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El presente número de la Revista Digital está destinado a tratar
el tema de la innovación como factor de crecimiento económico
y desarrollo de ventajas competitivas. El artículo de René
Villareal, tiene el propósito de proponer un modelo de competitividad
sistémica sustentado en seis círculos de la competitividad: (i)
microeconómica; (ii) mesoeconómica; (iii) macroeconómica;
(iv) internacional; (v) institucional y (vi) político-social. El enfoque
de competitividad sistémica plantea la interrelación entre los
diferentes niveles económicos y sus actores, donde el capital intelectual
es de suma importancia y requiere de un Sistema Nacional de Innovación
(SIN) y empresas que el autor las denomina tipo IFA: inteligente en la organización,
flexible en la producción y ágil en la comercialización.
Asimismo, Villareal promueve que las políticas públicas no solamente
se planteen a nivel nacional, sino también a nivel regional, sectorial
y de cluster.
El trabajo de Alberto Terneus, Marta Borda y Carlos Marschoff, reflexiona
sobre el Sistema Nacional de Innovación de Argentina, utilizando amplios
recursos estadísticos. Entre sus principales conclusiones se destacan,
primero, que la baja incidencia de las actividades de alta y medio alta densidad
tecnológica obedece al perfil productivo dominante, intensivo en productos
de bajo contenido tecnológico (representan más del 75% de las
exportaciones); segundo, y vinculado con lo anterior, las actividades de innovación
de las empresas no tienen impacto internacional; tercero, el número de
empresas con disposición a innovar es muy reducido, y a su vez la demanda
de recursos financieros estatales tiende a declinar cuando las exigencias de
cofinanciamiento son crecientes; cuarto, que las políticas activas de
promoción a la innovación tecnológica han posibilitado
que un segmento de pequeñas y medianas empresas haya incursionado en
el desarrollo de productos y/o procesos de mayor altura innovativa, lo cual
es indicador de un mercado real para inversores en proyectos innovativos.
El artículo de Pablo Sierra, también sobre el caso argentino,
privilegia el enfoque de los sistemas locales de innovación. Por un lado,
muestra que el nivel de desarrollo de los sistemas locales de innovación
está asociado a la convergencia de factores múltiples y diferenciados.
En algunos casos, a las redes de empresas y vínculos entre éstas,
impulsadas por cámaras empresariales, y en otros al grado de concentración
de actividades científico- tecnológicas, expresadas en investigadores
y quehaceres investigativos orientados efectivamente a la resolución
de problemáticas territoriales. A partir de información secundaria,
Pablo Sierra observa que las actividades de I+D, particularmente de las instituciones
públicas, no se apoyan en un profundo conocimiento de las necesidades
específicas de las empresas, lo cual conspira para crear vínculos
entre los actores territoriales de un sistema local de innovación. Sin
embargo, concluye que un condicionamiento mayor y más difícil
de enfrentar son la apatía de las firmas a la innovación y el
bajo interés para la construcción de redes interempresas y vínculos
institucionales con la oferta de servicios tecnológicos. También
señala que en el caso argentino otro problema adicional es que el alto
grado de concentración económica obstaculiza la creación
de ambientes locales innovativos. Al igual que el trabajo de Terneus y otros,
Sierra abunda en propuestas de política pública para el desarrollo
y consolidación de los sistemas locales de innovación.
Por último, el artículo de Eduardo Bitrán está
también orientado a la definición de políticas públicas
tendientes a promover la innovación tecnológica para el crecimiento
económico. Bitrán basa sus propuestas en el enfoque de las ventajas
competitivas basadas en conglomerados productivos (clusters) y en la literatura
sobre los sistemas nacionales de innovación. Sugestivamente, que seguramente
dará lugar a polémicas, el autor se inclina por la selectividad
en el financiamiento estatal de las actividades de I+D, con base en las señales
del mercado de bienes y servicios. En tal sentido recomienda vincular al SIN
con los sectores exportadores de recursos naturales más dinámicos
para consolidar clusters. Para alcanzar alta efectividad de la dinámica
de innovación asigna un rol protagónico a un buen funcionamiento
del mercado de capitales, a la formación de recursos humanos y a un sistema
de financiamiento de la I+D orientada a las figuras del cofinanciamiento estado/empresa
por la vía de los subsidios directos y menos por las franquicias impositivas.
En términos generales los cuatro artículos convalidan los desarrollos
teóricos de la escuela neoschumpeteriana de la economía de la
innovación y el enfoque del Sistema Nacional de Innovación, concepto
que proporciona una visión interactiva y holística para abordar
la compleja problemática del conocimiento y la innovación. En
la medida en que buena parte del esfuerzo innovativo y las interacciones que
lo incentivan se localizan en determinados territorios geográficos, los
SIN se basan y se nutren de los denominados Sistemas Locales de Innovación,
cuya dinámica y potencialidad está cada vez más reconocida
por los actores políticos y sociales. Si bien el enfoque del SIN no brinda
elementos normativos demasiado precisos para la formulación de políticas,
su fuerza radica en enfatizar la necesidad de articular los diversos procesos
de aprendizaje científico-tecnológico de los distintos actores
e instituciones, de privilegiar la demanda sobre la oferta al incentivar la
creación de conocimientos y de otorgar importancia comparable a la generación
de innovaciones y adopción de tecnologías competitivas en sectores
tradicionales. De todas maneras el patrón o perfil productivo de los
países, expresado en la composición de las exportaciones según
el mayor o menor contenido tecnológico (siguiendo la clasificación
propuesta por Pavitt), es muy determinante. También influyen aunque en
menor medida, los niveles de aceptación de la construcción de
redes y vínculos entre las empresas de un territorio, la densidad científico/tecnológica
instalada, en términos de cantidad de investigadores y orientación
de las actividades científicas y tecnológicas. Finalmente, tal
como concluyen los autores de los artículos, las políticas públicas
promotoras de la innovación son claves para desarrollar un mercado real
de inversiones de alto y medio alto contenido tecnológico.
Cabe destacar que la experiencia práctica de algunos de los autores
en la administración de instrumentos promocionales de innovación
y en otros de un alto grado de vinculación con las empresas y las instituciones
estatales del SIN, confieren a este número de la revista digital un valor
agregado para los gestores de políticas públicas. En efecto, primero,
porque la evidencia empírica que se indican en los trabajos confirman
la razonabilidad de los enfoques del SIN y de los clusters; segundo, porque
el subdesarrollo de los mercados de capitales y de la ausencia de financiamiento
crediticio a la innovación en los países de la región limita
estructuralmente la capacidad de que las empresas privadas incursionen masivamente
en actividades innovativas; tercero, porque aún con matices América
Latina ha introducido políticas de financiamiento no crediticio e incentivos
fiscales, con resultados no concluyentes que merecen continuar analizándose;
cuarto, porque el financiamiento de las actividades de I+D deberían ser
discutidas en términos de neutralidad y selectividad, en el caso de países
con limitados recursos estatales para fomentar la investigación científica
y tecnológica, y finalmente, seguirá siendo polémico definir
el razonable equilibrio entre fomento del desarrollo de nuevos productos y/o
procesos y, por otro lado, difusión de nuevas tecnologías disponibles
(electrónica, biotecnología, etc) en sectores exportadores de
bienes intensivos en recursos naturales.