![]() |
![]() |
||||||||||||||
Está en:
OEI - Programación -
CTS+I - Sala
de lectura -
![]()
Panel en la Feria del Libro, Buenos Aires, abril 1999
¿O hacia la democratización del conocimiento?
![]()
Quisiéramos puntualizar algunas cuestiones para poder definir mas ajustadamente una posición frente al desafío que nos plantea el título del panel, que entendemos deja abiertas diversas opciones: puede ser una afirmación con connotación positiva o negativa, o puede ser una pregunta. Ya se puede adelantar que la sociedad que se ha ido instalando con características muy particulares, aspirando ser la del conocimiento, no nos produce demasiado entusiasmo. Preferiríamos la de la sabiduría. Sustentaremos nuestro punto de vista apoyándonos en un estudio de un investigador español, Emilio Lamo, que expresa con rigor ideas y valores que compartimos.
Para ubicarnos históricamente recordaremos que la ciencia viene impactando crecientemente el perfil de las actividades productivas desde la revolución industrial; pero hay dos hechos que se han ido afirmando en las últimas décadas que permiten definir un nuevo estadio.
El primero se refiere al ritmo de producción de conocimientos que es de carácter exponencial, de la misma manera que lo es la multiplicación de las publicaciones científicas, las patentes, los centros de investigación, las especialidades científicas y la obsolescencia de los conocimientos y las formaciones. Estamos hablando de los países centrales donde se ha pasado de la investigación artesanal a la industrial y donde esa industria de los conocimientos ocupa un lugar central, particularmente en Estados Unidos y Japón.
El segundo hecho se refiere al tiempo necesario para transformar un conocimiento básico en ciencia aplicada y luego en tecnología que cada vez se reduce más, haciendo que la incidencia de la ciencia sea cada vez más inmediata. Convirtiendo a la ciencia (la industrializada, aquella que se hace en el primer mundo), en un factor primordial de la producción.
Generando una nueva revolución tecnológica; y desde ahí una nueva industria, una nueva economía y una nueva sociedad, en la que aún en los sectores mas tradicionales como puede ser la agricultura, prima el criterio de la productividad y la competitividad. La ciencia penetra y se difunde en toda la actividad productiva, planificadora o administrativa, educativa, cultural, permea toda actividad social, convirtiéndose en el modo dominante de pensamiento. La norma es el cambio y no la estabilidad. Deja de regir la cultura como mecanismo de adaptación, al desestimarse la repetición de respuestas probadas. Se afirma entonces una sociedad que progresivamente sustituye la cultura como acumulación de experiencia y modo de adaptación al medio, por la ciencia; o dicho de otro modo se transforman en culturas excluyentemente de la ciencia y la innovación. El pasado pierde relevancia. Aparece el riesgo de perder el saber acumulado, arrasado por la aceleración vertiginosa de las innovaciones.
Los pensadores del primer mundo advierten los peligros de esta carrera, que genera una sensación de ambivalencia e inseguridad, sustentada en algunos aspectos fuertemente negativos de esta gigantesca revolución. En una rápida mirada aparece como primer señal de alarma la generación de una sociedad crecientemente desigual, ya sea en el plano interno, al expulsar fuera del sistema socio - económico hacia posiciones marginales a quienes no acreditan determinadas habilidades, o las diferencias norte sur, basadas en barreras tanto económicas como culturales.
Pero el aspecto más preocupante es el que deriva de la propia lógica científica, una lógica instrumental que no dice nada acerca de los fines. Y que por otra parte al haber contribuido a identificar conocimiento con ciencia se transformó en un disolvente de todo saber de los fines y los valores sobre los que, desde este punto de vista, nada puede decirse con certeza científica, primando el puro pragmatismo de los medios. Por otro lado, la aceleración que caracteriza este fenómeno pone a disposición posibilidades de producir situaciones cuyo juzgamiento se ve dificultado por la carencia de orientaciones éticas. El consenso sobre los valores o los fines es muy difícil de establecer, mucho mas lento de obtener que el conocimiento técnico, especialmente cuando es el futuro y no el pasado el que controla el presente, por lo que no se asigna validez a los modelos normativos con que se cuenta.
La cultura avanza muy por detrás de la ciencia; hay campos crecientes que se encuentran en un limbo moral, carentes de criterios, sobre los que la opinión pública, sin herramientas técnicas es aún incapaz de pronunciarse, pero expresa muchas veces su preocupación.
Existe la sensación en mucha gente, en muchos pensadores, de que se asiste a consecuencias no queridas y no previstas de la ciencia, que recuerdan la figura del aprendiz de brujo. La ciencia no es responsable de esta situación , pero no cabe duda que la ha hecho posible. No dejaremos de decir que también ha abierto posibilidades infinitas de mejoramiento de la condición humana, en los aspectos físicos y espirituales. Que ofrece una herramienta inestimable en la lucha contra el oscurantismo y la irracionalidad, a favor de la justicia y la equidad. Y así fue vista por todos los movimientos emancipadores que desde el siglo pasado la incluyeron en sus banderas. Pero también hay que decir que la ciencia institucional ha sido cooptada por el poder económico que se rige por la regla del máximo rendimiento.
Podríamos dar muchas más razones para sostener de que se trata de un modelo que así como se presenta es absolutamente cuestionable, pero sólo agregaremos una que nos parece definitiva y es que este modelo nos es fundamentalmente ajeno en la Argentina y en América Latina. Nos obliga a mirar por la vidriera una fiesta que es de otros (porque no se puede desconocer que en muchos países del primer mundo se vive una prosperidad económica desconocida). Una fiesta que nos abruma con su ruido y sus consecuencias indeseables; que para ellos también lo es. Con la diferencia, esta vez a nuestro favor que por sernos sustancialmente ajena nos permite enfrentar este fenómeno con mayor libertad, con menor compromiso.
Siempre se ha criticado la falta de involucramiento de nuestra ciencia con la producción y un eventual poder económico. Hoy esa independencia nos permitiría imaginar para nuestra ciencia, en asociación con la de la región, un camino que la reinserte en su trayectoria histórica junto a la educación, como elemento estructurador de nuestra sociedad, como factor de integración y de afianzamiento de nuestra identidad.
La Argentina tiene una trayectoria relevante en el campo de la educación popular y quizá en forma no totalmente desvinculada de ella, una también valiosa experiencia en el campo de la ciencia. Todo junto constituyó un modelo destacado en América Latina, que le permitió encabezar un proceso de integración y crecimiento. No ignoramos que las condiciones son muy distintas, pero también es cierto que ya no estamos en el momento de mayor euforia respecto a la sociedad hacia la que nos encaminamos y que se ha avanzado en un proceso de integración regional que sumaría fuerzas a un proyecto local.
No es difícil advertir el tenor de nuestra propuesta; fundamentalmente en el sentido de que debemos recuperar la capacidad de pensar un modelo propio para nuestra ciencia. Un modelo que la constituya en un aporte efectivo a una sociedad del conocimiento, distinta de la que se vislumbra e intentamos describir. Una ciencia apropiada a nuestras posibilidades, ajustada a nuestras necesidades; un modelo respetuoso de la historia y los valores de nuestra sociedad. Un modelo que evite el tener que girar alrededor de los temas que se fijan en el primer mundo, en el que haya lugar para atravesar el momento quizá mas creativo en ciencia, aquel en que se formula la pregunta; que se pueda aspirar a que no se reciban todas envasadas en los temas que financian las agencias internacionales, o los que desarrollan los laboratorios con los que hay que colaborar para que los trabajos sean mas fácilmente publicables. Y de esa manera reunir los antecedentes que permitirán acceder a una evaluación favorable, que entre otras cosas se vincula al salario escaso.
Nuestra propuesta es promover como parte de un proyecto colectivo una ciencia vigorosa, virtuosa, que forme gente creativa, capaz de desarrollar, copiar y elegir lo que hay disponible en la ciencia y la tecnología del primer mundo, apto para nuestras necesidades. Gente formada en el pensamiento científico, riguroso, que contribuya con su saber en la educación, la salud; que lidere el reconocimiento y protección de nuestros recursos naturales, intervenga en la planificación de las grandes obras públicas y la ocupación del territorio. Gente comprometida con su sociedad, no asolada por la competencia salvaje, que tenga para su evaluación términos de referencia distintos de los de la ciencia internacional, porque es parte sustantiva de un proyecto con objetivos diferentes.
Y en este proyecto que defendemos como una utopía que nos debe orientar, colocaría como uno de los ejes que le den sustancia e inserción social a la ciencia, la responsabilidad de la misma y la universidad en la democratización del conocimiento; en aportar con su rigor y su saber a hacer posible la alfabetización científico tecnológica del conjunto de la población, apuntando a hacerla cada vez más apta para integrarse lúcida y responsablemente a la sociedad tecnificada actual, evitando la marginación laboral y de las decisiones colectivas, que hacen a la instauración de una verdadera democracia. Aquella en que no sólo se puede opinar, sino también discriminar y elegir sobre qué se va a decidir.
Llenando el papel que hace más de cien años, con necesidades diferentes, iniciara en un proceso paralelo la ley de educación popular; que impulsando la alfabetización en lecto escritura, aportó sustantivamente a la construcción de una sociedad democrática.
Sabemos que este cambio de óptica no es sencillo ni conceptual ni institucionalmente y que solo adquiere sentido y viabilidad en la escala regional (el MERCOSUR primero, apuntando a abarcar el espacio de L.A.). Se requieren objetivos claros y una estrategia coherente, que tiene como punto crítico el desanudar nuestra ciencia del marco institucional del primer mundo, que fija la excelencia y pertinencia; por supuesto pensado para ellos, como corresponde. Desde nuestro punto de vista se cuenta para esta cruzada con el aporte inestimable que significa la posibilidad de la interacción con Brasil; que tiene en los 50 años de trabajo de su SBPC (la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia), un caudal de experiencias valiosísimas en cuanto a la instrumentación del contacto con su sociedad, en diversos aspectos de interés social.
Estamos proponiendo impulsar una ciencia distinta para una sociedad diferente; para que no parezca pura fantasía haremos referencia a dos hechos ajenos a nuestros propósitos, que se pueden considerar como señales de que no estamos totalmente desencaminados.
Cuando la Academia de Ciencias de Suecia otorga el Premio Nobel de Economía a un estudioso de la pobreza, un teórico riguroso, Amartya Sen, que analiza sus características y la forma de paliarla; y lo hace a contramano del furor monetarista que es algo así como el cientificismo en el campo de la Economía, está dando una señal de que algo está fallando en el ámbito del conocimiento consagrado.
Cuando sin tener que recurrir a la frondosa bibliografía que usamos para ilustrar estas cuestiones en nuestro curso del postgrado, se puede leer en la primera página de un diario de estos días la descripción cuidadosa de un Seminario en la Universidad de Harvard, del que participaron una treintena de primeras figuras mundiales de diversos campos del conocimiento; en el que se destacó que es la cultura y sus valores lo que determina el progreso de las naciones y el ser humano. Que el crecimiento solo, no alcanza y que se necesita un stock de activos ahorrados (no pueden dejar de hablar en términos económicos) y se refieren a los valores culturales, las instituciones, el conocimiento. Quiere decir que los valores humanos vuelven a cotizar en los grandes centros mundiales y es hora de mirar hacia los nuestros.
Cuando suceden esas cosas es imperdonable no animarse a criticar verdades casi absolutas, usando lo mejor que nos ha dado la ciencia, el espíritu crítico, la independencia de pensamiento, la capacidad para plantear alternativas, que en el laboratorio son bien vistas, pero respecto al mundo social es fácil que sean tachadas de utópicas.
Hoy, que estamos acompañados de muchos jóvenes de todo el país nos sentimos estimulados a proponerles utopías, que como cuenta un poema, nunca se cumplen; se alejan a medida que avanzamos, pero cada una de ellas ayuda a caminar...
![]()
Formulario de suscripción gratuita a las Novedades del Programa CTS+I
![]()
| Sala de lectura CTS+I | |
| Ciencia, tecnología, sociedad e innovación |
![]()
Organización de Estados
Iberoamericanos
Buscador |
Mapa del sitio |
Contactar
| Página inicial OEI|