las dinámicas de los procesos sociales, culturales, científicos y educativos de las sociedades iberoamericanas.

Ello implica una nueva manera de pensar y de aproximarse a la cooperación internacional para transformarla en un instrumento de mayor flexibilidad y eficacia que favorezca la inclusión de nuevas temáticas acorde con las necesidades y prioridades identificadas por los países; que facilite la generación de espacios susceptibles de apoyar los procesos de integración en curso a través de una comunicación e intercambio de experiencias más fluida; que brinde mayor apoyo a aquellas regiones y países con mayores necesidades.

La educación, la ciencia y la cultura se ubican como claves de la construcción de las sociedades del siglo que comienza. A las tareas pendientes de los proyectos inconclusos de la modernidad se suman ahora los nuevos de la sociedad del conocimiento y de la información. El desafío es mayúsculo; la cooperación es una de las herramientas para afrontarlo.


 

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