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La ciencia y la tecnología como procesos sociales.
Lo que la educación científica no debería olvidar.

Jorge Núñez Jover
Director de Posgrado de la Universidad de La Habana

Comunidades científicas, retos y paradigmas.

Introducción

A partir de los años cuarenta de este siglo podemos considerar constituida una verdadera Sociología de la ciencia asociada a los trabajos de R. K. Merton. Sus antecedentes se encuentran en una larga tradición de estudios centrados en la relación conocimiento - sociedad que pueden ejemplificarse en la teoría de los idolos de Bacon, las ideas seminales de Marx y también de Weber, Durkheim, Scheller, que de conjunto llegaron a constituir la Sociología del Conocimiento (Vessuri, 1994).

Apelando a un enfoque funcionalista Merton (1980 y 1992) centró su atención en la ciencia como institución. Sus trabajos han tenido una enorme influencia en el estudio social de la ciencia durante varias décadas.

La sociología de Merton acepta la "división social del trabajo" entre la Filosofía y la Sociología de la Ciencia y deja para la primera el análisis del conocimiento científico y su justificación, concentrándose en el tema de las normas o retos que rigen la vida científica, le conceden su identidad y diferencian a la ciencia de otras instituciones sociales. La discusión sobre ese retos y sus distorsiones en la práctica científica real constituyen una importante fuente de reflexión sobre la ciencia.

En los años sesenta y a través de la obra de T. S. Kuhn (1982a, 1982b) surge una visión sociológica alternativa. Las ideas de Kuhn provienen de su interés por la historia de la ciencia y la comprensión del papel que en ella juegan sus sujetos colectivos: las comunidades científicas.

Para Kuhn, como veremos después, las comunidades se constituyen como tales en la medida en que comparten paradigmas (teorías, métodos, modelos, valores). En otras palabras, es el contenido sustantivo del conocimiento científico el que sirve de base a la organización de la ciencia en comunidades.

Si la propuesta de Merton deja a un lado la influencia de los factores sociales sobre los cognitivos, la obra de Kuhn da pie a la discusión del papel de lo social en el cambio científico, aunque de manera moderada (Núñez, 1989). En gran medida la nueva sociología del conocimiento científico (Medina, 1989; Iranzo, et.al, 1995) constituye una radicalización de las tesis de Kuhn y con ello la negación de cualquier estatus privilegiado al conocimiento científico.

En este ensayo se exponen las perspectivas de Merton, centrada en el retos científico, y de Kuhn basada en la idea de paradigma o matriz disciplinaria, así como algunos de los criterios que unas y otras posiciones han merecido.

El objetivo es encontrar en esas fuentes elementos de interés para comprender el funcionamiento institucional de la ciencia.

El ensayo culmina con la presentación del tema del retos científico en relación con las comunidades de la periferia.

El reto de la ciencia

El tema de la ciencia como institución social ha sido objeto de atención de la Sociología de la Ciencia, desde su aparición en los Estados Unidos de América en la década del 40 en los trabajos de R.K.Merton.

Th. Gieryn al indagar sobre la agenda de esa disciplina va a decir que en sus fundamentos hay una pregunta histórica y una cuestión analítica (Vessuri, 1994).

La pregunta histórica es la siguiente: ¿Qué explica los orígenes de la ciencia moderna en el siglo XVI y su ascenso en cuatro siglos a una posición de monopolio cognitivo sobre ciertas esferas de decisión?

Por otro lado, la pregunta analítica es esta: ¿Qué es lo que hace única a la ciencia entre las instituciones productoras de cultura?

La búsqueda de una explicación de los orígenes de la ciencia condujo a su caracterización como una institución regulada por normas. La ciencia es vista por Merton como una institución cuyo objetivo es la extensión del conocimiento certificado. Y ese objetivo necesita descansar en un conjunto de normas que permiten su existencia y su diferenciación social respecto a otras instituciones. Esas se resumen en los CUDEOS: Comunismo, Universalismo, Desinterés, Escepticismo Organizado. Son valores y normas que caracterizan el funcionamiento de la institución y de sus miembros. Ellas constituyen el retos de la ciencia.

Por retos de la ciencia se entiende un conjunto de reglas y prescripciones, costumbres, creencias, valores y presuposiciones que se consideran obligatorias para los hombres de ciencia e incluso llegan a ser "profesados con emoción". El retos son prescripciones morales pero tienen consecuencias para el progreso del conocimiento. Es una especie de consenso moral de las comunidades científicas, consenso que se logra mediante la socialización de los que se inician en la ciencia y por las sanciones a los infractores.

Pasemos a describir cada una de esas normas.

El Universalismo se refiere a que las pretensiones de verdad deben ser sometidas a criterios impersonales, tales como la adecuación a la experiencia y el conocimiento confirmado. Lo que importa son las pruebas y argumentos, no el origen social, raza, sexo, ideología, u otros factores contingentes. El universalismo debe abrir el paso al talento.

La norma del Comunismo indica que los hallazgos de la ciencia son producto de la colaboración social y por tanto son asignados a la comunidad. Las aportaciones son una herencia común; el derecho del productor individual queda limitado al reconocimiento por la aportación.

La socialización de los productos aumenta la estima del productor. De todos modos, el conocimiento es propiedad común, pues no hay derecho privado alguno. Las aportaciones son propiedad comunal y son accesibles a todos sus miembros. No debe existir el secreto. Los científicos se reconocen como parte de una herencia cultural: Newton lo reconoció cuando afirmó "si he visto más allá, ha sido encaramándome sobre los hombros de gigantes".

La norma del Comunismo ejerce cierta presión sobre los científicos por difundir los resultados, tendencia que se refuerza por el objetivo institucional de expandir el conocimiento y publicar los resultados.

En el "Don como principio organizador de la ciencia", W.O. Hagstrom (1980 a) dice que el científico se comporta como donante al entregar sus artículos a una revista y es esa donación lo que lo constituye como científico. A cambio de eso él recibe prestigio. "La organización social de la ciencia consiste en un intercambio de reconocimiento social por información (p. 104).

Los científicos no suelen reconocer esto y dicen que actúan a favor del progreso del conocimiento pero el reconocimiento de la comunidad es imprescindible para el funcionamiento de la ciencia. El deseo de reconocimiento no sólo induce al científico a comunicar sus resultados, sino que también influye en la selección de problemas, teorías, métodos. Buscará que lo reconozcan y lo acepten. Por ejemplo, la conformidad con patrones metodológicos es necesaria para obtener reconocimiento social: los trabajos que se desvíen de las normas no son aceptados para publicar.

Además del reconocimiento de la comunidad, existen las recompensas extrínsecas: posición y dinero, entre otras. Muchas políticas universitarias se orientan a las promociones y los salarios en dependencia de los resultados. Es el caso, por ejemplo, del Sistema Nacional de Investigadores de México, del Programa de Promoción del Investigador de Venezuela y el Programa de incentivos a los docentes - investigadores de las universidades nacionales (Carullo,J; Vaccarezza, L, 1997). Las recompensas extrínsecas deben ser coherentes con el reconocimiento, es decir, deben sucederle.

Se parte, sin embargo, de que debe existir una adhesión a valores elevados (contribuir al progreso, u otros) y plena responsabilidad con los productos que se entregan. Se espera que estos valores se formen en el proceso de socialización de los científicos. Pero el reconocimiento es necesario. Las historias de Copérnico que recibió su revolucionario libro el día de su muerte y de Mendel, redescubierto años después de morir, no representan el ideal.

Todo lo anterior se resume en una norma: el Desinterés. No se debe aspirar a través del trabajo de la ciencia más beneficio que el proporcionado por la satisfacción por el trabajo realizado y el prestigio que proporciona la contribución a la comunidad. El Desinterés debe lograrse en virtud de que la ciencia tiene carácter público, es decir se basa en la rendición de cuentas ante iguales.

Mientras tanto, el Escepticismo Organizado es un mandato metodológico e institucional que implica que el investigador no puede distinguir entre lo sagrado y lo profano, todo debe ser discutible. Como es obvio este comportamiento puede conducir a conflictos con otras instituciones y dentro de la propia institución científica.

Ya en los años 50 Merton explicitó otras normas. Así, por ejemplo, el Desinterés y el Escepticismo Organizado conducen a la Humildad, en tanto la combinación del Comunismo y la existencia de un sistema autónomo de recompensas genera la Originalidad.

En resumen CUDEOS representa una perspectiva normativa que se ve reforzada en la práctica por la perspectiva del intercambio, es decir, por el proceso mediante el cual el científico aporta información original al fondo común del saber a cambio del reconocimiento de sus pares; ese intercambio es el motor del desarrollo de la ciencia y el apoyo principal al retos que la diferencia de otras instituciones sociales.

Esos reconocimientos pueden ser informales, es el caso del reconocimiento que se recibe de los pares científicos y también formales, es el caso de la eponimia, ingreso a academias, premios Nobel, etc.

El sistema de recompensa a cambio de información se gestó en Inglaterra cuando la Royal Society estableció la prioridad de los descubrimientos mediante el registro de la fecha de recepción de las comunicaciones en la sede de esa sociedad. Hasta esa fecha los hallazgos se ocultaban por miedo al robo de ideas. Con el fin de permitir la plena comunicación pública y reconocer los méritos, la Royal Society estableció el sistema de exposición pública de las investigaciones a cambio del reconocimiento de las aportaciones.

Para Merton el intercambio institucionalizado se origina en la existencia de las normas y los valores que conforman el retos científico, sobre todo Comunismo, Originalidad y Escepticismo. Esas normas hicieron posible crear un sistema autónomo de recompensa y con ello introducir un punto de inflexión en la constitución de la ciencia como institución. Son ellas las que presionan a publicar y a afirmar pretensiones de conocimiento. En resumen, si el intercambio descansa en normas y valores, éstas se ven reforzadas por el intercambio.

Pueden, desde luego, presentarse consecuencias negativas. Así, una lógica utilitaria orientada al reconocimiento y la recompensa termina por contradecir el retos y genera ambivalencias e incluso prácticas deshonestas en los científicos (fraude, plagio, selección sesgada de datos, etc.).

Además, la simultaneidad en los descubrimientos, fenómeno común en la ciencia, conduce a sospechas y acusaciones impulsadas por el afán de reconocimiento.

Hagstrom (1980 b) ha utilizado también la perspectiva del intercambio para explicar la diferenciación de disciplinas. Su punto de vista es que los científicos buscan problemas que les permitan "llegar primero" y obtener recompensas y reconocimientos. Así, los científicos de las instituciones se dispersan en la solución de diferentes problemas generándose distanciamientos e incluso aislamientos entre las especialidades.

Los científicos que buscan diferenciarse crean disciplinas nuevas lo que genera tensiones con las disciplinas tradicionales. Poco a poco esas diferencias se van institucionalizando y se crean centros, carreras, doctorados, etc. Como parte de ese proceso los científicos generan discursos justificativos de su trabajo para garantizar la legitimidad de sus disciplinas. Frecuentemente las primeras estructuras institucionales son reversibles, un centro de estudios por ejemplo, y al consolidarse logran establecer estructuras "irreversibles" o al menos más estables: es el caso de las carreras universitarias, los departamentos docentes, en tanto los graduados se encargan de dar la continuidad y legitimidad necesaria a las disciplinas.

La diferenciación disciplinaria se facilita un tanto cuando la nueva disciplina colinda con dos o más disciplinas existentes; en ese caso la ambigüedad de la adscripción les favorece. A través de este proceso van cristalizando las disciplinas y especialidades que constituyen las comunidades básicas de la ciencia.

La tesis del intercambio debe ayudar también a explicar la estratificación de los científicos, es decir los lugares que ocupan en el cuerpo social de la ciencia (ascensos, cargos, influencias)

Crítica al CUDEOS

A pesar de su popularidad la tesis del CUDEOS ha sido muy debatida. Algunos sociólogos han declarado que carece de apoyo empírico, es decir, no da cuenta de las conductas reales de los científicos. Se aduce, por ejemplo, que el Universalismo no se cumple porque la vida científica no se organiza a través de una comunidad de iguales, sino mediante élites que reparten recursos según criterios particulares.

Otros autores situados en la línea mertoniana se han reforzado por encontrar apoyo empírico al retos de la ciencia. Así, S. Cole y J. Cole han estudiado el sistema de evaluación de pares de la National Science Fundation de Estados Unidos, que distribuye subsidios federales para investigación, y han concluido que en general estos se definen por la calidad de las propuestas y el prestigio de su investigador principal. Han descubierto también que diferentes factores casuales influyen en la suerte de los proyectos, por ejemplo, en manos de cuál evaluador cayeron esos proyectos.

Otra crítica habitual es que el Comunismo no se cumple pues la práctica del secretismo está generalizada. También el Desinterés está amenazado por la competencia, la interpenetración de la ciencia y la tecnología, entre otros factores.

Sobre el Escepticismo se ha dicho que los científicos sí suelen distinguir habitualmente lo sagrado y lo profano. Lo sagrado puede ser el conocimiento aceptado, la opinión de los tutores, sus propias ideas.

En suma el retos de la ciencia no alcanza a evitar que la ciencia se adapte a las normas y los valores sociales propios de las sociedades donde las instituciones científicas actúan.

Un estudio de Mitroff dedicado a los científicos implicados en estudios de rocas lunares vinculados al Proyecto Apolo le permitió concluir que todas las normas tienen contranormas lo cual conduce a trasgresiones del retos y a habituales ambivalencias. Así, por ejemplo, al Universalismo se opone el Particularismo (prestigio, evaluación del trabajo ajeno con criterios particulares), al Comunismo la actitud secretista (protección del descubrimiento) y al Desinterés la actitud interesada, tanto individual como colectiva y al Escepticismo Organizado el Dogmatismo Organizado.

Estas contranormas no tienen por qué considerarse negativas y pueden incluso contribuir al desarrollo de la ciencia.

El propio Merton identificó diferentes hechos que atentan contra el Universalismo y condicionan que el proceso de distribución de recompensas no se base exclusivamente en él. Estos hechos son:

  1. "El fenómeno del sillón 41": sólo 40 personas pueden formar parte de la Academia francesa y por tanto hay muchas personas que independientemente de sus méritos nunca accederán a ese puesto.
  2. "Efecto trinquete": cuando los científicos ya han alcanzado un grado determinado de reconocimiento y recompensas ya no van a caer por debajo de ese nivel, aunque los jóvenes los aventajen. Como se suele decir, un Premio Nobel siempre será un Premio Nobel.
  3. "Efecto Mateo". Este nombre se debe a un pasaje del Evangelio según Mateo que indica "pues al que tenga se le dará, y tendrá abundancia; pero al que no tenga se le quitará hasta lo poco que tenga". El efecto Mateo se muestra en los siguientes ejemplos: acumulación de recompensas en personas distinguidas y negación de éstas a los emergentes; en la diferencia en la distribución y acceso a recursos, donde personas y centros con más prestigio logran mejores dividendos y también se aprecia en las comunicaciones científicas donde son más "visibles" las contribuciones de los que ya tienen una reputación alcanzada: los científicos tienden a prestar atención a los nombres ya conocidos.

Esto implica que el reconocimiento tiende a acumularse y la falta de reconocimiento a autoreforzarse negativamente. El rango y la autoridad se adquieren por realizaciones pasadas y se adscriben a las personas por tiempo indeterminado. Los juicios acerca de los aportes de los científicos también resultan sesgados por estos factores. Los que están etiqueteados como autoridades suelen recibir juicios sesgados favorables, ya sea por el temor a enfrentarse a ellos, el sentido de inferioridad u otras razones.

Todos estos argumentos terminan por relativizar el valor de las contribuciones como fuente de reconocimiento frente a otros factores.

Un trabajo de Merton y Zuckerman "Edad, envejecimiento y estructura de edades en la ciencia" centrado en el estudio de los árbitros de la Phisical Review, cuya edad promedio es mayor que la de los autores que evalúan, le permite concluir la existencia de una gerontocracia en la vida científica. No obstante estos autores consideran que estos fenómenos pueden tener efectos positivos para el desarrollo de las ciencias, así, por ejemplo, el científico galardonado tiene mayores posibilidades de continuar su trabajo, los científicos jóvenes mejoran sus opciones al publicar con veteranos; el "efecto trinquete" puede conducir a los favorecidos a un esfuerzo adicional por legitimar su prestigio.

No obstante es claro que la norma del Universalismo no determina por si misma la carrera de los científicos. El sistema científico se caracteriza por estratificaciones que se basan en el status, apoyados en el galardón, la estima, y la posición social en el sistema de la ciencia. Las diferencias en el acceso a las oportunidades influye también en la movilidad de los científicos hacia ciertos grupos, problemas, recompensas, recursos.

Los autores que siguen a Merton, sostienen, sin embargo, que en cualquier caso el Universalismo es mayor en la ciencia que en cualquier otra institución, aunque existen factores que distorsionan sus bases: mecanismos de desventajas acumulativas, diferenciales de reconocimiento, visibilidad y oportunidades, entre otros.

Un estudio de Gastón sobre físicos, químicos y biólogos, norteamericanos e ingleses lo lleva a concluir la validez del universalismo aunque encuentra diversos factores que lo limitan. A nivel macro identifica factores tales como los diferentes niveles de consenso en distintos campos de conocimiento y la forma en que se organiza la actividad científica en cada país (cultura, valores nacionales, grado de centralización, entre otros). A nivel micro aprecia diferentes factores. Por ejemplo, una variante del efecto Mateo, el llamado "efecto Podunk" que se refiere a que los científicos e instituciones de países periféricos tienen frecuentemente menores oportunidades. A pesar de esto puede presentarse también el "efecto Knudop" por el cual científicos e instituciones periféricas pueden llegar a tener más reconocimiento que el merecido.

Otra fuente de distorsión del universalismo la constituye el "efecto Wehttmam" por el cual científicos e instituciones de alto prestigio no consiguen tener el reconocimiento que merecen.

Zuckerman, en un estudio sobre los premios nobel en los Estados Unidos encuentra que la mitad de los laureados han estudiado con científicos que previamente habían recibido ese premio. A esto se suma que sólo cinco universidades acogen a la mitad de los premios nobel que trabajan en ese país. Esto sugiere que existe cierta discriminación como resultado de la socialización y el reclutamiento selectivo.

Esto lleva a decir que en la ciencia está presente un continuo de desigualdades que permite la existencia de élites, gerontocracias, las cuales tienen un papel decisivo en la distribución de recompensas, recursos y otros reconocimientos.

Como resultado de todo ello el sistema de estratificación de la ciencia no puede ser caracterizado como universalista o particularista totalmente.

¿Se erosiona el ethos académico?

El retos científico predicado por Merton y sus seguidores se refiere más bien al comportamiento - seguramente idealizado - de la ciencia académica. En las últimas décadas la ciencia se ha visto crecientemente involucrada en objetivos económicos y militares, lo que ha tenido profundas implicaciones en la práctica científica y en el comportamiento mismo de los científicos. Surge entonces la duda razonable de hasta qué punto es sostenible hoy la clásica caracterización del retos académico. Licha (1997) considera que se están produciendo cambios sustanciales en la ciencia académica lo que se revela a través de al menos dos evidencias: "La nueva retórica sobre el deber ser de la investigación académica y las nuevas políticas para la ciencia orientadas al logro de la llamada 'competitividad global'" (p.93).

Las universidades y otras instituciones académicas se han visto envueltas en el objetivo de la competitividad, asentada en el cambio técnico y éste en el conocimiento científico. Como resultado de ello se profundiza el proceso de capitalización del conocimiento que la globalización se encarga de acelerar. El conocimiento se vuelve propiedad privada a través del patentamiento de resultados de investigación, actividades de mercadeo, licencias y copyright y la formulación de políticas científicas con orientación comercial (ibid, p.95). Se impone así un modelo de ciencia llevado a cabo por un científico cuyo comportamiento es muy semejante al de los empresarios, muy preocupado por captar fondos y generar ingresos y cuyo trabajo se valora cada vez más en términos económicos y empresariales.

Es obvio que todo esto afecta las normas y valores clásicos y se altera la cultura institucional y la misión de la investigación académica. El desinterés, el comunitarismo ceden paso a la búsqueda de beneficios y status.

En ese camino puede incluso llegarse a la corrupción. "Un ejemplo de ello es el Dr. Teng de la Universidad de Harvard, quien probó un ungüento de vitamina A producido por la firma farmacéutica Spectra. El Dr. Teng comprobó que el producto no era eficaz pero siendo accionista de la empresa prefirió ocultar los resultados durante un buen tiempo, hasta haber logrado vender sus acciones y asegurarse una buena suma por ello" (ibid, p.101).

Naturalmente, hay otras manifestaciones del comportamiento fraudulento: utilización de la información científica disponible para comprar acciones en empresas, la adulteración de informes donde se exaltan productos de empresas donde el investigador tiene accione, entre otras variantes.

Así, la capitalización del conocimiento inserto en la dinámica de la globalización neoliberal, está sometiendo al retos mertoniano a extraordinarias tensiones.

Sociología y cienciometría.

Hay una estrecha relación entre la tradición sociológica norteamericana y la administración pública del sector de ciencia y tecnología de Estados Unidos. La idea de que la tarea de la ciencia consiste en la extensión del conocimiento certificado y el intercambio de información por reconocimiento como motor de la ciencia, es un enfoque que está detrás del Science Citation Index. Como se sabe este sirve para medir la frecuencia de citas como expresión del reconocimiento otorgado y ha conducido a la consolidación del sistema del peer review en las comunidades científicas.

Velho (1994) dice que la cientometría es responsable de la conservación del legado mertoniano. Para los cientometristas la ciencia puede visualizarse como un proceso mediante el cual ciertos insumos o recursos generan determinados productos. Medir el impacto es establecer la relación producto/insumo y el asunto consiste en establecer indicadores de productos e indicadores de insumos.

Lo más difícil es medir los productos, en particular los contenidos de ese conocimiento y su relación con la sociedad. Frecuentemente los productos se miden por indicadores bibliométricos lo que supone una relación entre literatura científica y resultados. Es importante revelar las suposiciones que subyacen a esa concepción:

  1. Se asume que la meta principal de la ciencia es producir nuevos conocimientos (lo que Merton llama la extensión del conocimiento certificado). Observemos que diferentes aspectos prácticos, vinculados a la ciencia, así como la capacidad para transferir y adaptar conocimientos, no se consideran importantes. Sin embargo cabe dudar que esa sea la única meta de la ciencia, así Vessuri (1987) ha formulado la idea del científico de la periferia como transmisor y traductor del conocimiento existente. Para ilustrar se pueden mencionar otras metas:
    1. Solución de problemas prácticos.
    2. Transmisión de educación científica a la población.
    3. Contribución a la educación en general.
    4. Aumento del prestigio del país.
    5. Garantía de autonomía de un país en ciertas áreas.

Como se aprecia el análisis cuantitativo reduce considerablemente las metas de la ciencia.

  1. Se supone que el conocimiento es intrínsecamente beneficioso. Sobre todo en las últimas décadas este supuesto ha sido puesto en duda.
  2. El producto se busca en revistas científicas y otras publicaciones. Sin embargo en la ciencia las comunicaciones informales pueden ser muy importantes. Por ejemplo lo que se denomina "conocimiento tácito" que consiste en la asimilación de conocimientos y técnicas a través del trabajo compartido en el laboratorio y las relaciones entre colegas es fundamental para el desarrollo de la ciencia.

Los tres aspectos mencionados constituyen limitaciones conceptuales del enfoque cientométrico, a los cuales pudieran sumarse diversas críticas de carácter metodológico, como la manera en que construyen las bases de datos, lo que se define como autores científicos, las publicaciones que son tomadas en cuenta, entre otros.

La creación del Institute for Scientific Information fundado por Garfield en Filadelfia y que realiza publicaciones como el Current Content, Who is Publishing in Science, y el Science Citation Index ha contribuido a la consolidación de la cientometría y a la sobrevaloración de las publicaciones como medida de los resultados científicos.

Licha (1994) sugiere que los países subdesarrollados necesitan establecer otros indicadores para medir el impacto de la ciencia que en ellos se practica, "lo importante para los países periféricos es tener claro lo que se espera de la ciencia en estos países y si la cuestión esencial es que la ciencia en la periferia debe contribuir al main stream o a la solución de los problema cruciales de la sociedad Los países periféricos, más que preocuparse por ser productores de ciencia main stream, deberían hacer un esfuerzo por definir aquello que se requiere sea medido" (p. 355). Y más adelante concluye que la cientometría o la bibliometría "y en general el enfoque cuantitativo para la evaluación de actividad científico-tecnológica pone sobre el tapete la necesidad que tienen los países en desarrollo de concebir un enfoque alternativo que posibilite la creación y uso de indicadores más ajustados a su situación particular a la vez que orientados a la medición de las metas del desarrollo económico y social" (p.357).

Licha concluye presentando diferentes razones que conducen a desarrollar en la periferia un sistema alternativo de indicadores científicos y tecnológicos, que permita evaluar sus contribuciones a los problemas de esas sociedades:

  1. Los indicadores y metodologías vigentes responden preferentemente a las necesidades de los países desarrollados y no son pertinentes para los subdesarrollados.
  2. En relación con los países periféricos esos indicadores no hacen más que ilustrar lo que todo el mundo sabe: es pequeño el número de personas que se dedican a la actividad científica, es bajo el nivel de gastos, así como el número de publicaciones, entre otros. Además de obvios estos indicadores no contribuyen a la planeación de la ciencia y la tecnología en vínculo con las prioridades económicas y sociales.
  3. Los principales parámetros que midan el impacto de la ciencia deberían enmarcarse en el proceso de planeación y evaluación de las políticas de desarrollo.
  4. Los indicadores de ciencia y tecnología tienen que relacionarse con los problemas medulares de las sociedades subdesarrolladas, tales como la dependencia tecnológica, la satisfacción de las necesidades humanas básicas, la elevación de la calidad de la vida, entre otros. Esas deben considerarse las misiones estratégicas que deben cumplir la ciencia y la tecnología en esos países y los indicadores deben reflejarlas.

Una alternativa al enfoque mertoniano.

Hasta aquí hemos visto una concepción según la cual la ciencia se define por un conjunto de normas y es impulsada por el sistema de intercambio. Según lo visto la perspectiva del intercambio también puede explicar la proliferación de disciplinas. Las normas definen una cierta unidad de la ciencia y le confieren determinada coherencia global.

Sin embargo puede partirse de un punto de vista distinto que descubra en el cuerpo sustantivo de métodos y saberes la base de la organización de la ciencia. Esta es la idea de Barnes y Dolby (1995) quienes se apoyan en las nociones de paradigma y comunidad científica desarrolladas por Kuhn.

La crítica al enfoque normativo arranca de la observación de que las normas suponen un retos definido para una institución homogénea, invariable en el tiempo, que actúa como un sistema cerrado poco dependiente del exterior. Supone también que los científicos interiorizan esas normas y las convierten en pautas de su conducta.

A juicio de Barnes y Dolby esto no es aceptable por las siguientes razones:

  1. En la sociedad moderna el trabajo científico tiene lugar en una variedad de marcos institucionales y las estructuras normativas relevantes dependen de ellos. Por ejemplo los estudios en Gran Bretaña han demostrado que los científicos académicos que van a la industria adoptan rápidamente un punto de vista instrumental y una mentalidad de negocios. En todo caso la escuela de Merton sólo visualiza la ciencia pura.
  2. Las normas presentadas por Merton son "profesadas", no son "estadísticas", es decir no se extraen de la vida real, sino que se obtienen de las declaraciones de los propios científicos sobre todo en ocasión de celebraciones, conflictos con el medio social, entre otros. Las normas reales dependen del apoyo económico, del marco tecnológico y del contenido sustantivo de la ciencia. Sin embargo esas normas son muy generales y no pueden convertirse en criterios definidos de decisiones para los científicos.

Para explicar el funcionamiento de la ciencia es preferible recurrir a los criterios de Kuhn para quien la ciencia se organiza en forma de grupos de consenso que descansan en paradigmas.

Es decir, los grupos de científicos, las comunidades científicas, son tales porque comparten paradigmas y esos paradigmas pueden ser revelados estudiando los grupos o comunidades. Como vemos, la particularidad de este enfoque es que vincula la estructura organizativa de la ciencia a un cuerpo sustantivo de conocimientos y no con normas generales.

Hay una relación circular entre paradigma y comunidad: un paradigma es lo que los miembros de la comunidad comparten y, en sentido contrario, una comunidad científica consiste en hombres que comparten un paradigma.

Ese término paradigma es parte de un modelo de desarrollo de la ciencia que se apoya en varios conceptos claves: ciencia normal, extraordinaria, revolución científica, anomalías. Todos ellos contenidos en su célebre libro La estructura de las revoluciones científicas de 1962 (Núñez, 1989).

La idea de partida es que vemos la naturaleza, la realidad a través de paradigmas. No existe investigación en ausencia de ellos y por tanto el funcionamiento normal de la ciencia descansa en tales paradigmas. Un paradigma es un logro científico fundamental que incluye una teoría, aplicaciones ejemplares, plantea tareas abiertas, así como la creencia aceptada por un grupo de que no hay que polemizar con ese paradigma sino aplicarlo, explotarlo. La ambigüedad con que el concepto de paradigma es tratado en la estructura de las revoluciones científicas condujo a numerosas discusiones que permitieron atribuir a ese concepto los siguientes sentidos:

  1. Aspecto cognitivo: proposiciones teóricas y metodológicas, así como valores y creencias.
  2. Vertiente social del quehacer científico: un paradigma es equiparable con una comunidad científica concreta pues ese paradigma proporciona un lenguaje y una educación común.
  3. Conjunto de realizaciones científicas que proporcionas modelos y ejemplos de problemas y soluciones a la comunidad científica.

En sus trabajos posteriores (Kuhn, 1982 b) Kuhn prefirió la noción de matriz disciplinar, donde el término matriz se refiere a generalizaciones simbólicas o relaciones lógicas y empíricas establecidas entre los elementos fundamentales de la matriz las cuales exponen leyes de la naturaleza (ejemplo: F=ma). También se refiere a los modelos con ayuda de los cuales se explican fenómenos, se formulan ideas heurísticas, etc. y por último designa los ejemplares, es decir, aquellas soluciones a enigmas que pueden ser utilizadas para resolver problemas semejantes y que, por tanto, constituyen una promesa para investigaciones futuras. Los científicos se educan a través del aprendizaje de esos ejemplares.

Mientras tanto el término disciplinar es menos trabajado por Kuhn y con él apenas designa al conjunto de profesionales de una especialidad científica unidos por elementos comunes como la educación, casi completa comunicación, unanimidad de juicios, existencia de consensos.

En esta perspectiva lo disciplinar queda explicado por la matriz, es decir, por el conjunto de compromisos cognoscitivos y metodológicos.

Los científicos suelen pasar una buena parte de sus carreras trabajando en la asimilación, aplicación, extensión de un paradigma, esto es, buscando a partir de un "mapa" y con él determinando hechos significativos, acoplando hechos a teorías y prediciendo nuevos hechos. Como dice Kuhn es un trabajo de "buscar soluciones a rompecabezas". Ese conjunto de actividades es lo que se denomina ciencia normal.

Kuhn define la ciencia normal como la práctica que acoge al conjunto de investigaciones basadas en una o más realizaciones científicas anteriores que han sido reconocidas por la comunidad científica como fundamentales para su trabajo posterior. Es un período que sucede a las revoluciones científicas las que generan nuevos paradigmas y por tanto nuevas posibilidades de solución de rompecabezas.

La ciencia normal se caracteriza por "obligar" a la naturaleza a adaptarse a sus marcos conceptuales, pues en ella están definidos cuales son los problemas significativos y los modelos para resolverlos. Es una empresa esencialmente acumulativa.

Existe una relación directa entre ciencia normal y educación científica. Los libros de texto y las prácticas pedagógicas son los vehículos para la perpetuación del paradigma e inician a las personas en la ciencia normal. Igual que el aprendizaje de la música, la educación científica espera producir el máximo rigor, disposición mental y habilidades posibles. La educación es un proceso que enseña a resolver rompecabezas con recursos ya conocidos.

La misma educación es responsable de proporcionar un lenguaje compartido que está en la base de la existencia de comunidades científicas: ellas son siempre comunidades linguísticas. Esta observación conduce a identificar una importante raíz social del conocimiento científico; el profesor enseña a hablar y escribir según el lenguaje propio y específico de la disciplina que él explica, por tanto el estudiante que termina una carrera ha aprendido a hablar y escribir según el vocabulario, las técnicas de argumentación, exposición y los esquemas de razonamiento y discusión característicos de las disciplinas universitarias.

El uso de la lengua y los instrumentos es la piedra angular de la metodología científica "se comparte una jerga específica en cuyo uso correcto ha sido socializado el alevín científico" (Lamo de Espinosa et al, p.125).

Como se sabe, la metodología positivista puso su mayor énfasis en el lenguaje, procurando hacerlo neutro y acumulativo, es decir, que no perdiera información a través de sus transformaciones. Pero no hay lenguaje neutro o puro, el lenguaje siempre implica consensos entre la comunidad de usuarios de ese lenguaje. Con frecuencia los lenguajes científico-naturales son más precisos y esotéricos porque intervienen intereses más homogéneos en su constitución, casi siempre el interés cognitivo de manipular y controlar la realidad. En las ciencias sociales intervienen otros intereses más marcados, además de guardar una relación más continua con la jerga popular, la etnociencia, el saber cotidiano.

Dentro de la ciencia normal, la práctica científica tiene carácter acumulativo. A ella le suceden los períodos de revoluciones científicas en los que el paradigma anterior será destronado. Todo comienza por la percepción de anomalías, es decir, por la percepción de problemas irresolubles con los procedimientos establecidos. Las anomalías habían cuestionado el paradigma de Ptolomeo antes que Copérnico anunciara el suyo. Esas anomalías se atribuyen inicialmente a fracasos individuales u otras explicaciones contingentes y sólo después se asume como crisis del paradigma, dando lugar a la ciencia extraordinaria. Surgen así candidatos a paradigmas que emulan por explicar las anomalías. En ese camino las comunidades adquieren nuevos compromisos.

Ejemplos de revoluciones han sido las copernicana, newtoniana, einsteniana, darwinista y otras menores como el descubrimiento del oxígeno, de los rayos X o del planeta Urano.

Según Kuhn los cambios en el lenguaje hacen inconmensurables los paradigmas que se suceden; de ahí su negativa a hablar de progreso en la verdad, aunque sí de aumento en las posibilidades explicativas. Esa ruptura entre ciencia normal y extraordinaria que conduce a la inconmesurabilidad de los paradigmas es una de las tesis menos aceptables del modelo kuhniano. Existen otros modelos (Toulmin, Lakatos, Laudan, entre otros) que captan mejor la continuidad histórica de la ciencia.

Al exponer los factores que explican las revoluciones científicas Kuhn llama la atención sobre el hecho de que ellos no se reducen a factores cognitivos (lógica y experiencia), sino que intervienen otros de naturaleza psicológica: factores tales como la confianza, la capacidad de argumentación, la idiosincrasia, la personalidad, la biografía de los científicos, la juventud, entre otros, también contribuyen a explicar el cambio científico.

Michael Mulkay (1980) considera superior el enfoque kuhniano con relación al mertoniano, es decir, considera que las teorías y métodos son "la fuente dominante de los controles normativos en la ciencia" (p.125). Esos controles permiten el funcionamiento normal de la ciencia y por ello mismo se convierten en obstáculos básicos para aceptar las novedades científicas. Es decir que según este autor el término "cultural" se refiere a los símbolos cognoscitivos de la ciencia, es decir, teorías, esquemas conceptuales, metodologías, técnicas de inferencia. Esa cultura enraizada en los practicantes de la ciencia explica su actuación ante la novedad científica.

Para argumentar su posición Mulkay encuentra un ejemplo donde a su juicio se observa la violación del CUDEOS y la adscripción comunitaria a teorías y métodos que van a impedir aceptar una innovación. Es decir en lugar del Universalismo y el Escepticismo Organizado, por ejemplo, que conducirían a una actitud abierta ante lo nuevo, la adscripción a teorías y métodos establecidos van a funcionar como un factor de freno.

El caso en cuestión es el libro Mundos en Colisión, publicado en 1950 por el Dr. Inmanuel Velikovsky, donde pone en tela de juicio muchos de los presupuestos fundamentales de la astronomía, la geología y la biología. Lo que aquí interesa saber es cómo fue la recepción de su obra por parte de la comunidad científica. Esa recepción adquirió el carácter de un acre debate público. La pregunta es por qué. A juicio de Mulkay los paradigmas dominantes actuaron como patrones para juzgar la aceptabilidad de sus ideas y como no encajaban en ellos, más aún los desafiaba, lo rechazaron de una forma más bien emocional.

En febrero de 1950 expertos en astronomía, geología, arqueología, antropología y estudios orientales publicaron en Science News Letters sus críticas sin haber leído el libro. Se basaron en noticias publicadas en revistas no especializadas por lectores que se adelantaron a la aparición del libro. Se juzgó al hombre, no a su obra y por tanto no funcionó el Escepticismo Organizado, el Universalismo y otras normas mertonianas. Tampoco se permitió a Velikovsky publicar sus respuestas a los críticos que lo atacaron durante una reunión científica. Los editores de Mundos en Colisión fueron sancionados a solicitud de los propios científicos implicados en la polémica. El jefe del Departamento de Historia Natural del Museo Americano de Historia Natural fue despedido, pues había recomendado la publicación del libro y quería divulgarlo.

Algunos llamaron a atenerse a las normas, pero fue difícil este reclamo frente al ataque frontal que sufrió. La conclusión es que las normas teóricas y metodológicas pesan más que el CUDEOS.

Mulkay subraya que es natural que esto suceda así, pues el proceso de socialización del científico tienen características que conducen a ese resultado:

La socialización y el reclutamiento altamente selectivo generan rigidez cognoscitiva. Mulkay sugiere que el consenso cognoscitivo en la ciencia es más intenso que en otras instituciones debido al tipo de educación que le corresponde, educación que conduce a un cierto cierre profesional y social: la ciencia moderna crece mediante la aparición de especialidades cerradas.

En todo caso el modelo de Kuhn no puede ser aceptado como único. Se pudieran mencionar otras maneras a través de las cuales avanza la ciencia, por ejemplo, mediante la difusión de paradigmas a otros ámbitos de investigación. Cuando surgen problemas nuevos e interesante muchos investigadores se desplazan a él, trayendo consigo la experiencia del viejo campo. Por razones obvias en los nuevos campos hay menor resistencia a la innovación. Un ejemplo de esto puede ser la aplicación de los rayos X al estudio del ADN por parte de un físico y un bioquímico (Watson y Crick).

La observación anterior permite al menos apreciar que el crecimiento por acumulación en la ciencia se produce no sólo por acumulación dentro de un paradigma sino también por su extensión a nuevos campos, lo que implicará reformulaciones, modificaciones.

En la ciencia coexisten realmente la inercia intelectual y el crecimiento rápido, la audacia. En algunos campos con paradigmas más establecidos el "cierre" mencionado puede generar la investigación intensiva en un dominio estrecho de problemas y favorecer con ello el crecimiento del conocimiento.

El papel de las migraciones científicas.

Detengámonos en el papel que juegan las migraciones científicas. La migración científica (Torres Albero, 1994) constituye una forma muy importante de cambio científico. Estas migraciones están asociadas con la desaparición o emergencia de áreas de problemas; puede ocurrir que se detecten "áreas de ignorancia" a las cuales se desplazarán los científicos llevando consigo los instrumentos cognoscitivos e instrumentales que fueron desarrollados en los campos disciplinarios de procedencia, puede suceder también que los científicos "inmigrantes" se desplacen a áreas que tengan menor grado de desarrollo cognitivo y social, aunque no sean del todo desconocidas.

Los campos fundados o desarrollados a partir de las migraciones una vez consolidada su madurez cognitiva y social, reclamarán su identidad y procurarán constituir un orden científico diferenciado. También así ocurre el desarrollo de la ciencia y no sólo a través de las concepciones acumulativa o revolucionaria en la que se concentró el debate en los años 60 y aún después. Con frecuencia esas concepciones se refieren a transformaciones dentro de una disciplina o especialidad, en tanto la visión del cambio científico a través de la migración más bien habla del cruce disciplinario, de la fertilización cruzada entre áreas distintas del saber.

Esas migraciones pueden tener al inicio un carácter más individual o colectivo, suscitar mayor o menor resistencia pero en general "el comienzo del fenómeno se debe a la percepción de problemas no resueltos, a las observaciones inesperadas o a los avances técnicos inusuales" (ibid, p. 205). Ante situaciones como éstas puede ocurrir que individuos o grupos cuyas líneas de investigación han declinado, se han visto impedidos de continuarlas o simplemente porque perciben las posibilidades superiores de los problemas emergentes u otras razones, se desplacen a las nuevas áreas de problemas con sus capacidades cognitivas y técnicas.

Este tipo de enfoque del cambio científico no encaja dentro del modelo kuhniano, especialmente dentro de su noción de ciencia normal, más bien diseñada para subrayar el cierre profesional, el dogmatismo, la resistencia al cambio. El "modelo migratorio" más bien da cuenta del avance permanente del conocimiento mediante el desplazamiento hacia problemas desconocidos.

Según creo el enfoque migratorio sería más cercano al punto de vista de Toulmin (1977) que defiende una "ecología intelectual". Según ese punto de vista la racionalidad científica no consiste en garantizar la coherencia interna de conceptos y creencias (criterio logicista) sino en la capacidad de modificar las capacidades intelectuales ante experiencias nuevas e imprevistas, lo que permite cambiar total o parcialmente un conjunto de conceptos por otro mejor. Las poblaciones conceptuales están sometidas a procesos de variación y selección semejantes a los que caracterizan la evolución de las especies en la evolución biológica La evolución del conocimiento se percibe así como un proceso de emergencia y selección continua de innovaciones. En cualquier momento hay un número de personas con talento y suficiente adiestramiento capaz de proponer innovaciones conceptuales que competirán con otras establecidas. Algunas variantes serán seleccionadas, la mayoría descartadas o ignoradas, según satisfagan soluciones a problemas teóricos y prácticos. La selección crítica y producción de innovaciones es el motor de la evolución conceptual.

Para evaluar los méritos intelectuales de las innovaciones conceptuales y sus procedimientos de selección hay que tomar en cuenta la actividad de aquellos hombres que forman el "grupo de referencia" es decir personas autorizadas para hacer las evaluaciones del conocimiento. Son las autoridades que operan en los diferentes campos del conocimiento La atribución de valor intelectual a los conceptos es una atribución de los grupos de referencia: sólo podemos comprender la evolución intelectual de nuestros conceptos si tenemos en cuenta los procesos socio históricos por los cuales se desarrolla dentro de la vida de una cultura o comunidad. Con esto la historia de las ideas queda relacionada con los procesos institucionales y sociales que las contextualizan.

Volvamos al "modelo migratorio". A lo expuesto le falta alguna observación adicional sobre los móviles sociales de esos desplazamientos. Sin dudas pueden ser muy diversos. Uno muy importante es la búsqueda de reconocimiento, lo que está en línea con las ideas de Merton y Hagstrom ya comentadas. Reconocimiento que supone recompensas, cambios de estatus, jerarquías, cambios institucionales. El progresivo declive de problemas significativos en un campo de conocimiento conduce al declive del reconocimiento y la recompensa, lo que puede constituir un importante móvil para incentivar la migración hacia áreas de problemas donde se estima que existen problemas cuya atención y solución genera mayores reconocimientos. Si se bloquea el reconocimiento se frena la carrera profesional y los científicos tratan de evitar esto.

El ejemplo proporcionado por Ben David y Collins (Torres Albero, 1994, pp 209 - 210) de la migración de los fisiólogos hacia la psicología dando lugar a la psicología experimental en un campo donde antes dominaba una visión más bien filosófica, puede ilustrar el mecanismo propuesto.

Otro móvil social puede ser el esfuerzo por evitar los conflictos, así como resistencias propias de campos muy ocupados donde exista resistencia a ideas alternativas o una competencia fuerte por los reconocimientos. Tanto los científicos de alta reputación como los jóvenes pueden verse impulsados a la migración; los primeros cuentan para ello con un prestigio y diversas fuentes de apoyo; los jóvenes pueden proponerse hacer una carrera exitosa en corto tiempo, algo difícil en un campo ya establecido.

Otro factor de tipo social que puede influir es el interés por desarrollar investigaciones aplicadas cuya atención requiere con frecuencia "recombinaciones genéticas" entre disciplinas distintas y puede conducir a nuevos campos de conocimiento. Con frecuencia esas investigaciones aplicadas están acompañadas de financiamientos y recursos superiores. El desarrollo científico contemporáneo es un proceso que se apoya en actos de opción, prioridad y sentido cuyas definiciones se sitúan en la sociedad y los intereses que la mueven.

Por último subrayemos que las migraciones, a veces iniciadas por individuos aislados, requieren de la consolidación de asientos institucionales. Los agrupamientos de científicos en torno a determinados centros geográficos, el establecimiento de redes de comunicación, distribución de roles, provisión de recursos, existencia de líderes, la consolidación de colegios invisibles, permite desarrollar las formas de socialización específicas de la vida científica.

La consolidación de nuevas identidades suele requerir la afirmación de ideologías que permiten la justificación explícita de los objetivos propuestos y se dirige con carácter disuasorio hacia los colegas y la sociedad en general. A través de ellos se pretende alcanzar el apoyo requerido y afirmar el espacio por el que se pugna, el que una vez logrado habrá de defenderse, también apelando al recurso de la ideología. Así, de la identificación de nuevos problemas y del interés por resolverlos que impulsó la migración se puede llegar al establecimiento de un marco académico propio, la creación de revistas científicas, el reclutamiento de estudiantes, la transformación de las perspectivas cognitivas, la consolidación de ideologías.

No siempre la migración llega a completar un ciclo tan largo y profundo. Por ejemplo, si la migración se produjo hacia un campo ya existente aunque subdesarrollado, se podrán aprovechar los espacios existentes. En otros casos la migración se desalienta por la evidencia de que los problemas que la estimularon no justifican el cambio.

En suma, las consideraciones anteriores permiten comprender que la explicación del funcionamiento de la ciencia exige recurrir a visiones dinámicas que en los aspectos cognitivos y sociales en sus interrelaciones e interpenetraciones. La consideración de puntos de vista diferentes (Merton, Kuhn, Mulkay, Hagstrom, entre otros) permite también concluir que no existen modelos únicos del cambio científico pero sí un conjunto de indicaciones sociológicas útiles para comprender los mecanismos del cambio científico.

Comunidades en la "periferia" y ethos mertoniano

La institucionalización de la ciencia en la "periferia", especialmente en América Latina, es un proceso que tiene lugar esencialmente a lo largo del Siglo XX, siempre sometido a numerosos avatares. Esto conduce a los científicos a la formulación de discursos legitimadores y más aún, auténticas ideologías con las cuales se intenta procurar tolerancia y apoyo social al trabajo científico.

Con frecuencia esos discursos enfatizan la presumible contribución de la ciencia al desarrollo social para la cual suele aludirse al ejemplo de los países desarrollados. Junto a esto suele postularse que esas contribuciones sólo se producirán si se permite a los científicos definir su propio trabajo y si le proporcionan los recursos para realizarlo.

La legitimización de las líneas de trabajo seleccionadas se buscan en la poderosa institución internacional de la ciencia, absolutamente concentrada en los países desarrollados. Los científicos de la periferia casi siempre han sido formados en esos países, o bajo la influencia de la ciencia que en ellos se practica, a través de becas, participación en congresos, publicaciones, entre otras vías.

En este camino la calidad del trabajo científico local termina por ser legitimizado a través de sus contribuciones a la ciencia internacional que es frecuentemente la de Estados Unidos o Europa.

Lo que permite enlazar las ideas de que la ciencia contribuye al progreso social, a la par que se mide su avance por su acceso a las revistas del main stream y el logro del reconocimiento de los pares de los países desarrollados, es el supuesto del Universalismo: la ciencia no tiene patria, raza, sexo. La meta debe ser contribuir al acervo colectivo. El conocimiento certificado contribuirá al crecimiento de la ciencia y es esperable que sea bueno para el progreso social.

Como vemos, en la lógica de este discurso hay algo del retos mertoniano. Freites (1984, pp. 351 - 385), por ejemplo, ha argumentado la presencia del retos mertoniano en la Sociedad Venezolana para el Avance de la Ciencia. León Olivé (1990) concedió una entrevista sobre este tema de la cual forma parte la pregunta y la respuesta que reproduzco en extenso a continuación:

"Pregunta: En nuestro país, la comunidad científica ha sido bastante opaca al reconocimiento de las interrelaciones de la vida social y la actividad científica; ha preponderado una actitud que podría calificarse de estrictamente cientificista o "mertoniana", al proclamar que la ciencia es una actividad pura y universal encerrada dentro de sus propios límites. ¿Qué opina usted al respecto, especialmente en el contexto de la racionalización de una actitud ante la ciencia en Latinoamérica?

Respuesta: Concuerdo con la opinión de que ésa ha sido la concepción dominante entre nosotros, tanto en el medio científico como en los responsables de diseñar y de llevar adelante ñas políticas de apoyo a la investigación científica y las políticas educativas correspondientes. Una idea de ciencia que me parece muy alejada de la realidad, de lo que es la actividad científica y de las concepciones sobre la ciencia que se han desarrollado en los últimos años desde diferentes perspectivas teóricas y filosóficas. Lo más grave de esta situación es que tiene consecuencias - que no son inocentes - en el tipo de políticas que se diseñan y en el de las investigaciones que se apoyan prioritariamente y se van conformando. Por ejemplo, haciendo un análisis de los protocolos de investigación, de los formatos para solicitar apoyos, puede uno darse cuenta de inmediato de los presupuestos que existen acerca de la actividad científica, del conocimiento científico, de los objetivos que se plantean para las investigaciones. Yo creo que esto también ha sido responsabilidad de quienes reflexionan sobre la actividad científica o sobre el conocimiento científico, como los sociólogos de la ciencia - cuya disciplina, por cierto, no se ha desarrollado mucho en América Latina - y los que hacen filosofía de la ciencia. Si bien ésta trata una serie de temas que me parece muy importante que se aborden, especialmente en nuestros países, ha dejado de lado la interacción entre ciencia y sociedad. Sin embargo, en los últimos años ha habido un movimiento que intenta superar ese paradigma, aunque por ahora es débil en cuanto a la influencia y a los efectos que puede tener en la comunidad científica de nuestro medio y en los responsables de las políticas de investigación."

Lo que aquí postulo es que si bien los componentes del retos pueden ser vistos como elementos necesarios en la consolidación de la ciencia académica, también pueden servir como recursos discursivos para fundamentar una ideología de moda en la "periferia": el cientificismo.

Anda e Iglesias (1983) han identificado las más importantes propuestas alternativas para la práctica científica en América Latina. Tomaré la tipología que ellos proponen para desarrollar una estrategia de argumentación inspirada en diversas fuentes. Una de esas ideologías, rémora del pasado, es la que considera irrelevante el papel de la investigación científica e innecesaria su promoción. Se trata de una idea que en nuestros días raramente se declara abiertamente pero en cierto modo subyace a la desatención pública a ciencia y tecnología por no pocos gobiernos. La dedicación de sólo el 0,4 % del PIB a tareas de I+D en la región puede en parte explicarse por una actitud implícita como la señalada.

Otra propuesta es la que esos autores denominan desarrollista: la ciencia, en tanto actividad social, debe colocarse al servicio del desarrollo de la sociedad. Correcta en principio, esta tesis tropieza en la práctica con varias limitaciones. Una de ellas es su posible interpretación inmediatista en tanto la concentración en la solución de problemas inmediatos puede conducir a perder de vista el papel de la investigación estratégica. Con frecuencia termina por proponer proyectos vinculados al traslado o transferencia de tecnología del centro de la periferia y conduce a afirmar la dependencia tecnológica. Otro defecto de esa propuesta radica en que con frecuencia el desarrollo que se propone fecundar es el típico modelo de desarrollo capitalista dependiente, caracterizado por el "pacto concentrador" (Herrera, et al. 1994) que reduce los beneficios del desarrollo a sectores minoritarios de la sociedad.

Tampoco estimula la ciencia a participar críticamente en la discusión de la sociedad que se considera deseable. Sólo la discusión sobre ideales sociales permite respponder las preguntas ¿ciencia para qué?, ¿ciencia para quién?.

Es también una tesis que fomenta el pragmatismo, que conduce a ignorar el papel de las ciencias sociales, las humanidades y la educación científica como un bien cultural.

Quizás lo peor de todo es que se predica para un medio social que carece de la voluntad política y el interés empresarial por convertir la ciencia en factor del desarrollo.

En contraposición con la propuesta anterior se desarrolla la alternativa cientificista: la producción de conocimientos solo debe responder a la libertad académica y la capacidad creativa del investigador; la ciencia se asume como autónoma, conducida por sus propios objetivos intrínsecos. La práctica científica solo tiene la tarea de expandir las fronteras del conocimiento "para la propuesta cientificista la ciencia, como práctica y como resultado sería universal. Las leyes que gobiernan su evolución serían internas. Su historia consistiría en una historia autónoma, independiente de la estructura de la sociedad que la genera "(Anda e Iglesias, 1984, p. 124).

La práctica del científico debería ser medida por el reconocimiento de sus iguales, en función de la importancia de las contribuciones para la evolución del conocimiento, al margen de otras consideraciones. Sin embargo, "Esta idealización que es parcialmente correcta, se degrada, como veremos en la práctica cientificista, reduciéndose a una simple aceptación por parte de la comunidad de los trabajos científicos a través de su publicación. De esta forma una investigación con aplicaciones potenciales importantes no será valorada adecuadamente, mientras que dos trabajos igualmente publicados serán valorizados en forma semejante aunque representen aportes bien diferenciados para el desarrollo del conocimiento" (Ibid, p. 125). En este camino la publicación deja de ser un medio para convertirse en un fin en si mismo y los juicios sociales sobre el conocimiento se degradan en estadísticas sobre el número de artículos, de citaciones, etc. Las revistas y los artículos han crecido más que los científicos y el afán de publicar ha generado un publicacionismo insensato. De hecho la propia comunidad científica manifiesta su desinterés por buena parte de las publicaciones: según el Institute for Scientific Information el 50 % de los trabajos publicados jamás son citados.

Llamo la atención sobre dos ideas que subyacen a la concepción cientificista: la meta de la ciencia es la extensión del conocimiento certificado y su cumplimiento se mide por la comunidad científica internacional.

Como sabemos, en la práctica son los árbitros de las revistas del main stream, con frecuencia norteamericanos e ingleses, los que trabajan para revistas que se publican casi siempre en inglés los que sirven de "porteros", los que definen la calidad de las contribuciones. En esa operación las necesidades locales de conocimiento son obviadas.

El supuesto básico de todo esto es que todos los investigadores comparten valores universales y están organizados a través de comunidades que tienen sus propias normas y mantienen un compromiso inalterable con la verdad y el conocimiento objetivo. El "sabor mertoniano" de esta postura parece evidente.

Esta retórica aporta a los investigadores de la periferia un recurso discursivo para defender la autonomía de su trabajo, en tanto el reclamo por el apoyo del mismo se basa en el supuesto de que se está imitando la práctica de los países centrales, el modelo a seguir.

Es sabido, sin embargo, que la articulación entre ciencia y tecnología, entre conocimiento e innovación tecnológica, es bien diferente en la periferia y en los países desarrollados. En estos últimos la fracción del gasto de I+D dedicado a ciencia básica es limitada: 25 % en Francia, 23 % en Alemania, 19 % en Japón y Estados Unidos y 13 % en Reino Unido (UNESCO, 1996).

En esos países buena parte del esfuerzo en I+D se despliega en las empresas. En Estados Unidos las empresas financian el 59 % de las actividades de I+D, el gobierno el 36 % y las universidades y organismos no lucrativos el 18 %; las empresas realizan el 72 % de ese presupuesto. En Alemania gastan 61,4 % del presupuesto de I+D y realizan el 69 %; en Suiza 74,5 % y 74,8 %, respectivamente. (UNESCO, 1996).

A pesar de cualquier ideal cientificista la práctica científica internacional se hace cada vez más comprometida con intereses prácticos, en particular vinculados al crecimiento económico y la competitividad. (Salomón, 1996).

Por razones que no es difícil comprender, entre las propuestas mencionadas la más popular entre las comunidades académicas de América Latina es el cientificismo. La ausencia de compromiso moral y político con los modelos sociales a los cuales supuestamente la ciencia debe servir y la fuerte atracción que ejerce la "transnacional de la ciencia", conduce a incentivar el discurso cientificista.

En gran medida en los países de la periferia los procesos de legitimación de la ciencia tienen carácter exógeno: provienen de los países desarrollados. Es la aceptación internacional del científico lo que conduce a la legitimización en su propio país. Con esto la actividad científica de los países desarrollados define el curso de la ciencia periférica, sobre todo de los centros e individuos miembros de la élite académica. En consecuencia la agenda científica no tiene carácter nacional por sus prioridades con orientación y fuentes de legitimación. "Esta situación produce la institucionalización de relaciones de dependencia en cuanto a temas de investigación, técnicas, relevancia de resultados, formas y normas de publicación, valores, prejuicios y elementos ideológicos explícitos e implícitos y otros lazos de dependencia de carácter institucional consagrada por convenios, apoyos financieros, intercambios, etc." (Anda e Iglesias, p. 132).

Sin embargo, con frecuencia la incorporación del científico de la periferia a la comunidad científica internacional suele ser parcial. Le resulta difícil publicar y recibir reconocimiento; raras veces su posición llegará a ser destacada y con frecuencia será marginal. Para intentar superar esa condición deberá aceptar las modas y prioridades de las comunidades centrales o directamente incorporarse al trabajo de ellas nutriendo la lista de cerebros robados.

Las observaciones anteriores permiten comprender la complejidad del proceso de constitución de las comunidades periféricas.

Recordemos que la institucionalización de la ciencia moderna comenzó en Europa en el siglo XVII. En América Latina empezó a tener importancia a fines del siglo XIX y ha avanzado lentamente durante el siglo XX. Este sólo dato anuncia una gran dificultad.

También es muy diferente la estructura y los intereses sociales que influyen sobre el desarrollo científico.

La escasez de científicos, la indolencia social, la lentitud con que cristalizan las tradiciones de investigación, condicionan la fragilidad institucional de la ciencia en la periferia.

En ese contexto la defensa del retos científico puede constituir un elemento necesario en el respaldo de la ciencia. Recordemos que Merton tuvo en cuenta para formular sus ideas fenómenos como el liysenkismo, el amargo debate entre ciencia burguesa y proletaria o entre ciencia aria y judía. En todos los casos se trataba de sustituir la objetividad científica por preferencias políticas o raciales.

En ambientes académicos no consolidados la defensa de los valores científicos es una necesidad y el retos mertoniano puede entonces servir de resorte discursivo hacia dentro y hacia fuera de la comunidad. La defensa de la objetividad, el valor de la verdad, el derecho al escepticismo, la apertura hacia diversas tradiciones de investigación, son valores que deben ser afirmados en ambientes donde la cultura científica no ha echado raíces.

Pero la disociación de metas científicas y valores sociales es una falacia y como hemos visto conduce a la enajenación del trabajo científico de las necesidades sociales y al desinterés por ello.

Como se dijo antes, la ciencia de los países desarrollados, sobre todo la de Europa experimentó a lo largo de siglos un proceso de maduración que le permitió transitar de ciencia amateur a ciencia académica y luego, poco a poco, involucrarse en el juego de la innovación y competitividad industrial En ese largo curso la relación ciencia - sociedad ha cambiado mucho, acentuándose los nexos constitutivos, las relaciones de interpenetración que son típicas de nuestros días.

La cultura científica, sus valores, estándares, criterios de legitimidad han cristalizado junto a la praxis científica. Acompañándole y sirviéndole de refuerzo ha crecido una poderosa filosofía que exalta la objetividad y la importancia social del progreso científico. También la sociología de la ciencia a través del retos mertoniano contribuye a la defensa de la autonomía de la ciencia.

El mundo de la política y el mundo empresarial conocen el valor de la ciencia y la exaltan, contribuyendo a su desarrollo.

En cambio en los países subdesarrollados la ciencia es todavía en muchos lugares una ciencia académica (y aveces amateur) que carece de las bases sociales y culturales mencionadas antes. La ciencia ha sido escasa y la filosofía y la sociología de la ciencia importadas y ajenas a los problemas de aquellas.

Comentario final.

Espero que los temas tratados y los argumentos expuestos en relación con ellos hayan tenido la capacidad de ilustrar la importancia de la perspectiva sociológica para el análisis del funcionamiento institucional de la ciencia y también para explicar el curso de los procesos de conocimiento involucrados en ella. La sociología puede ser una excelente epistemología; no se pueden disociar los aspectos cognitivos de los institucionales y éticos, y todos ellos de las redes de intereses y juegos de poder que se tejen alrededor y dentro de las instituciones científicas.

Muchos autores, sobre todo los situados en las posiciones de la Nueva Sociología del Conocimiento Científico (NSCC), suelen considerar absolutamente superada la propuesta de Merton. Como hemos apuntado, la consideración de los aspectos cognitivos como ajenos a los intereses del análisis sociológico y el funcionalismo que caracteriza dicha propuesta, nos obliga a asumir una perspectiva crítica respecto a ella. Del mismo modo, las tesis de Kuhn también exigen un distanciamiento crítico según discutimos antes. Tampoco creo que la NSCC esté inmune a la crítica. Lo que he querido mostrar en este ensayo es que las ideas formuladas por esos autores y tendencias contribuyen a encauzar el debate en torno al funcionamiento institucional de la ciencia e iluminas zonas diversas de la práctica científica. Mi experiencia en los seminarios con profesores e investigadores es que esas ideas estimulan nuestra capacidad de reflexión y crítica de la actividad científica, lo que viene a confirmar el objetivo educativo de los estudios CTS.

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