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Presentación y marco de referenciaLas políticas culturales ya tienen una historia en Iberoamericana. Relacionadas con el desarrollo de la arquitectura institucional, las demandas sociales y las transformaciones locales y globales de la cultura, han ido conformando un corpus que sobrepasa ampliamente los campos canónicos habituales de las políticas públicas de cultura, como por ejemplo, los de las artes y el patrimonio. Hay un interés por las industrias creativas, la cultura digital, la intersectorialidad de la cultura, las lenguas nativas, las relaciones entre cultura y desarrollo y las expresiones de las diferentes poblaciones, entre ellas, las étnicas. También existe una creciente preocupación por las comprensiones y las prácticas de la cooperación cultural y la definición y aplicación de la política cultural exterior de los diferentes países. Es posible afirmar que se han ido conformando políticas culturales de segunda generación que se refieren a nuevos temas de la agenda de la cultura, pero sobre todo a nuevas dinámicas, procesos y actores emergentes de la cultura en Iberoamérica. La aparición de estas políticas emergentes y la recreación de las ya consolidadas se deben, entre otras razones, al protagonismo que ha adquirido la cultura en la vida social y en la gestión pública, sus conexiones estrechas con las nuevas tecnologías, la ubicación de la creación en las lógicas económicas, la transformación de los consumos culturales o las articulaciones con la educación, el medio ambiente o la gobernabilidad democrática. A esta renovación de las políticas la acompañan cambios profundos en la gestión cultural, en un espectro de intervenciones muy amplio, que reúne desde experiencias nacionales o de ciudades, hasta un amplio tejido de experiencias locales y comunitarias. Por toda la geografía simbólica de Iberoamérica se encuentran experiencias que bien se aplican a la transformación social y cultural de una ciudad, como a la recuperación de la esperanza en barrios y comunas urbanas o en zonas rurales azotadas por la violencia, la desigualdad o la exclusión. También se encuentra una enorme cantidad de experiencias en pequeña escala pero con una gran intensidad de compromiso y sobre todo de vinculación efectiva con las comunidades. La gestión cultural se ha diversificado, tiene diversas modalidades, trabaja con diferentes actores y metodologías. Entretanto, la diplomacia cultural se ha convertido en lo que algunos han llamado el “poder suave”. Es clave en medio de propuestas de integración pero también en medio de tensiones y conflictos y puede transformarse en un escenario creativo de encuentro entre países. Hoy hay un convencimiento mayor sobre la importancia de definir políticas y planes de presencia de la cultura de los países en el exterior, como un mecanismo no solamente de imagen sino sobre todo de identidad, valoración y reconocimiento internacional de sociedades que cambian, que son complejas y que reúnen a la vez tradición con contemporaneidad, memoria con visión de futuro. La Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y la Agencia de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), proponen un proceso de pensamiento, formación y acción en el campo de las relaciones entre políticas culturales, gestión cultural y diplomacia cultural, cuyo momento de arranque sea el Seminario que a continuación se propone. |
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