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La IX Reunión Ordinaria de la Asamblea General de la OEI,
celebrada los días 28 y 29 de noviembre de 2002 aprobó,
entre otros asuntos, el Programa-Presupuesto para el bienio 2003-2004.
Introducción
El cuerpo estatutario de la Organización
regula la presentación, consideración y aprobación
de la Programación bienal ante el Consejo Directivo. Ésta
ha de guardar coherencia con las líneas estratégicas
globales recogidas en el Plan de Actividades, que son aprobadas
por la Asamblea General con un carácter cuatrienal.
En tal sentido, la programación de la OEI
para el bienio 2003-2004 adopta como marco de referencia y actuación
las áreas, los ejes y las líneas de cooperación
establecidas en el Plan de Cooperación 2003-2006, lo que
facilita un tratamiento integrado del ciclo de gestión cuatrienal.
De acuerdo con los mandatos reglamentarios, la
Programación bienal cuenta con una estimación presupuestaria
global que, en el presente período, se presenta desagregada
con base en las diversas categorías incluidas en el mencionado
Plan de Cooperación.
Esta presupuestación está diseñada
en función de la previsión de fondos aprobada para
el bienio y de su distribución equilibrada a partir de criterios
que apuntan, entre otras consideraciones, a dar continuidad a determinados
ámbitos de trabajo tradicionales de la Programación;
a fortalecer las líneas de acción iniciadas en el
último período; a propiciar la apertura de nuevos
espacios de cooperación demandados por los países;
a ponderar de manera paulatina la actividad de la OEI en las áreas
de educación, ciencia y cultura.
De acuerdo con las sugerencias recogidas en las
diversas Mesas de Cooperación celebradas, las conclusiones
y recomendaciones de la evaluación externa, y las valoraciones
derivadas de la propia experiencia acumulada, los dos primeros años
del ciclo cuatrienal deberán orientarse a fortalecer determinadas
tendencias iniciadas en el último período, a reajustar
fórmulas y estrategias que merecen ser revisadas, así
como a incorporar ciertos elementos innovadores que hagan más
eficaz y adecuada la acción de cooperación de la OEI.
La elaboración de la Programación
debe seguir asentada sobre la base de criterios de cooperación
horizontal. Ello implica continuar con la práctica de las
Mesas de Cooperación que se ha revelado como un mecanismo
valioso para asegurar la pertinencia de la Programación y
su apropiación por parte de los países. En el curso
del bienio, esta práctica se aplicará no sólo
a la definición de las líneas estratégicas
sino también al diseño concreto de las distintas acciones
de cooperación, para lo cual se convocarán reuniones
y talleres de trabajo de distinto formato geográfico o sectorial.
Se profundizará en la organización
subregional de las actividades programáticas, según
una lógica de cooperación multilateral, si bien se
tenderá a la ampliación de este formato a través
de modelos geográficos flexibles que acompañen procesos
de integración o que atiendan a agrupaciones establecidas
con base en intereses comunes o niveles similares de desarrollo
relativo en determinadas temáticas.
La categoría metodológica de proyecto
-o programa- como fórmula prioritaria de intervención,
ha supuesto un avance cualitativo en el desarrollo programático
del pasado período. Es recomendable continuar en esta dirección
mediante el diálogo permanente con los países y la
consecuente definición de proyectos "a término",
identificados y diseñados a partir de problemáticas
y oportunidades locales, teniendo como marco de referencia las diferentes
líneas de cooperación enunciadas. De forma paulatina,
se avanzará en la preparación y puesta en marcha de
planes de acción subregional que integren y articulen los
núcleos prioritarios de actuación a través
de la definición de programas y proyectos bienales de cooperación
técnica.
La vertebración de la Programación
cuatrienal -y bienal- en torno a un conjunto de ejes y líneas
básicas, se orienta al fortalecimiento de esta estrategia
y al intento de superar los riesgos de dispersión temática.
De acuerdo con esta lógica, se avanzará en los esfuerzos
de articulación programática al interior de las áreas
y entre ellas mismas, poniendo especial atención al trabajo
articulado entre los ámbitos de la educación, la ciencia
y la cultura. Las denominadas iniciativas transversales de cooperación
iberoamericana apuntan en este sentido.
De igual modo, el impulso de las estrategias de
cooperación en red ha llevado a la OEI a establecer relaciones
estables con diversos organismos y agencias internacionales que
actúan en la región. La propuesta que se presenta
nace con la vocación de intensificar esta colaboración
que, progresivamente, ha de ser traducida en la formulación
y ejecución de proyectos concretos de cooperación,
tal como ya se viene realizando en algunos ámbitos de la
Programación.
Todo ello implica un tipo de planificación
-estratégica y operativa- acorde a los nuevos retos, en donde
se revise el modelo actual de gestión programática
para aproximarlo a las nuevas propuestas de articulación
y concentración; se fortalezcan las unidades territoriales
de la OEI -Oficinas Regionales y Técnicas- en tanto espacios
de conexión permanente con los países; se exploren
y apliquen nuevos modelos de intervención que permitan una
mejor adaptación a las realidades locales, a la sostenibilidad
de las acciones y a los desafíos vigentes de la cooperación
internacional; se impulsen mecanismos renovados de difusión
externa, y, sobre todo, se adopten esquemas estables de seguimiento
y evaluación de la acción de cooperación de
la OEI.
Este último es quizá el aspecto metodológico
que exigirá una mayor atención y, en consecuencia,
que deberá constituir el principal reto del próximo
período. A partir de los significativos esfuerzos realizados
en la mejora del seguimiento de las actividades desarrolladas, es
preciso avanzar en la elaboración de un modelo de evaluación
continua y en su aplicación progresiva.
La actividad programática de la OEI se encuentra
suficientemente madura como para abordar adecuadamente el diseño
de un sistema estable de evaluación. Ello implica la extensión
de los mecanismos de seguimiento técnico y presupuestario,
así como la incorporación paulatina de procedimientos
de evaluación permanente de las actividades desarrolladas;
de evaluación periódica de los proyectos, programas
y líneas de cooperación; de mecanismos de consulta
regular a los países, mediante las Mesas de Cooperación,
acerca de su valoración en cuanto a la pertinencia y viabilidad
de las diversas iniciativas desarrolladas; de evaluación
singular de aquellas acciones con una especial relevancia; de evaluaciones
externas periódicas del conjunto de la Programación.
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