Número 6 / Mayo - Agosto 2003
Artículos


Políticas de Innovación en Cuba: Una revisión de las políticas aplicadas en el desarrollo de la Industria Biotecnológica asociada a la Salud

Francisco García FernándezI
Oscar Chassagnes IzquierdoII


Resumen.

El trabajo se estructura en dos partes. Inicialmente revisa el estado del arte en las políticas de innovación, enfatizando en las propuestas más difundidas sobre el tema y se elabora una propuesta propia de estas políticas para países subdesarrollados y en particular para el caso de Cuba. En un segundo momento, se revisan críticamente las políticas de ciencia y tecnología instrumentadas en Cuba. En tal sentido se realiza un examen de aquellas políticas que se han aplicado en el desarrollo de la industria biotecnológica asociada a la salud y se hace un balance de los factores que han contribuido al desarrollo de capacidades innovativas en este sector, señalando los obstáculos que traban su desarrollo y su inserción en la economía internacional.

This paper is structured into two parts. Firstly, the state of the art in the innovation policies is revised, emphasizing the best known propositions about the issue and a particular proposition is offered for underdeveloped countries, and for the specific case of Cuba. Secondly, the scientific and technological policies applied in Cuba are analyzed critically. Therefore, a revision of those which have been applied in the development of the biotechnological industry, associated to health, is made and it is offered a balance of the factors which have contributed to the development of the innovative capabilities in this area, outstanding the obstacles which limit their development and insertion in the international economy.

Palabras Claves: políticas de innovación, competitividad, equidad, Sistema Innovativo Nacional, industria biotecnológica.

1. Introducción

Existe casi un reconocimiento explícito por parte de académicos y empresarios de que el conocimiento y su conversión en innovaciones, es un factor clave para cualquier estrategia exitosa, empresarial o de país, que pretenda sostenerse en el tiempo. Muchos países hoy en día adoptan políticas dirigidas a incentivar el desarrollo de conocimientos y la introducción de innovaciones por parte de las organizaciones ya sean privadas o públicas, con el propósito de promover la prosperidad nacional y mejorar la competitividad de sus bienes y servicios, tanto en los mercados nacionales como en los externos.

La posibilidad de alcanzar el éxito en el desarrollo de industrias con nuevo conocimiento incorporado en los países de escaso desarrollo económico, depende de múltiples factores, pero sobre todo es reconocido que la existencia o carencia de dos de ellos, tiene importancia decisiva. En primer lugar, el stock de conocimiento necesario para emprender el desarrollo, cuyo depositario son los recursos humanos y cuya preparación y capacidad son determinantes, tanto para transferir el conocimiento -adecuándolo a las condiciones específicas de cada organización o país- como para generar nuevo, que sirva para producir innovaciones de productos y/o servicios; y en segundo lugar, la voluntad política de los gobiernos de instrumentar medidas económicas que sirvan para captar y orientar los escasos recursos financieros y tecnológicos hacia los sectores que mayor prosperidad proporcionen al país, así como de propiciar un entorno favorable estableciendo reglas claras e incentivos suficientes para el desarrollo de estos sectores.

La economía cubana ha sido objeto durante las últimas cuatro décadas de profundas transformaciones socioeconómicas, a partir de la instauración de un modelo de economía estatalmente centralizada que intentó transformar la estructura productiva, asignando desde el inicio de la década de los 60, un papel decisivo al desarrollo científico y educacional del país. Sin embargo, a pesar del esfuerzo realizado, que se materializó en gigantescos recursos destinados a la promoción de estos sectores, esto no permitió cambiar sustancialmente la estructura técnico-productiva y del comercio exterior, ni tampoco, pasar a tasas de crecimiento económico similares a las de los países que se han enfrascado en procesos exitoso de desarrollo, como los “tigres asiáticos” y la China de las dos últimas décadas. La profunda crisis que sacudió la economía del país desde principios de la década de los 90, obligó al gobierno a replantearse el modelo de desarrollo, sobre todo debido a la desaparición de las ventajosas relaciones económicas y financieras existentes con la antigua Unión Soviética (García et al., 1995, p. 85).

Con una estrategia selectiva tendiente a impulsar sectores, como el turismo, la biotecnología y la industria médico-farmacéutica, se ha pretendido capitalizar las inversiones hechas en la preparación de cuantiosos recursos humanos durante casi 40 años para intentar reactivar la economía del país, junto al logro de una estabilidad macroeconómica aceptable hasta hace dos años. Aunque se logró una reanimación del crecimiento desde de mediados de los 90 con tasas de entre 4 y 6 por ciento, desde fines del 2000, la economía entró nuevamente en una fase de contracción económica, que ha empeorado sustancialmente a partir del último trimestre del 2001.

La economía cubana necesita reformas más profundas que permitan transformar cualitativamente la economía del país, modificando su estructura industrial y de servicios, que eleven su capacidad tecnológica acorde con los requerimientos competitivos internacionales. Pero para lograr esta meta, el gobierno tiene que diseñar políticas apropiadas que permitan edificar capacidades innovativas, corregir las desigualdades sociales que han aparecido en los últimos años y utilizar los recursos humanos preparados para construir competencias empresariales y por tanto, generar los beneficios que sustenten un crecimiento elevado y relativamente estable, independiente de los vaivenes que producen en el país la dependencia extrema de los ingresos externos por los movimientos cíclicos de los precios.

Este trabajo en una primera parte se ocupa de examinar el estado del arte en las políticas de innovación, enfatizando en las propuestas más difundidas sobre el tema, además, se presenta una propuesta propia de políticas de innovación para países subdesarrollados y en particular para el caso de Cuba. En un segundo momento, se revisan críticamente las políticas de ciencia y tecnología instrumentadas en Cuba, finalizando con las que se han aplicado en el desarrollo de la industria biotecnológica asociada a la salud.

2. Políticas de innovación: la búsqueda de la competitividad con equidad en condiciones de cambio tecnológico acelerado(1)

La teoría económica neoclásica sostiene que el crecimiento y la distribución equitativa se oponen por naturaleza propia, pues una distribución que no corresponda a aquella que brota de las leyes del mercado, distorsiona el mecanismo del ahorro, fuente indispensable de la inversión. Incluso las concepciones más modernas plantean que las políticas deben acompañar el funcionamiento del mercado, no ir en su contra, evitando costosas políticas redistributivas del Estado del Bienestar General (Lacave, 2000, p. 74). Alterar este mecanismo supondría, trastornar la propensión al ahorro de los sectores de más altos ingresos y por consiguiente, que desaparezcan las fuentes del crecimiento económico. De esta forma, la desigualdad acompañaría inevitablemente todos los intentos de desarrollo económico. Las experiencias internacionales enseñan, en diferentes latitudes, como en América Latina (Brasil, por ejemplo), casos de países con crecimiento y elevadísimos niveles de desigualdad en la distribución de los ingresos. Los países del Sudeste Asiático (nos referimos a la primera generación de los "nuevos países industrializados"), por el contrario, han combinado crecimiento económico acelerado y niveles de distribución con menos disparidades sociales (Fanjzylber, 1989, p. 87).

Para el caso de Cuba, enfrascada en el intento de instrumentar un proyecto de desarrollo propio, la necesidad de combinar el crecimiento económico, sin una pérdida de equidad sustancial, constituye un reto teórico y práctico y una condición sine qua non para la perdurabilidad del proyecto mismo.

2.1 La perspectiva contemporánea de las políticas de innovación.

Las políticas de innovación han tomado auge en la última década, precisamente ante el reto de competitividad que el cambio tecnológico acelerado le ha planteado a todas las economías. Es un hecho, que la globalización, así como la liberalización de los mercados financieros al limitar drásticamente el campo de acción de las políticas fiscal y monetaria abrieron un espacio a estas políticas como instrumentos alternativos. Los países de la Unión Europea, indiscutiblemente, son los que marchan a la cabeza del debate teórico acerca de la implementación de esas políticas y de la creación de estructuras a través de programas y directivas de la Comisión Europea.

Estas políticas se han convertido en un arsenal de instrumentos de transformación y regulación, ante el rechazo a las tradicionales políticas sectoriales de intervención anteriormente utilizadas. Las políticas de innovación comprenden un conjunto de acciones de incentivo e impulso a las actividades de innovación industrial y desarrollo tecnológico, donde hasta ahora el principal instrumento utilizado, ha sido el gasto público en Investigación y Desarrollo.

Una de las definiciones más aceptadas en el mundo académico se la debemos a Lundvall y Borras, que entienden las políticas de innovación como “...el conjunto de elementos de política científica, tecnológica e industrial cuyo objetivo explícito es promover el desarrollo, la difusión y el uso eficiente de nuevos productos, servicios y procesos en mercados o al interior de organizaciones públicas y privadas” (Lundvall et. al., 1997, p.12 ).

Otra definición cercana a la anterior, pero con un alcance menor, entiende por políticas de innovación al “...conjunto de acciones políticas dirigidas a elevar la cantidad y la eficiencia de las actividades innovativas, referidas a la creación, adaptación y adopción de nuevos o mejorados productos, procesos y servicios” (Cowan et. al., 2000, p.18).

Una de las primeras propuestas de políticas de innovación fue la de Rothwell y Zegveld (1981). Este enfoque hace énfasis en la utilización de los siguientes instrumentos de las políticas públicas:

En cuanto a los objetivos de esas políticas, las propuestas más recientes incluyen metas más amplias que las políticas tradicionales de intervención en estas áreas, pues pretenden, además de resolver los problemas de escasez de producción de conocimientos científicos y tecnológicos, contribuir al problema básico de desarrollar capacidades de aprendizaje en las organizaciones (Lundvall, et.al., 1998, p.).

En el trabajo mencionado de los autores anteriores, se destacan las tres principales líneas de acción que es necesario tomar en cuanta si se pretende instrumentar una política orientada a la innovación, a saber (Lundvall, et. al., 1998, p. ):

  1. - Políticas que afecten las presiones del cambio (políticas de competencia, políticas comerciales y la estancia de políticas económicas generales)
  2. - Políticas que afectan la habilidad para innovar y absorber cambios (desarrollo de recursos humanos y políticas de innovación);
  3. - Políticas diseñadas para defender a los perdedores del cambio (políticas regionales y sociales con objetivos de redistribución).

En el último documento de la Unión Europea sobre las políticas de innovación, “Innovation Tomorrow” (European Commission, 2002), se ofrece el enfoque más amplio y flexible que de estas políticas ha aparecido. Se insiste, a partir de un desarrollo ulterior de los trabajos de Lundvall (1997) y de Cowan R. y G. Van de Paal (Cowan et. al., 2000) en el tránsito a una “nueva generación de políticas de innovación”, de carácter horizontal, donde el énfasis fundamental se debe realizar en la acción coordinada con otras políticas (relaciones de flujo), que conviertan a la innovación en el centro de atención de cada una de ellas, tales como: comercio, competencia, propiedad intelectual, empresa, investigación, tecnologías de la información y comunicaciones, capital de riesgo, educación, cultura, impuestos, regional, empleo y medio ambiente.

2.2 Las políticas de innovación : un enfoque que combine competitividad y equidad

Con la aceleración del cambio tecnológico, el papel determinante de la innovación para el bienestar presente y futuro de las naciones y la pérdida de eficacia en la capacidad de regulación de las políticas macroeconómicas, las políticas de innovación se han ido transformando en un grupo de herramientas cada vez más necesarias en la gestión de los gobiernos para incrementar la competitividad de sus economías.

Para los países subdesarrollados las metas de competitividad son urgentes dado el retraso o ausencia de capacidades innovativas y tecnológicas instaladas en comparación con los países desarrollados. Sin embargo, estas políticas no pueden estar ajenas a las metas de equidad en tanto, los problemas de desigualdad social, son una realidad cotidiana en estas latitudes y son un obstáculo decisivo para la consecución de las metas del desarrollo y del bienestar social. Mucho más presente a partir de los años 80, con la instrumentación de la políticas neoliberales que acentuaron la concentración de los ingresos y el incremento de la pobreza y la marginalidad.

La propuesta que sugerimos parte de la consideración, de que las políticas de innovación deben integrar adecuadamente el objetivo de competitividad y la búsqueda y mantenimiento de la equidad, como la combinación lógica y adecuada capaz de transformar las economías subdesarrolladas en economías que sustenten su crecimiento económico, a partir de niveles superiores de competitividad con base en la innovación científica y tecnológica. En caso contrario, la sustentabilidad de un proyecto de desarrollo partiendo de condiciones de subdesarrollo, no estaría garantizado, pues la equidad vista desde la redistribución se lograría, sobre todo como intento, a partir de los ingresos generados y recaudados por parte del Estado, con fuentes que proceden de la exportación de productos de bajo valor agregado.

Los ingresos que provienen de la especialización intersectorial histórica sobre la base de ventajas comparativas del país, constituyen un capital acumulado en términos de infraestructura, fuerza de trabajo entrenada, experiencia, tecnología propia, con mercados ya establecidos y con la posibilidad de abrir nuevos. Sin embargo, constituyen producciones con baja elasticidad-ingreso de la demanda, poca intensidad de las economías de escala, precios con carácter cíclico muy acusado con tendencia regular a la baja y bajo potencial de incorporación de innovaciones tecnológicas. Es conocido que muchos de sus productos compiten con sustitutos en los mercados. Al respecto Fanjzylber plantea: "estos logros (se refiere a aquellos que desembocan en el incremento de la equidad por la vía del crecimiento del empleo formal, de la educación, crecimiento de la productividad y del empleo, etc.) no necesariamente se verifican en aquellos casos en que la competitividad se logra sobre la combinación de una renta geográfica o de recursos naturales y a expensas de las remuneraciones laborales" (Fanjzylber, 1989, p.110).

La especialización intersectorial sobre la base de la explotación de recursos primarios, puede servir de fuente importante para revalorizar las ventajas comparativas, promoviendo su modernización tecnológica y la incorporación al Sistema Innovativo Nacional. Esta posibilidad podría existir para Cuba, si se logra identificar y llevar a la práctica una gama de productos exportables (por ejemplo, a partir de la industria azucarera, las frutas, la pesca, etc.), de alta calidad, intensivos en tecnologías y con un mercado potencial suficiente que haga rentables inversiones nacionales y/o extranjeras. Sin embargo, en ningún caso sería aconsejable apoyar solamente la sustentabilidad de un proyecto perspectivo, en la especialización internacional basada en ventajas comparativas dinámicas.

Al respecto, J. Katz y G.M. Burachik coincidiendo con lo anteriormente planteado por Fanjzylber plantean que: "...no dejan de urgir dudas acerca de la viabilidad de largo plazo de un núcleo dinámico basado en bienes primarios; los rubros exportados no escapan a las tendencias al deterioro de los términos de intercambio... Este aspecto reinstala en un primer plano el viejo debate prebishiano acerca de la viabilidad de mediano y largo plazo de una inserción internacional basada en productos de exportación intensivos en recursos naturales, debate que muchos economistas latinoamericanos contemporáneos parecen haber olvidado" (Katz, et. al., 1990, p.32). Es cuestionable por consiguiente, a pesar de los éxitos que en el corto y mediano plazo puede ofrecer, un modelo del tipo anterior -caso chileno por ejemplo-, que centra su desarrollo en la creación de un polo de competitividad basado en la explotación de recursos naturales y que funciona como un único núcleo duro del Sistema de Innovación Nacional. Sin embargo, lo anterior no significa que deba ser descartado el aprovechamiento de esas ventajas relativas, todo lo contrario, pues deben ser incorporadas al perspectivo proyecto de desarrollo cubano, donde el núcleo dinámico innovador resida fuera del área de las ventajas comparativas dinámicas, es decir, en el área de las ventajas competitivas.

Por el contrario, un crecimiento basado en una competitividad a partir de la innovación en áreas más dinámicas, tendría fuentes diferentes, alternativas, a partir de la innovación tanto de productos; conocimientos científicos, diferenciación de variedades, como de la innovación de procesos, que implica el aprovechamiento de economías de escala, estáticas y dinámicas (Alonso, 1993, p. 59). Estas fuentes de ventajas competitivas, creadas y renovables por todo el sistema productivo y donde el papel de las empresas; mixtas, extranjeras, estatales, y privadas, como agente económico, es muy activo, transformarían la cualidad y la cantidad del crecimiento económico y, por tanto, de los ingresos generados. El papel redistribuidor del Estado se transforma, pues combina las fuentes de financiamiento y de sostenimiento de la equidad a partir de las ventajas comparativas dinámicas -utilizando capacidades creadas en el pasado y potenciadas en el presente a partir de tecnologías modernas, ya sean de producción o de gestión, agregando valor y diversificando el producto final-, y de las nuevas ventajas competitivas, logrando bases más sólidas para la sustentabilidad del modelo de desarrollo.

Así, la especialización que surge del desarrollo de nuevas ventajas del país -ventajas absolutas, base de las ventajas competitivas-, como son las áreas de alto contenido tecnológico que siguen las tendencias del nuevo paradigma técnico-económico, se constituyen en el núcleo más dinámico del Sistema Innovativo Nacional, centro generador de innovaciones hacia toda la estructura productiva.

De esta forma, al menos parcialmente, la equidad podría ser garantizada, no sería un obstáculo al crecimiento, en la medida en que este se sostenga en el largo plazo, en la incremento de la competitividad a partir del cambio tecnológico, generador de ventajas competitivas y de ventajas comparativas dinámicas.

Ahora bien, este proceso se auto refuerza, sellándose en una suerte de "círculo virtuoso", cuando introducimos en el enfoque la dirección inversa. Es decir, el papel de la equidad como estímulo al incremento de la competitividad con base en el cambio tecnológico y por esta vía al crecimiento. Algunos autores han explorado este mecanismo, como J. Casar (1993), el cual denomina "bases microeconómicas de la equidad" .

Es decir, la equidad supone una transformación de las pautas del consumo, donde el mayor peso en el consumo nacional lo tienen los medios de consumo que integran la canasta básica de los trabajadores. Este proceso genera un mecanismo retroalimentador sobre las industrias que generan estos bienes, que se traduce en un incremento de la tasa de acumulación y en un aumento de la oferta de bienes de consumo de la canasta básica.

La equidad también supone el acceso gratuito a la educación y a otros servicios públicos, en condiciones de igualdad de todos los miembros de la sociedad. De esta forma, los medios destinados a la conservación de la equidad se convierten en una importante fuente para entrenar los recursos humanos capaces de incorporar intangibles, calidad, informatización, en fin alto valor agregado a la producción en el manejo de las tecnologías modernas del nuevo paradigma, incrementándose las exigencias al aprendizaje y a la calidad del sistema educacional. Así, desde la equidad se crean las bases potenciales y capacidades profesionales para el aumento de la competitividad sobre la base del desarrollo científico-tecnológico.

Desde la óptica inversión-ahorro y su relación con los canales destinados a la redistribución, en la mayoría de los países subdesarrollados, la privatización a ultranza ha cercenando en muchos casos, las fuentes acumulativas para un desarrollo científico-tecnológico propio y de la competitividad en caso de que se aspirara a palear la diáspora de las desigualdades sociales por vía redistributiva. Por otro lado, a pesar de que las teorías convencionales argumentan, como se ha dicho anteriormente, que la distribución desigual del ingreso favorece el incremento del ahorro destinado a la inversión, la realidad de una gran parte de los países subdesarrollados demuestra lo contrario. Primero, el crecimiento económico no es una condición para la disminución de las desigualdades sociales. Segundo, el crecimiento de las desigualdades no es una condición del crecimiento económico (Navarro,1997, p.49).

Contrariamente para Cuba, promover la competitividad en condiciones de equidad supondría, utilizar la propiedad estatal sobre los medios de producción, permitiendo centralizar los recursos financieros, materiales y humanos, lo que podría compensar así la pérdida del ahorro por la redistribución equitativa de los ingresos. No se descarta también utilizar otras fuentes de ahorro, incluso interno, pues es determinante el papel que las remesas han tenido en los últimos años en el financiamiento del déficit presupuestario. Estas condiciones hacen posible el diseño de una política de desarrollo selectiva de sectores y ramas, reorientando los escasos recursos financieros hacia aquellas direcciones estratégicas que los planes perspectivos del país indiquen, como los de mayor capacidad de arrastre e influencia sobre el resto de la economía.

Al mismo tiempo, si los instrumentos de política fiscal para ampliar la fuente de la redistribución de los ingresos, garante de la equidad, estimulan simultáneamente la expansión económica (como ha estado ocurriendo con las asociaciones de capital extranjero), resulta viable el sostenimiento de la equidad por la vía redistributiva y el desarrollo de condiciones centradas en la competitividad a base del nuevo paradigma técnico-económico. Esto es válido ya que el mismo canal que genera la fuente para la redistribución de ingresos, se transforma en una vía expedita para el desarrollo de la economía en estas nuevas condiciones.

Bajo esta visión, la equidad se convierte en fuente de desarrollo y no en un desangramiento de los recursos destinados a la inversión. Por tanto, la expansión económica basada en la competitividad estructural se presenta como condición indispensable, necesaria, pero insuficiente, para garantizar la equidad. La condición suficiente está vinculada directamente al sentido de la equidad que tiene como sostén la óptica de la producción y de la redistribución.

El conjunto de transformaciones que han tenido lugar en Cuba en los primeros años de la década de los 90, si bien provocaron un efecto positivo en el crecimiento económico, al mismo tiempo han afectado seriamente los niveles de equidad existentes antes de 1990. Las mejores condiciones de trabajo y retribución característico de determinadas empresas de la esfera productiva y de servicios enlazadas por la divisa tanto en las asociaciones con capital extranjero, como en las estatales, generan una diferenciación económica y social de los ingresos con relación al resto de la sociedad que incluso trabajadores con igual o mayor calificación reciben menores ingresos que aquellos empleados por las mencionadas empresas.

3. Políticas de ciencia y tecnología en Cuba

3.1 Políticas de ciencia y tecnología durante la inserción en las antiguas economías socialistas.

Algunos autores han distinguido la instrumentación de la política científico-tecnológica en este período en tres etapas (García Capote, 1999, pp. 135-148). Una primera, que abarca desde 1962 hasta 1976 y que García Capote ha denominado “política de promoción de la ciencia”, en cercana alusión a Freeman que la ha llamado “política desde el lado de la oferta”. Esta es una etapa caracterizada por el esfuerzo gubernamental en crear entidades científicas en múltiples campos en un intento de llenar el espacio institucional en materia de centros productores de conocimientos científicos y que no se corresponde con los planes de desarrollo económico y social que se trazaron en los primeros años del triunfo revolucionario. Naturalmente, esta visión corresponde con el modelo lineal de innovación que domina en esos momentos en los sistemas de ciencia y tecnología en el mundo y que en los países socialistas de Europa del Este y en Cuba en particular, se arraigo profundamente, siendo incapaces de superarlo incluso en etapas posteriores.

Es evidente, que ante la casi ausencia de generación de tecnologías domésticas, se hiciera énfasis en la transferencia tecnología como vía fundamental para construir las capacidades tecnológicas que requería el país, que garantizaran los planes de desarrollo que durante esos años se estaban concibiendo. El esfuerzo máximo se concentró sobremanera en formar los profesionales que se necesitaban para poder cumplir las metas de desarrollo, especialistas capaces de responder a los retos que la ciencia y el desarrollo tecnológico exigían.

La ruptura de las relaciones económicas y políticas con los Estados Unidos y el acercamiento político que se va produciendo, con sus altibajos en los años 60, a la URSS y sus socios europeos, convierten en el curso de una década, a este grupo de países, en la principal fuente de origen de las tecnologías importadas. Esto trajo consecuencias de una profunda trascendencia. Fue necesario una completa reconversión de las capacidades tecnológicas de la industria nacional, ante la pérdida del mercado tradicional de tecnologías e insumos de todo tipo. Industrias, como la del níquel, quedaron paralizadas, sobre todo por la marcha de casi todo los ingenieros y personal calificado que allí trabajaba, así como la ausencia de todo tipo de asistencia técnica y piezas de recambio. Se plantea que abandonó el país en los dos primeros años después de 1959, más de la mitad de la fuerza de trabajo mejor preparada que existía. Esto demuestra que la tarea más urgente era sin dudas la formación de nuevos especialistas calificados en los más variados campos de las ciencias y las tecnologías. Una parte importante de los futuros científicos y tecnólogos fue a prepararse a la antigua URSS, incluso desde los mismos años 60, incrementándose paulatinamente la cifra de estudiantes que anualmente allí se preparaban hasta llegar a más de 5.000 personas al mismo tiempo. Existe un reconocimiento implícito en la política de investigación y desarrollo nacional, de que los recursos humanos calificados son imprescindibles no solo para producir nuevos conocimientos, sino también para la adaptación de las tecnologías extranjeras al contexto específico de cada empresa.

Una de las primeras medidas del nuevo gobierno fueron relativas a la tenencia de la propiedad(2). Surgió una amplia propiedad estatal, inicialmente resultado de las nacionalizaciones efectuadas de las grandes empresas norteamericanas y también algunas de origen nacional. Solo quedarían en manos privadas pequeños negocios, que son nacionalizados en 1968 y una parte de la tierra. Este nuevo modelo de propiedad existente se reflejó también en el sistema innovativo que se iba creando, pues los actores fundamentales, todos son agentes estatales, tanto las instituciones de investigación científica y tecnológica, como las empresas que debían adoptar los conocimientos allí producidos. Es decir, a diferencia de otros contextos, la empresa privada, no participa en el sistema innovativo que se va gestando, pues rápidamente desaparece del escenario nacional y lo que queda es insignificante en términos de producción o adaptación de tecnologías.

En los años 70, Cuba se convierte en miembro pleno del COMECOM (Consejo de Ayuda Mutua Económica) y se crean instituciones homólogas a las existentes en esos países, encargadas de dirigir la investigación científica y tecnológica así como las relaciones externas en este campo, fundamentalmente con la URSS y el resto de los países socialistas de Europa del Este. Se crearon el Consejo Nacional de Ciencia y Técnica (1974) y el Comité Estatal de Ciencia y Técnica (1976), ambas entidades tenían como propósito coordinar mejor las actividades relativas a la investigación y desarrollo, pero haciendo un esfuerzo mayor desde el lado de la demanda. Esto marca un segundo período en la instrumentación de las políticas científico-tecnológicas que se extiende hasta fines de los años 80 y principios de los 90 cuando tiene lugar la irrupción de la crisis que modificó todo el esquema de inserción internacional de la economía cubana y que repercutió necesariamente en la gestión interna de la economía. En esta etapa se idearon mecanismos con el propósito de acelerar la transformación de los resultados de las investigaciones científicas en tecnologías disponibles e utilizables por las empresas estatales. El Plan de Coordinación por Problemas Vigentes (desaparece en 1985) cuyo objetivo fundamental era incorporar en un único plan a productores y usuarios del conocimiento. El Programa Científico-Técnico, el cual ante los escasos resultados del Plan de Coordinación intentó alcanzar “un mayor grado de integridad, que reconocía más nítidamente a los productores y usuarios y propiciaba con mayor definición su incorporación, así como la de otros agentes del cambio tecnológico” (García Capote, 1999, pp. 135-148).

Sin embargo, fueron escasos los resultados prácticos obtenidos, así como fue imposible ordenar adecuadamente a escala nacional todo el potencial científico construido desde el inicio de los años 60. Evidentemente, ya desde estos años se demostraba que el modelo lineal, en términos de “empuje de la ciencia”, es insuficiente para inducir la transferencia del conocimiento y de la tecnología hacía las empresas productivas. Se descansó absolutamente en la transferencia tecnológica desde los antiguos países socialistas. Las empresas estatales se limitaban exclusivamente a encarar localmente esfuerzos “adaptativos”, en la mayoría de los casos con materias primas importadas, pero en muy pocas oportunidades a desarrollar tecnologías verdaderamente novedosas a escala mundial. Las empresas cubanas insertas en el modelo de gestión propio de los países miembros del CAME no tenían autonomía jurídica ni económico-financiera para decidir acerca de la mejor opción tecnológica. Se desarrolló entonces, en esta materia, una “cultura” innovativa burocratizada y poco tendiente a establecer y buscar vínculos entre los centros de investigación científica (por ejemplo, universidades, centros de investigación, etc.,) y las empresas productoras de bienes y servicios. Estas relaciones en la mayoría de los casos, eran extremadamente débiles, cuando existían, pues no constituían un objetivo explícito y prioritario, conectándose más con centros académicos o tecnológicos ubicados en los países de Europa del Este y en la antigua URSS. Un rasgo común compartido fue el desarrollo de una “cultura” de funcionamiento basada en jerarquías, rutinas burocráticas de gestión del gasto de I+D que poco tenían que ver con una real dinámica innovativa. Las empresas estatales al no basar su funcionamiento en criterios de desempeño y en premios y sanciones asociados a la transferencia de resultados al aparato productivo, la gestión fue gradualmente adaptándose a un modelo burocrático de “baja restricción presupuestaria”.

Hasta 1982 el país mantuvo determinadas relaciones comerciales (entre el 15 y 20 por ciento de su comercio exterior) con socios occidentales de donde se importaron algunas tecnologías y bienes de consumo. Sin embargo, a partir de 1979 Cuba comienza a tener serias limitaciones para acceder al crédito internacional en moneda libremente convertible, que llega a su máximo deterioro en 1982 cuando las condiciones financieras internacionales se agravan, reduciéndose drásticamente el acceso a cualquier tipo de financiamiento en este tipo de monedas. Esta situación determinó, una integración más profunda de la economía cubana en las economías socialistas, en particular, en la soviética, la que llegó a concentrar más del 70 por ciento del intercambio externo total en 1985 (CEE, Anuario Estadístico de Cuba, 1985).

Con la crisis de fines de los 80 y principios de los 90 se inicia una nueva etapa que marca un viraje en el sistema innovativo cubano y en las políticas aplicadas en este campo. Ante todo hay que tener en cuenta que dada la profundidad y duración de la crisis, se afectaron ampliamente el gasto en investigación y desarrollo, así como todos los sectores de amplio contenido social: la educación, la salud pública, la seguridad social(3). El gasto en I+D cayó a menos de un 1% del PIB, recuperándose a fines de los noventa a un 1,17%, escaso aún según los parámetros internacionales que marcan los países más avanzados (CITMA, 1998, p. 9). Sobre todo fue relevante el retroceso en el nivel de matriculación de la educación cubana, incluso a nivel universitario, lo que pone de relieve la crisis y la falta de incentivos a estudiar por los bajos salarios y escasas posibilidades de empleos bien remunerados.

Sin embargo, lo nuevo del período esta dado en dos aspectos básicos; primero, en el énfasis que pone el gobierno desde mediados de la década del 80, en dirigir cuantiosas inversiones, al desarrollo de una industria de alta tecnología, fundamentalmente la biotecnología y la médico-farmacéutica, no integrada en los acuerdos del Consejo de Ayuda Mutua Económica y segundo, el diseño de una concepción de sistema nacional innovación diferente al anterior, donde se pretende potenciar el papel de la innovación tecnológica en el desarrollo del país, organizando los esfuerzos en base a proyectos y programas vinculados a la solución de problemas concretos existentes en sectores, industrias o territorios (la alimentación humana, la salud pública, que incluye la fabricación de medicamentos, la búsqueda de nuevos fondos exportables, la sustitución de importaciones , el ahorro de energía, entre otros).

La reestructuración del sistema innovativo pretende superar las deficiencias pasadas a través de una mejor estructura institucional creando nuevos mecanismos y espacios (ej. los Polos Científico-Productivos, Forum de Ciencia y Técnica) que promuevan la transferencia de las invenciones e innovaciones hacia los posibles usuarios. El entorno financiero, que siempre ha sido uno de los pilares más débiles del sistema innovativo cubano, se ha ido adaptando, aunque naturalmente muy lentamente y sin salvar todas las deficiencias de escasez de recursos, involucrando al sistema financiero nacional (ya están a disposición de las empresas algunos instrumentos para financiar actividades de I+D) y en parte a las empresas estatales.

No obstante, la escasa cultura innovativa existente entre los dirigentes empresariales y sobre todo, la falta de premios directos a todo el personal de I+D han limitado los resultados del esfuerzo realizado. Así, se reconoce el hecho de que el “...esfuerzo innovativo no responde aún a estrategias integrales surgidas de los sectores productivos, lo que conlleva muchas veces a esfuerzos importantes para lograr introducir o generalizar las invenciones que se han generado por determinados colectivos. En general no se logra todavía una correcta identificación de las demandas tecnológicas de los sectores de producción de bienes y servicios, ni una adecuada articulación de las mismas con las posibilidades del potencial científico-nacional” (IDICT, 2000, p. 121).

Un caso especial, es el sector biotecnológico, donde los esfuerzos datan de mediados de los años 80. El éxito del desarrollo de las capacidades endógenas creadas y por consiguiente, el aprovechamiento de las “ventanas de oportunidad” que aún puedan existir, depende en gran medida de la elección del "modelo" de desarrollo biotecnológico, que debe estar en correspondencia con las condiciones particulares y prioridades de cada país(4). En el caso de Cuba estuvo en la producción del interferón leucocitario humano, como parte del proyecto general de desarrollo de la biotecnología asociada a la salud.

3.2 Las políticas económicas instrumentadas para el desarrollo de la industria biotecnológica asociada a la salud en Cuba.

La construcción de las capacidades tecnológicas comenzaron en los primeros años de la década de los 80, cuando científicos cubanos aprendieron y adoptaron in situ de las técnicas que le posibilitaron al finlandés Karl Cantell, obtener a finales de los 70 el interferón alfa leucocitario humano. A principios de 1981 se inician los trabajos con el fin de poder transferir las tecnologías disponibles y producirlo también en Cuba, lo que se logra en mayo de ese propio año; en junio se obtenía el primer resultado positivo desde el punto de vista clínico, al tratarse con interferón cubano los pacientes afectados por una epidemia de dengue tipo 2 y posteriormente los enfermos de conjuntivitis hemorrágica aguda.

Si en un inicio la biotecnología cubana debutó como "adoptador temprano" de tecnologías desarrolladas por otros, lo que para algunos le confirió determinadas ventajas, es un hecho que la transferencia inicial de la tecnología extranjera, generó un proceso interno de aprendizaje que llevó paulatinamente a mejorar las tecnologías importadas, desarrollando capacidades innovativas propias y permitiendo desarrollar nuevos conocimientos que están muy cerca de la frontera tecnológica. Buenos ejemplos son los casos que llevaron al desarrollo de las vacunas y medicamentos contra el SIDA, la meningoencefalitis por hemófilos influenzae tipo B, la lectospirosis (Biorat) y contra el cólera, en esta última Cuba, Suecia y los Estados Unidos son los más avanzados en las investigaciones.

El aprendizaje externo fue el punto de partida del proceso de creación de las capacidades tecnológicas. Una tecnología ya existente y cuya disponibilidad la hizo accesible a un país con escasos recursos financieros. Como es sabido, el elemento más importante en este proceso, es el hombre y sus capacidades de aprendizaje. Un grupo inicial de científicos con una preparación suficiente se apropiaron in situ del conocimiento (conocimiento tácito), que sólo así, pudo inicialmente adoptarse y transferirse. Pero indudablemente, el desarrollo posterior y sobre todo la acumulación posterior del conocimiento que hizo posible su difusión a otros centros, solo fue posible por la combinación que resultó del aprendizaje externo e interno.

El éxito del aprendizaje y de la transferencia motivó al Gobierno cubano a crear un órgano coordinador de carácter nacional, el Frente Biológico, que fue encargado de impulsar el desarrollo de esta esfera en el país. En 1982 nace el Centro de Investigaciones Biológicas que entre su creación y 1986 emprende la producción de interferones humanos alfa y gamma por la vía convencional y el desarrollo de la ingeniería genética, logrando la clonación, expresión y producción de interferones alfa y gamma por la vía recombinante(5).

Paralelamente se procedió a la producción de anticuerpos monoclonales (AcM), se desarrollaron nuevos métodos de diagnóstico, se logró la síntesis química de fragmentos de genes y se adquirieron conocimientos avanzados en virología y el cultivo de tejidos(6). Se adquirió experiencia en el proceso de producción en fermentadores, escalado en fermentaciones y purificación de biomoléculas.

A fines de 1983, el Gobierno decide crear una institución de mayor envergadura, tres años más tarde se funda el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), donde se instalan capacidades para aplicar las técnicas más avanzadas de la biotecnología moderna, disponiendo de los recursos humanos preparados y capaces de transferir y adaptar el conocimiento externo disponible. En este centro se realiza desde la investigación y examen de laboratorio, toda la fase experimental, hasta el desarrollo y producción; el ciclo completo de la investigación hasta la producción misma. Con posterioridad serían creados otros grandes centros que complementarían la red de investigaciones y producciones biotecnológicas del país como son: el Centro de Inmunología Molecular (CIM), el Centro Nacional de Biopreparados (BIOCEN), Instituto Finlay, el Centro de Inmunoensayo (CIE) y otros que se han desarrollado en la dirección más avanzada de la biotecnología moderna: la de investigación, desarrollo y comercialización de equipos y productos (con aplicaciones terapéuticas y de diagnóstico) de alto valor agregado.

Estas instituciones han desarrollado alrededor de 200 productos biotecnológicos, que en su conjunto representan a largo plazo, un potencial de cientos de millones de dólares de ingresos externos anuales. Entre los principales obtenidos se encuentran:

Entre los factores del Sistema de Nacional de Innovación que han favorecido el desarrollo de las capacidades científico-tecnológicas asociadas a la salud están:

  1. La voluntad del Estado en el desarrollo de las Ciencias desde los inicios del proceso revolucionario, promoviendo cambios institucionales (creación de la Academia de Ciencias, el Ministerio de Educación Superior con importante grado de autonomía con relación a la primera, lo que propició la aparición de instituciones científicas a él subordinadas) y el diseño de una política que paulatinamente fue creando una red de instituciones científicas, directamente intervinculadas, que cooperan (science push) y que harían posible el surgimiento de las capacidades científicas endógenas que facilitaron el desarrollo de las biociencias y la biotecnología en particular(8).
  2. Los cuantiosos recursos invertidos a partir de 1959, para la materialización de una política en materia de Educación que convirtió ésta en derecho de todos los ciudadanos y en una obligación por parte del Estado; consecuencia de lo anterior fue la creación de una sólida infraestructura, el perfeccionamiento de los planes para todos los niveles de la enseñanza y el establecimiento de una escolaridad obligatoria de nueve grados de educación general. Todo ello hizo posible la existencia del nivel suficiente de calificación de los recursos humanos, condición previa esencial para el aprendizaje tecnológico sectorial y el manejo de la nueva tecnología.
  3. La importancia conferida a la creación de un Sistema Nacional de Salud diseñado para toda la población, permitió en poco tiempo el desarrollo de un sistema médico sofisticado que incluía facilidades de entrenamiento y preparación en universidades y otras instituciones científicas nacionales y extranjeras para los profesionales y trabajadores del sector, entre los que se encontraban los futuros biotecnólogos. El Sistema de Salud establecido originó al mismo tiempo demandas de perfeccionamiento a sus instituciones científicas, que fueron presionadas (demand pull) a acercarse a la frontera de los logros mundiales en este campo, lo que incluía el desarrollo de la biotecnología, que en este caso debía responder a las demandas de evolución ulterior del Sistema Nacional de Salud.
  4. La prioridad dentro de la política científica del país al desarrollo y financiamiento de los proyectos incluidos en el programa de desarrollo de productos biotecnológicos y farmacéuticos y otros asociados a la biotecnología, como el de Biotecnología agrícola. También el apoyo y seguimiento que ha tenido por parte de las máximas instituciones del Estado la investigación y producciones biotecnológicas.

Los beneficios potenciales que generan al país el desarrollo del programa biotecnológico asociado a la salud dependen en gran medida del aprovechamiento que se haga de las capacidades construidas y de las oportunidades que surgen del entorno. Estos pueden resumirse en tres momentos claves:

  1. Contribuye a satisfacer las necesidades del Sistema de Salud con el aporte de diversos productos farmacéuticos de uso terapéutico y test diagnósticos que sustituyen importaciones, ahorran divisas y cubren necesidades específicas en la elevación de la calidad de la salud del pueblo(9). Se han desarrollado más de 200 productos, algunos de ellos de carácter exclusivo, de reconocida eficiencia y calidad por lo que han recibido reconocimiento internacional.
  2. Capacidad potencial de producir rendimientos crecientes. Las innovaciones que se obtienen en esta industria tienen un campo de aplicación multisectorial pues afectan a la agricultura, ganadería, la alimentación, producción de energía, protección medioambiental, etc. Por otra parte, la industria biotecnológica diversifica su horizonte de acción lo que le permite asegurar un retorno de lo invertido en I+D que difícilmente pueda satisfactoriamente lograrse sobre la base de un solo producto. La producción de interferones, la estreptoquinasa, la interleucina, la vacuna contra la hepatitis B, el factor de crecimiento recombinante, la diversa gama de anticuerpos monoclonales que se ha alcanzado y otros, aseguran la conformación de un pool de conocimientos y recursos en una cierta área, que facilita acometer nuevos proyectos que son imprescindible para rentabilizar la inversión hecha en el proyecto original. Las llamadas economías de "flexibilidad" (multiuso) y "generalidad" dan la posibilidad de poner los mismos recursos a disposición de otras líneas de productos, ya sea dentro del sector de salud, o fuera de él ( Katz et. al., 1993, pp. 23-89).
  3. Mejora la calidad del modelo de inserción en la economía mundial. Este sector es capaz de producir innovaciones tecnológicas como base en ventajas absolutas en el comercio internacional lo que permitiría participar en los flujos de comercio más dinámicos y más rentables. Como consecuencia de lo anterior el país se dotaría de ventajas competitivas basadas en tecnologías de punta que harían muy competitiva su inserción en la Economía Mundial.
  4. Favorece el desarrollo de un "sistema científico-tecnológico", donde los centros científicos aceleran la dinámica de las investigaciones, mediante mecanismos de integración y colaboración. A su vez, interactúan con instituciones educacionales, productivas y de servicios en la rápida solución de los problemas que se presentan en la esfera de su competencia. El patrón de innovación en la biotecnología es por naturaleza propia multidisciplinario, para alcanzar el éxito se requiere de la colaboración estrecha entre especialistas de diversas ramas del saber, del intercambio del conocimiento que se domina. Para el doctor Agustín Lage, director del Centro de Inmunología Molecular, el retraso científico característico para los países del Tercer Mundo, no es consecuencia solamente del pequeño volumen de la actividad científica, sino principalmente del insuficiente nivel de integración de la actividad científica al resto de la sociedad; "es un problema que en Cuba hemos enfrentado, luchando duro no sólo por abrir centros, sino por crearle a cada centro su red de articulaciones" (De la Osa, 1994, p.3 ). Sin embargo, esto no es un problema solo de Cuba o del Tercer Mundo.

Cualquier país subdesarrollado que emprenda el desarrollo del sector biotecnológico debe sortear toda la serie de obstáculos que se levantan ante ellos. En el caso particular de Cuba son los siguientes:

  1. Estructura monopolista de los mercados y altos requisitos técnicos a la importación de productos farmacéuticos de fines terapéuticos. Los mercados de los países desarrollados, EUA, Europa y Japón son altamente concentrados, por parte de empresas líderes del sector que siguen la estrategia de llegar primero al producto y patentar su uso lo que les proporciona una posición monopólica en los mercados; de esta forma compensan con la captación de ganancias extraordinarias el costo de la innovación original. Con relación a los requisitos de importación, las exportaciones de productos para fines terapéuticos a los mercados de los países desarrollados se ven bloqueadas por fuertes restricciones de entrada que exigen plazos prolongados para pruebas y aceptación que en ocasiones demoran 4-6 años para lograr una patente o licencia de venta; mientras, el mercado de test diagnósticos, menos sensible a las restricciones, es más reducido. Por otra parte, la Unión Europea levanta fuertes barreras aduciendo el cumplimiento de las normas ISO 9 000; para su cumplimiento los países en vías de desarrollo necesitan hacer fuertes inversiones en validación de equipamientos, procesos y plantas de producción. Así, en el corto y medio plazo plazo, el principal destino de esta industria para países como Cuba, está en los limitados mercados secundarios, donde las rentas son mucho menores: países de menor desarrollo, como en América Latina y algunos países de Asia, que aunque sus mercados son oligopólicos, las barreras a la entrada son mucho menores.
  2. El bloqueo económico de los Estados sobre Cuba. Encarece el precio de los insumos y equipamientos por los que se tienen que pagar entre un 5 - 15% por encima de su precio de mercado. Por otra parte, se obstaculizan las gestiones de compra incluyendo la documentación científica necesaria que ha de ser obtenida a través de intermediarios y terceros países con el encarecimiento de estas adquisiciones. También se ven abortados contratos realizados por empresas o gobiernos extranjeros que se ven obligados a cancelarlos por las presiones que se ejercen sobre ellos o las campañas difamatorias que se montan con relación a los productos cubanos. El mercado norteamericano, el principal mercado biotecnológico del mundo está cerrado para los productos cubanos.
  3. La migración de personal científico. El sistema de incentivo a los científicos, ingenieros y personal de elevada calificación que laboran en estos centros, si bien es superior al de otros centros de investigación-producción, no cubre las expectativas de satisfacción de las necesidades de este personal altamente calificado y muy bien remunerado en otros países.
  4. Restricciones en moneda libremente convertible dada la problemática de escasez financiera permanente que tiene la economía cubana.
  5. Problemas organizativos que afectan cumplimientos de contratos (entre productores, suministradores de insumos y comercializadores), afectan la calidad de productos (por ejemplo, el envase, el etiquetado) y que encarecen en ocasiones la producción (por rechazo de lotes o necesidad de reprocesos del producto).
  6. Escasa flexibilidad de las capacidades productivas de algunos centros para adaptarse a las variaciones de la demanda. Hay centros que fueron diseñados inicialmente para la actividad investigativa y no para el escalado industrial, esto generaba en ocasiones que en los mismos se formen cuellos de botella que afectan la disponibilidad de algunas de sus ofertas. Este obstáculo ha sido suplido, en parte, con un amplio programa inversionista que ha posibilitado multiplicar las capacidades productivas, una porción importante de estas han estado destinadas a garantizar las ventas internacionales de los nuevos productos. Se destaca el Centro Nacional de Biopreparados (BIOCEN) que tiene la función de dar forma final, liofilizar y envasar los principios activos producidos por el CIGB y otras instituciones.
  7. Poca experiencia en la actividad comercial con estos productos y en esos mercados, lo que hizo de esta actividad -la comercialización-, el talón de Aquiles de la industria médico-farmacéutica cubana.

Los resultados alcanzados en términos de ingresos no resultan aún significativos. Entre 1989 y 1993 la venta de productos biotecnológicos reportó ingresos superiores a los 350 millones de dólares. Sin embargo, en 1995 experimentaron una sensible disminución en su participación en la estructura de ingresos externos del país, al constituir aproximadamente un 2,5% del total (Marquetti, H., 1996, p. 33). Hasta el año 2001, los ingresos generados por sus ventas en el exterior no superan el 2 % de las ventas externas.

Se reconoce la enorme capacidad que en pocos años se ha desarrollado en formación del potencial humano, los equipamientos y las construcciones. Los productos cubanos se van abriendo lentamente nuevos mercados a pesar de la competencia de las transnacionales de los medicamentos. Un importante grupo de ellos han logrado su registro médico en varios países. El principal mercado de destino de las exportaciones cubanas en estos rubros es América Latina, en este contexto tienen el mayor peso Brasil, México, Colombia, Argentina, Uruguay y Chile. También se exportan a Corea del Sur, Irán, China, India y se trabaja en su colocación en mercados de países desarrollados, básicamente en miembros de la Unión Europea (Alvarez, E., 1996, p. 26). Se pretende que el acceso a estos mercados mucho más exigentes se inicie con los recientes acuerdos de comercialización alcanzados con la compañía anglo-norteamericana Smith Kline Beecham -acto que tuvo que ser sancionado por el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos-, y con otros laboratorios de Canadá y Alemania.

Sin embargo, en el corto plazo el efecto de los obstáculos mencionados -fundamentalmente las referentes al mercado-, continuarán influyendo negativamente sobre la dinámica de las exportaciones biotecnológicas cubanas. Se requerirá de tiempo y esfuerzos considerables, sobre todo en el área de marketing y en asociaciones con empresas extranjeras para poder realizar este altísimo potencial.

El desarrollo del sector biotecnológico como parte del proceso orientado a modificar el patrón de especialización del país, constituye una alternativa viable para países subdesarrollados, que como Cuba, están urgidos de superar el estado de desconexión relativa de la economía internacional. Todo depende de un conjunto de condiciones especiales, entre las que se destacan las políticas instrumentadas por los gobiernos para promover y garantizar la preparación educacional y científica, que permita crear las capacidades científicas y productivas necesarias para adoptar y generar las tecnologías de este sector. Sin embargo, aún dándose estas condiciones el proyecto puede malograrse como consecuencia de la influencia de los obstáculos a que se enfrentan a estos desarrollos.

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Notas:

I Profesor Titular Universidad de la Habana (1983-2002), Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de Santiago de Compostela y la Universidad de la Habana, profesor visitante en la Universidad de Santiago de Compostela (1999, 2000, 2001, 2002, 2003). Ha publicado en Cuba (codirector del Texto Lecciones de Economía Política del Capitalismo) en revistas periódicas en Cuba y en España. Asesor del Ministerio de Educación Superior en Cuba y miembro del Comité Académico de diversas maestrías. Ha impartido conferencias en diversos cursos de postgrados en universidades de México –Benemérita Universidad Autónoma de México, Instituto Politécnico Nacional (México), en la Universidad Nacional Autónoma de Chiapas-, Nicaragua –Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua-, Ecuador –Pontificia Universidad Católica de Quito- y España. Email: fgarcia@usc.es

II( Profesor Titular del Instituto Superior Politécnico José Antonio Echevarría, Master en Economía por la Universidad de Santiago de Compostela, Doctorante en Ciencias Económicas por la Universidad de la Habana. Tiene varias publicaciones en revistas de Cuba y Brasil. Ha impartido cursos de postgrado en Bolivia, Brasil y España. Email: oscar@gest.cujae.edu.cu. Teléfono: 537- 2606408

(1) La primera medida tomada por el nuevo gobierno puede ser considerada la Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959. Con esta medida se le expropió las tierras a los grandes latifundios que existían en el país, propiedad de empresas norteamericanas y cubanas.

(2) Téngase en cuenta, que entre 1989 y 1993, el producto interno bruto real cayó cerca de un 35%, mientras el PIB por habitante se redujo en un 41%. También se redujo la inversión desde un 27% del PIB a un 5%.

(3) En el caso de Brasil el "modelo" tenía como base la producción de etanol a partir de la caña de azúcar, en otros países latinoamericanos el uso de bacterias para obtener metales contenidos en los minerales (lixiviación bacteriana de desechos mineros).

(4) Este año se obtiene el primer producto farmacéutico de la ingeniería genética, la insulina humana recombinante por la empresa norteamericana Ely Lilly. Científicos cubanos pocos años después obtenían con similares técnicas de recombinación genética otra proteína humana, el interferón.

(5) Considerados como una verdadera revolución biológica de finales del siglo XX, los AcM ofrecen promisorias perspectivas en el diagnóstico de enfermedades del sistema inmunológico, infecciones bacterianas, virales y parasitarias, y en la clasificación de varios tipos de cáncer, en especial leucemias y linfomas. Asimismo, pueden aplicarse para evitar las reacciones de rechazo en los casos de transplantes de órganos. Las investigaciones sobre anticuerpos monoclonales comienzan en el país en 1981 en el Instituto de Oncología y Radiobiología, en 1982 se obtuvieron los primeros AcM cubanos, desde entonces se han logrado más de 100; en 1994 se crea el Centro de Inmunología Molecular, la instalación técnica más compleja que se haya construido en Cuba en el sector de la biotecnología y cuenta con la tecnología más avanzada para el desarrollo de monoclonales. Hoy son más de 20 las instituciones científicas que en el país disponen de laboratorios capaces de generarlos.

(6) En el artículo, "El límite de todo está en el hombre", en el periódico Juventud Rebelde, del 30 de octubre de 1994 Alonso Porro, señala que las únicas transnacionales que producen y comercializan la Interleucina Humana Recombinante en el mundo (CETUS CORPORATION y HOFFMAN-LA ROCHE), cobran 900 dólares por el miligramo de proteína inyectable biológicamente activo, es decir, por una sola dosis.

(7) El Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CENIC), fundado en junio de 1965, permitió formar a especialistas de alta calificación que años más tarde contribuyeron a forjar los nuevos centros científicos en este campo.

(8) Antes del periodo de crisis se destinaban a la adquisición de medicamentos, materias primas farmacéuticas y otros productos más de 300 millones de dólares, mientras que en 1993 se dispuso para ello de una cifra inferior a los 20 millones. Un solo tratamiento con uno de los productos de avanzada para enfermedades del sistema inmunológico; los anticuerpos monoclonales, pueden costar unos 2000 dólares; ver en Granma, del 10 de mayo de 1994 y en Juventud Rebelde del 4 de noviembre de 1994.

(9) Ver Fármacos cubanos, en Business Tips on Cuba No. 2, Vol.3, Febrero 1996, pp. 17-20.