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Familia y medios de comunicación. Medios de comunicación
y familia1
Blas Bermejo Campos2
y Julio Cabero Almenara3
Universidad de Sevilla
En este artículo encontramos un engranaje de relaciones
entre la familia y los medios de comunicación que claramente
presentan los autores a partir de su experiencia en el tratamiento
de estos temas. Nos hacen reflexionar sobre la influencia
de los medios de comunicación, sus efectos mediáticos
y el papel que la televisión y los videojuegos juegan
hoy en día dentro de la dinámica familiar.
I.- Introducción.
Sin querer entrar en profundidad en el tema de las funciones
que la familia desempeña en la sociedad cultural occidental,
el profesor Llorent ha recogido en dos publicaciones diferentes
(1995 y 1996) comunicaciones e intervenciones sobre la temática,
en los dos congresos que lleva ya organizados sobre la problemática
de la "Familia y la Educación", e independientemente
de la corriente filosófica y cultural, desde la institución
familiar siempre nos encontraremos con la consideración
de ser una institución que desempeña una función
básica: la socialización; es decir, desempeñar
el rol de orientar e introducir a los nuevos seres en los
patrones culturales y axiológicos del modelo social
en el cual se desenvuelve esta institución. Función
que podrá ser percibida tanto desde una óptica
de relación positiva, "a favor de", o negativa,
"en contra de", en función de la afinidad
entre los patrones ideológicos de los padres y los
valores imperantes en la sociedad.
Cómo nos llama la atención Llorent (1996,
9):
- "La familia es una institución sociocultural,
económica e ideológica, esencial e insustituible
para entender nuestro pasado y presente. Constituye la unidad
básica de nuestro tejido social y es clave en el
desarrollo personal del hombre".
No queremos decir con ello que ésta sea la única
función que desempeña la familia como núcleo
formativo y comunicativo, ya que éstos pueden ser bastante
diversos y difíciles de precisar, como claramente se
refleja en los objetivos básicos que Loscertales (1996,
55) llega a señalar que desempeña:
- "... los miembros de una familia están unidos
para ser felices, y ayudarse mutuamente a lograr dentro
del entorno familiar las metas individuales de crecimiento
y plenitud personales".
No podemos olvidar que el concepto de familia y las funciones
a desempeñar como institución se han visto modificadas
en los últimos años como consecuencia de diversos
hechos, tales como: la significación que la infancia
ha ido adquiriendo en nuestra sociedad, donde los niños
y niñas empiezan a percibirse no como adultos pequeñitos,
sino como personas con sus derechos y responsabilidades; la
entrada en el mundo laboral de la mujer; la feminización
de la sociedad, donde actitudes y valores considerados negativos
por ser femeninos empiezan a ser asumidos y dignificados;
el aumento de la calidad de vida en las sociedades occidentales;
y por último la influencia que los medios de comunicación
social están alcanzando como instituciones socializadoras.
Adentrándonos en el último de los aspectos
citados, no podemos dejar de reconocer que otras de las instituciones
que en la cultura occidental desempeña la función
de socialización, independientemente de la escuela,
son los medios de comunicación social o medios de comunicación
de masas como también son conocidos. Digamos desde
el principio que nosotros vamos a entender por ellos lo siguiente:
- "... aquellos sistemas mediáticos de información
unidireccional, que de forma individual o en interacción,
transmiten mensajes a una serie de personas "a priori"
desconocidas y de forma simultánea. Estos sistemas
mediáticos responden a una serie de características
básicas que los diferencia de otros, como por ejemplo
los medios audiovisuales y las nuevas tecnologías
de la información y la comunicación. En primer
lugar, su sentido unidireccional de la información,
ya que más que favorecer un proceso verdaderamente
comunicativo, entendiendo por éste aquél que
posibilita que los sujetos receptores y destinatarios de
los mensajes se conviertan en emisores, propician modelos
puramente informativos" (Cabero y Loscertales, 1995,
103).
Las funciones que se le han asignado a éstos varían
claramente según la escuela o corriente dentro de la
cual nos desenvolvamos (Wolf, 1987). Nosotros en un reciente
trabajo (Cabero, 1994) realizamos una síntesis de las
propuestas de diferentes autores y llegamos a señalar
seis funciones básicas: informadora-comunicativa, económica,
estética-expresiva, de diversión y entretenimiento,
substitutiva y socializadora.
Con la función que a nosotros aquí nos interesa,
la socializadora, los medios de comunicación
- "... persiguen la incorporación del receptor
a un grupo cultural, presentándole las normas por
las que éste se rige, y las conductas aceptadas y
rechazadas. Desde esta perspectiva los medios desempeñan
también una función ideologizante y adoctrinante.
En definitiva cumplen una clara función ideológica
en cuanto sistema de representación de la realidad
sociocultural y política donde se desarrolla el individuo"
(Cabero, 1994, 79).
Función socializadora que como indica Fernández
Enguita (1995, 20) persigue el
- "... sustituir los mecanismos de control externo
de la conducta por resortes de control interno; en otras
palabras, que los individuos hagan lo que tienen que hacer
y no hagan lo que deben de hacer sin necesidad de que nadie
venga a resolverlo".
Lo comentado hasta ahora nos lleva a señalar que una
función tan significativa como la que nos estamos refiriendo
es, en cierta medida, compartida por ambas instituciones sociales.
Por otra parte, nos tememos que una serie de acontecimientos
(número de horas que los receptores pasan sometidos
al influjo de estos medios, modificación de las funciones
que en la sociedad actual está desempeñando
la familia, disminución del papel de influencia significativa
de los padres, aumento de la significación de otros
elementos socioculturales en la consideración de patrones
culturales en los individuos, volumen de medios a los que
el receptor se encuentra progresivamente sometido...) estén
repercutiendo para que progresivamente los medios estén
cubriendo funciones que anteriormente desempeñaba la
institución familiar. No podemos olvidar que las últimas
generaciones infantiles han crecido al influjo directo de
medios como la televisión y la radio, como nos sugiere
Sander (1990, 24):
- "Niños y jóvenes participan ya desde
muy pronto con ayuda de los medios de comunicación
en el mundo adulto de la política, las catástrofes
y las diferentes culturas. Su conocimiento ha cambiado:
saben mucho más del mundo de los adultos, lo conocen
gracias a la televisión y a los medios de comunicación,
incluso antes de ser capaces de experimentarlos por si mismos".
Al respecto, creemos que nadie puede negar que cada vez nos
encontramos más inmersos dentro de una sociedad mediática
de comunicación, de manera que las separaciones que
anteriormente se establecían en base al dominio técnico-industrial,
en la actualidad es están empezando a establecer en
función del dominio técnico-comunicativo. En
un futuro más o menos cercano, por no decir que ya
nos encontramos en él, las sociedades se dividirán
por el dominio y la incorporación que hagan de las
tecnologías de la información y comunicación
en los diferentes aspectos de la sociedad, ya desde el ocio
y la diversión, ya desde el sector industrial y empresarial,
o ya desde el sector de la investigación. Y en este
aspecto nos tememos que las separaciones que se originen serán
más significativas y transcendentales que las realizadas
en su momento entre una sociedad industrial y otra agrícola.
En este nuevo contexto que se nos presenta bien estará,
antes de reflexionar sobre los efectos que los medios pueden
tener en la sociedad actual y el análisis de los más
significativos, dedicar unos instantes a analizar las influencias
interactivas que pueden darse entre los medios de comunicación
en la familia, y las influencias de la familia en la interacción
que los receptores realicen con los medios de comunicación.
II.- La influencia de los medios de comunicación
en la familia. La influencia de la familia en los medios de
comunicación social
Digamos desde el principio que nuestra percepción
al respecto es de que existen influencias mutuas e interactivas
entre estas dos instituciones socializantes de la sociedad.
La exposición a determinados medios de comunicación
de masas, como han puesto de manifiesto Gunter y otros (1995),
es una actividad compleja que requiere diversos problemas
de decisión, actividades de atención que incluyen
la acomodación para ignorar las distracciones del contexto.
Requieren estrategias de comprensión de considerable
complejidad. Sin olvidar una dimensión social de extremada
significación, y es que la interacción con determinados
medios se tiende a realizar en presencia de otros, y en este
caso este hecho viene claramente determinado por la familia.
Como se ha venido demostrando desde las teorías de
los efectos de los medios, y a las cuáles nos referiremos
posteriormente, el efecto de los medios no es exclusivamente
en un sentido unidireccional, sino dentro de la interacción
de una serie de problemas complejos. De manera que en nuestro
caso tan significativo puede ser lo que los medios le aportan
a la familia, como lo que la familia es capaz de aportarle
a los medios, mediante una actitud crítica y reflexiva
hacia los mismos.
Tanto estemos a favor como en contra de la utilización
de los medios de comunicación social, la realidad es
que éstos, sin que la familia haya tomado todavía
ningún tipo de decisión, como posteriormente
comentaremos, condicionan. Así, la primera influencia
nos la encontramos en la organización del espacio doméstico,
como nos llama la atención la periodista Lolo Rico
(1995, 15) que ha sido directora de programas infantiles y
juveniles en televisión, respecto a uno de los medios
de comunicación social más significativo:
- "La televisión hoy forma parte del mobiliario
de todos los hogares. Sin embargo, no se trata de un mueble
más, si así fuere sería fácil
prescindir de ella o relegarla a un segundo lugar. No, lamentablemente
la televisión se ha convertido en el centro de la
familia y se alza en el cuarto de estar como si se tratara
de un altar ante el que todos nos inclináramos para
pedirle dones o entregarle nuestras ofrendas".
Ahora bien, esta influencia no solamente condiciona cuando
estamos directamente enfrente del aparato, sino también
incluso antes; a manera de ejemplo, decir que la ordenación
espacial de uno de los lugares más interactivos y comunicativos
de la casa, el salón, se tiende a organizar espacialmente
en función del lugar en el cual el arquitecto ha situado
la toma de la antena de tv.
Desde un punto de vista económico, no podemos tampoco
olvidar el condicionante que introducen, ya que el número
de receptores audiovisuales que se están situando en
los hogares españoles está sobrepasando al de
la unidad familiar, en cierta medida como consecuencia del
aumento de la oferta de programas comunicativos, y al objeto
de evitar discusiones familiares sobre la programación
a observar.
Creemos que no nos equivocamos al afirmar que la televisión
se ha convertido en el centro de la vida social de la familia,
en torno a ella se unen sus miembros, y es ella la que tiende
a seleccionar los contenidos de discusión y las actividades
a la que son dedicadas las horas libre de ocio. En algunos
casos, incluso se convierte en la música de fondo de
la familia.
El efecto interactivo de la influencia familia-medios de
comunicación de masas al que anteriormente hacíamos
referencia, lo podemos observar en el problema tan analizado
del efecto violento de los medios de comunicación social,
y sobre todo del medio cinematográfico y televisivo.
Al respecto como creemos que acertadamente apuntaron Schramm
y otros hace tiempo:
- "Para algunos niños, bajo algunas condiciones,
alguna televisión es perjudicial. Para otros niños
bajo idénticas condiciones, o para idénticos
niños bajo otras condiciones puede ser beneficiosa.
Para muchos niños, bajo muchas condiciones, mucha
televisión es probablemente perjudicial, ni perjudicial,
ni particularmente beneficiosa" (Schramm y otros, 1961,
13).
Dicho en otros términos, se ha encontrado una alta
correlación positiva en las investigaciones que se
han centrado en estos estudios de comportamientos violentos,
entre los programas que observaban los adolescentes y el comportamiento
agresivo de la familia. Ello posiblemente nos lleva a asumir
que algunas veces, y bajo ciertas condiciones, los medios
más que crear patrones culturales, lo que sirven son
como elementos potenciadores de patrones culturales y sociales
ya asumidos conscientes o inconscientemente en los entornos
familiares. Singer y Singer (1993, 8) tras analizar esta problemática
llegan a señalar:
- "Proponemos que existe un vínculo entre la
imaginación, la respuesta del niño a los patrones
de conducta de los padres y la probable imitación
de los contenidos agresivos de la televisión".
En diferentes trabajos nosotros hemos apuntado cómo
las actitudes que tengamos hacia los medios, tanto en general
como hacia alguno de ellos en concreto, condicionarán
las interacciones que establezcamos con los mismos, ello ocurre
tanto con el medio vídeo (Cabero, 1989), como con el
informático (Cabero, 1993). Actitudes que no olvidemos
vienen condicionadas por el contexto en el cual nos desenvolvamos,
sea éste escolar o familiar. En la investigación
sobre el medio informático a la que nos hemos referido,
nos encontramos que la presencia de ordenadores en los domicilios
paternos de los estudiantes, condicionaban las actitudes que
los mismos tenían hacia los ordenadores y la informática.
Ahora bien, no es sólo cuestión de tener en
cuenta cómo los medios de comunicación influyen
en las familias y el contexto en el cual éstas se desenvuelven,
sino también contemplar la otra perspectiva, es decir,
cómo los medios de comunicación se pueden ver
influenciados por el comportamiento existente dentro de las
familias.
Aún siendo cierto, como hemos comentado anteriormente,
que la influencia de los medios no es tan directa como desde
determinadas teorías se nos ha hecho creer, también
lo es que los medios, sobre todo con la redundancia de la
información y de los mensajes y con la presentación
de estereotipos en personas de reconocido y atribuido prestigio
social, van creando valores "positivos" que tienden
a ser imitados sobre todo por las personas como menos nivel
cultural y menor edad, para decodificar e identificar los
mensajes ocultos, como los que se tienden a reflejar en diferentes
series donde nunca existen problemas laborales, los roles
laborales de los diferentes géneros están claramente
identificados y no existe la tendencia a salirse de los mismos,
donde la ternura es el elemento básicos del desarrollo
de las acciones, y donde el mundo es idílico y la existencia
de grandes problemas son situaciones ocasionales.
Ante esta situación, la familia puede desempeñar
un verdadero papel para el aprendizaje y la concreción
de los medios. Como ya llegamos a señalar con claridad
en otro trabajo (Cabero, 1994, 81), para nosotros tanto los
padres como el ambiente familiar desempeñan un claro
y significativo papel de mediador respecto a la adquisición
de hábitos de exposición y comprensión
de los mensajes transmitidos por los medios de comunicación
de masas. Como nos llama la atención Cebrián
de la Serna:
- "... los padres pueden aumentar los criterios de
credibilidad sobre las conductas, eventos y personas que
aparecen en la TV. Pueden también, analizar qué
probabilidad tienen de que ocurran estos fenómenos
en la realidad; discutir y contrastar estas situaciones
televisivas desiguales y mal representadas de la vida...
Ayudar, en suma, a ver estos eventos positivamente diferenciando
la realidad y la ficción".
Es cierto que estos comentarios podrían entenderse
demasiado centrados en el medio televisivo, pero con otros
medios de comunicación social o de masas, como queramos
definirlos, el papel de la familia es de máxima transcendencia,
tanto en el desarrollo de hábitos para el consumo y
la exposición, como para la interpretación crítica
de los mensajes que se presentan a través de ellos,
valga como ejemplo el caso de la prensa. En este caso, los
padres pueden ir creando en sus hijos no sólo el sentido
de consumidores de medios impresos, y si es mejor aún
consumidores de diferentes medios impresos que les permitan
el contraste y la contraposición de noticias, sino
también la reflexión sobre la información
que allí se ofrece contrastándola con las presentadas
en otros medios impresos, o en otros medios de comunicación
social. Como es bien sabido, los hábitos de lectura
se adquieren desde pequeño, una familia donde los niños
observen cómo sus padres invierten horas en la utilización
de estos medios, los motivarán sin lugar a dudas hacia
su uso.
Otro caso de la potenciación de actitudes hacia los
medios en los entornos familiares nos lo encontramos en las
que las mujeres suelen tener hacia los ordenadores. En todos
los estudios donde éstas se han analizado se ha encontrado
que son menores en las mujeres que en los hombres, siendo
lo que se ha venido a denominar como "computerfobia"
superior en ellas (Cabero, 1993). Los motivos que se han expuesto
para explicarlos son diversos y van, desde explicaciones de
la existencia de menor cantidad de testosterona en las mujeres,
hasta la especialización de los hemisferios celebrales.
Para nosotros, la explicación pudiera ser más
elemental, y a lo mejor consiste en las posibilidades de experimentar
con estas tecnologías que se facilitan a los hijos
varones o hembras: ¿a quién en una familia se
le regala antes un ordenador al hijo o a la hija?
Para nosotros, la significación del papel de la familia
en el consumo de los medios de comunicación no se traduce
exclusivamente en el uso concreto que puedan hacer de los
mismos, sino también en hacerles adquirir el hábito
de ampliar el número de medios con los cuales debemos
de interaccionar. Como es bien sabido, todos los medios tienden
a presentarnos la realidad en función de la ideología
que los sustenta y de los códigos simbólicos
que moviliza. Desde esta perspectiva un ciudadano estará
más formado no sólo por el hecho de utilizar
los medios, sino fundamentalmente por la diversidad de los
mismos que utiliza. Recordemos que en el estudio realizado
por Singer y Singer (1993), encontraron cómo altos
niveles de agresividad se relacionaban con altos consumos
de televisión, y al contrario.
Diferentes investigaciones llaman la atención cómo
en las familias donde entre los padres y los niños
adolescente existen intercambios de ideas y comentarios de
los programas, los hijos ven menos televisión y son
más selectivos en las programaciones. Por el contrario
en las familias donde no se realizan comentarios sobre los
programas televisivos, se ve más televisión,
se interacciona menos con otros medios, y una gran proporción
de los contenidos de la comunicación familiar gira
en torno a temas marginales relacionados con los programas
observados en la televisión (Orozco y Charles, 1992).
La mediación que el ambiente familiar pueda desempeñar
con la televisión como medio de comunicación,
depende prioritariamente del papel que se le asigne. No es
lo mismo, que la televisión sea percibida como instrumento
informativo y cultural que como instrumento de diversión,
distracción y ocio. En este sentido, cuatro tipos de
familias se han contemplado respecto al rol mediador que pueden
jugar ante el medio de comunicación de masas del que
hablamos, pero que creemos pueden trasladarse con matices
a otros medios: permisiva, familia cuya preocupación
se centra en la cantidad de exposición que el niño
es sometido a los medios de comunicación, las que asumen
una actitud activa, y las represivas, que utilizan a los medios
como instrumentos de castigo ante otras conductas realizadas
por los niños (Orozco y Charles, 1992). Las dos primeras
ejercen una función menos mediadora, la última
puede desencadenar efectos contrarios a los esperados, ya
que la observación de los mensajes se asume como premio.
Apareciendo la última como la más llamativa.
En las familias donde se emplea el convencimiento y la discusión
como técnica para mantener la disciplina, los hijos
tienden a ser menos susceptibles al mensajes transmitido y
a las manipulaciones que se originan por los medios. Por el
contrario, las familias donde la disciplina se mantiene mediante
conductas represivas y castigos, los hijos tienden a creer
más los mensajes emitidos, y seguir las propuestas
actitudinales, conductuales y culturales formulados desde
ellos. O dicho en otras palabras, existe una cierta influencia
entre el comportamiento seguido en las familias y la influencia
y utilización que se hace de los medios de comunicación.
Realizados estos comentarios respecto a las interacciones
que pueden establecerse entre ambas instituciones, pasaremos
a realizar algunos comentarios en torno a los posibles efectos
que los medios de comunicación social pueden tener,
tanto a nivel social, como familiar e individual, con el objeto
de acercarnos de forma más coherente a la problemática
que aquí nos preocupa.
III.- La realidad (?) de los efectos de los medios
Al analizar la temática de los efectos de los medios
de comunicación pensamos que es necesario asumir de
entrada el planteamiento expuesto hace ya tiempo por Katz
y Lazarsfeld (1979) cuando indicaron que el estudio sobre
los efectos de los medios se había desarrollado desde
una perspectiva bastante simple, ya que la realidad es que
no existe un único efecto de los medios, sino una diversidad
de interacción de los mismos. Encontrándonos
su influencia, desde la dimensión interna individual,
como la creación y potenciación de actitudes
y valores, hasta la dimensión cultural y política,
sin olvidarnos del contexto familiar.
El tema de los efectos de los medios ha recibido diferente
tratamiento en la investigación en medios en función
del paradigma en el cual nos pudiéramos mover: teoría
hipodérmica, la corriente empírico-experimental
o de la persuasión, los estudios empíricos sobre
los efectos limitados, la teoría funcionalista, la
teoría crítica, la perspectiva culturológica,
la perspectiva de los "cultural studies", y las
teorías comunicativas. Aunque de ellos tres han sido
los que fundamentalmente se han preocupado por el problema:
la teoría hipodérmica, la de los efectos limitados,
y la de los efectos a largo plazo.
La teoría hipodérmica adquiere sus bases conceptuales
desde la psicología comportamental, y desde aquí
los medios son percibidos como estímulos que provocan
determinadas conductas, previsibles algunas veces por el refuerzo
establecido. Desde aquí los individuos son contemplados
como colectivos masificados. Desde esta perspectiva, las relaciones
se establecen entre el medio y el receptor, olvidando todos
los elementos mediacionales, externos e internos, que puedan
influir en los patrones conductuales que se obtengan como
consecuencia del sometimiento a los medios.
Desde la perspectiva de los efectos limitados de los medios,
aunque el problema sigue siendo cómo los medios influyen
sobre el individuo, éstos se analizan desde una perspectiva
cuantitativa y cualitativamente diferente, ya que la influencia
es percibida como el cómputo de una serie de medios
en los cuales socialmente se desenvuelve el individuo, de
manera que los medios aquí solamente son un elemento
más de influencia sobre el individuo, y de influencia
dentro de un contexto determinado.
En este último caso al que nos referimos las fundamentaciones
las recibe no tanto desde la perspectiva psicológica
conductual, sino más bien desde una perspectiva sociológica,
donde se asume la influencia del contexto cercano del individuo
como determinante de las interacciones que establezcan con
los medios y de los efectos que éstos sean capaz de
producirle.
En definitiva, desde esta perspectiva, se empieza a asumir
que el efecto de los medios ya no depende tanto del medio
en sí, ni del individuo aislado y de sus características
psicológicas y culturales, sino fundamentalmente de
la estructura social en la cual se desenvuelva el individuo;
en nuestro caso, del entorno familiar en el cual se desenvuelva.
Desde aquí los medios, ya no son tanto los creadores
de actitudes y valores, sino más bien instrumentos
potenciadores de conductas previamente incorporadas en el
repertorio conductual de los sujetos.
Como nos llama la atención Wolf (1994), en la actualidad
se está desarrollando una vuelta atrás hacia
la significación de los medios sobre los efectos individuales
y sociales.
- "Hoy estamos en una fase de revaluación del
poder de influencia de los media, y además, el estudio
de los efectos ha desplazado su atención hasta las
influencias a largo plazo, sobre todo aquellas que se ejercen
ya no sólo sobre cada individuo sino sobre el sistema
social entero o sobre parte de él" (Wolf, 1994,
48).
Uno de los estudiosos más significativos del impacto
de los medios de comunicación social ha sido McQuail,
el cual en 1985 escribió uno de los libros que ha tenido
más significación sobre la problemática
que nos ocupa: "Introducción a la teoría
de la comunicación de masas", en el que diferencia
tres grandes momentos de desarrollo de los estudios sobre
los efectos de los medios. En el último, que es el
que nos interesa a nosotros en este momento, se empiezan a
contemplar una serie de variables que determinan una nueva
posición sobre el estudio de la temática que
nos ocupa, así se empieza la preocupación por
el estudio del efecto de los medios no tanto a corto como
a medio plazo, la consideración del papel que juegan
las variables del contexto en la predisposición y la
motivación, y la significación de la ideología,
por ejemplo.
Desde estas nuevas posiciones, se nos viene a señalar
que el efecto de los medios no es tan significativo, o mejor
dicho unidireccional, como desde las primeras posiciones se
nos quería hacer ver. Como recientemente ha afirmado
Vilches (1993, 33):
- "Se afirma entonces que la comunicación de
masas no produce efectos en las audiencias sino que su función
se traduce más en el refuerzo que en el cambio de
actitudes".
El recorrido efectuado nos permite señalar que, para
nosotros, los medios no llegan a producir por sí sólos
tantos efectos como se les ha venido a considerar, tanto desde
la literatura científica, como desde el mundo coloquial,
sino que más bien desempeñan un papel de potenciador
de conductas preexistentes en los individuos. Dicho en otros
términos, el posible impacto de los medios no dependerá
exclusivamente del medio en sí, sino de la interacción
de una serie de variables que irán desde las características
cognitivas y actitudinales del sujeto que recibe los mensajes,
el contexto en el cual éstos son recibidos o las características
de diseño y presentación del medio en cuestión
al cual nos estemos refiriendo. Sin olvidarnos de las características
concretas de los contenidos a transmitir.
En este núcleo de variables, el interés y las
actitudes que los receptores tengan hacia medios concretos
serán determinantes de los efectos que en la recepción
y codificación los medios puedan producir. Sin olvidarnos,
como se está poniendo de manifiesto desde las últimas
líneas de investigación en medios de comunicación,
que los sujetos no se exponen a los medios de forma azarosa,
sino más bien tienden a exponerse a medios claramente
relacionados con sus creencias y actitudes. Ejemplo claro
de lo que decimos es la prensa con la que individualmente
tendemos a interaccionar.
Aspectos como los comentados anteriormente, nos llevan claramente
a señalar que los medios tienen una clara función
de potenciación y refuerzo de las actitudes y creencias
preexistentes en los individuos. En otras palabras, más
que crear actitudes y valores, tienden a potenciar los existentes
en los individuos adquiridos en otros contextos más
inmediatos y cercanos, como bien pudieran ser el círculo
familiar o el círculo de amigos. Y es desde esta perspectiva
desde la que de nuevo reclamamos el papel significativo de
la familia en las interacciones que establezcamos con los
medios de comunicación social.
Realizados estos comentarios previos pasaremos al último
de los puntos que trataremos en nuestro artículo, el
papel que la familia puede desempeñar en algunos de
los medios con presencia más usual en nuestra cultura
familiar actual, como es el caso de la televisión y
los videojuegos.
IV.- El impacto de la televisión y los videojuegos
y el papel de la familia
Creemos que todos estaremos de acuerdo en reconocer que dos
de los medios más utilizados en el contexto doméstico
son la televisión y los videojuegos. Con ello no queremos
decir que otros no tengan su significación, así
por ejemplo no podemos olvidarnos ni de la prensa, ni de la
radio, ni del medio informático. Ahora bien, los motivos
que nos han llevado a seleccionar estos dos son básicamente
los siguientes: son los que más impacto, por el número
de horas que se utilizan, tienen en los receptores de menor
edad; su presencia va siendo cotidiana en los hogares de nuestra
cultura occidental; y ha existido cierta preocupación
y, por qué negarlo, en algunos momentos, la alarma
social que alrededor de ellos se ha originado.
Todos estaremos de acuerdo, sin la necesidad de citar ningún
estudio, que uno de los medios frente a los cuales invertimos
mayor número de horas es el televisivo. Algunos estudios
llaman incluso la atención que el número de
horas anuales que los niños de edad escolar pasan enfrente
de la pantalla es mayor que el que invierten en los centros
escolares. Aunque la realidad, como ponen de manifiesto Alonso
y otros (1995, 21) es que el menor consumo de tiempo diario
se da en los sujetos de 113-24 años (157 minutos),
dedicando los de 4 a 12 años 168 minutos, los de 25
a 44 años 181 minutos, los de 45 a 65 años 243
minutos diarios, y la personas con más de 65 años
294 minutos. Por clase sociales los de alta tienden a observarlo
un promedio de 168 minutos, los de media de 202 minutos y
los de baja de 220 minutos, siendo también las mujeres
las que más tiempo invierten frente al medio, 223 minutos,
frente a los 197 invertidos por los hombres.
Sin querer entrar en análisis tan minuciosos, la realidad,
y creemos que todos estaremos de acuerdo, es que es uno de
los medios de comunicación social más significativos
de nuestra cultura occidental y frente al cual invertimos
un mayor número de horas. Por otra parte, no nos interesa
tampoco entrar en un análisis de la calidad de los
programas que tienden a ser observados por los receptores,
éstos parecen claramente determinados por diferentes
hechos como por ejemplo: las conductas de observación
de los programas son claramente diferentes en función
de éstos sean coobservados con otros u observados independientemente
(Gunter y otros, 1995), la edad de los receptores, la clase
social a la que pertenezcan los receptores, y la actitud que
en el contexto familiar exista hacia el medio.
En el último de los aspectos comentados, cuando en
un estudio (Nikken y otros 1996) les preguntaron a las madres
que puntuaran las características que deberían
de tener los programas de televisión para los niños,
de una lista de once opciones: tener efectos positivos sobre
los niños, ser comprensibles para los niños,
no tener efectos negativos para los niños, ser exitosa,
que involucre a los niños para la realización
de actividades, ser familiar para los niños, ser humorística,
ser realística, tener profundidad en la presentación
de las diferentes temáticas, ser original, y tener
una buena carga estética. De estas propuestas tres
fueron las mejor seleccionadas por las madres: comprensibilidad,
calidad estética y artística, y que involucre
a los niños.
Realizadas estas matizaciones, lo que a nosotros aquí
nos interesa destacar es que la actividad que se realice en
el ambiente familiar con la televisión será
extremadamente condicionadora de los efectos que el medio
pueda tener sobre los niños y del uso que éstos
en el futuro puedan realizar del mismo.
Martínez y Peralta (1996) en un reciente trabajo han
propuesto cuatro grandes modelos de consumo familiar de la
televisión; dos que consideran negativos: pasivos y
activos, y dos asertivos: comunicativos y críticos.
El primero de ellos viene caracterizado por la dependencia
total del medio y de las programaciones y contenidos que por
medio de él se transmiten; la actividad más
significativa del receptor pasa por la utilización
del "zapping indiscriminado", el receptor es un
mero consumidor pasivo de los mensajes transmitidos por el
medio. En el segundo, pueden darse dos tipos de actitudes,
la aceptación o la negación absoluta del medio,
dependencia o rechazo absoluto. En el tercero y cuarto la
televisión es un medio más y se observa cuando
en él hay información de interés cultural,
estético o de distracción, en ellos se tiende
a establecer un debate familiar sobre la calidad de los programas
transmitidos.
Sin entrar en la significación de estos modelos, lo
que si parece cierto es que existen dos claras formas de abordar
la problemática televisiva en la familia: el consumo
pasivo o el consumo activo y crítico. En el primero
la familia puede depender del medio, mientras que en el segundo
el medio depende de la familia.
Ahora bien, ¿qué podemos hacer para un consumo
racional y crítico de la televisión que permita
la creación de receptores activos?
Digamos de entrada que para una correcta interpretación
de los comentarios que posteriormente vamos a realizar es
necesario señalar que asumimos de entrada que los padres
no son, ni tienen por qué serlo, profesionales en la
alfabetización icónica, sí pueden realizar
una serie de actividades que favorezcan el desarrollo de una
actividad crítica en sus hijos frente a los medios
de comunicación. Sin lugar a dudas, la primera mediación
es la coobservación de los programas con sus hijos,
ya que ello posibilita el intercambio de información
sobre el mensaje transmitido y la decodificación correcta
de los mensajes que se estén transmitiendo por los
mismos. Desde esta perspectiva, es necesario señalar
que cualquier discusión debe girar en torno a separar
que la realidad presentada mediante la televisión es
una realidad indirecta, manipulada y expuesta allí
con unos fines específicos: estéticos, convencer
al espectador, vender determinados productos... En definitiva,
lo que venimos a decir es que los padres y el contexto familiar
es un elemento significativo para la socialización
de los niños hacia el medio televisivo.
Junto a esta observación conjunta de los programas,
no podemos olvidar que para una observación crítica
de la programación es necesario el conocimiento de
las emisiones y la selección consciente de los programas
que se ofrecen. Aspecto que cada vez se convierte en una situación
de mayor dificultad dado la amplitud de cadenas que se nos
van ofreciendo, y las que a corto plazo se nos ofrecerán.
Esta selección pasa necesariamente por la adquisición
de dos destrezas, hábitos o habilidades, como queramos
denominarlas, y que son: solamente tener encendido el receptor
cuando esté observando las emisiones, y saber desconectar
el medio. Como ya hemos señalado en otra parte de nuestro
trabajo, es un hábito común en nuestra cultura
tener el receptor de televisión a manera de equipo
de música de fondo.
Es importante tener también en cuenta que si no nos
es posible observar, entre otros motivos por razones de tiempo
presencial, la televisión con los niños, al
menos si debemos hacer un esfuerzo significativo en enterarnos
cuáles son los programas que ven y qué motivos
preferentemente le llevan a ello.
A nuestro modo de ver, es importante que los comentarios que
se realicen sobre los programas observados no se limiten exclusivamente
a los contenidos de las emisiones, sino también a reflexionar
entre el paralelismo entre lo presentado en la emisión
y lo que ellos observan en la realidad, los roles que las
personas que han intervenido han desempeñado, o la
forma técnica y estética desde la cual se ha
abordado el programa.
Por último, la formación para el mejor uso de
la televisión, pasa necesariamente por potenciar la
utilización de diversos medios de comunicación
y la inversión del tiempo libre y de ocio en diferentes
actividades lúdicas y recreativas.
Uno de los medios que en las últimas décadas
está adquiriendo una presencia significativa y constante
en los hogares españoles son los videojuegos, contando
a éstos tanto los incorporados en los medios informáticos
como los de carácter autónomo, en las conocidas
videoconsolas o videojuegos portátiles. Posiblemente
sea uno de los medios en torno a los cuales se han originado
más preocupaciones que ninguna otra vez se habían
destinado a otros medios.
Antes de analizar las ventajas e inconvenientes que los videojuegos
pueden tener de cara a la formación y desarrollo de
la personalidad de los usuarios, queremos señalar desde
el principio que para nosotros éstos van a venir claramente
determinados, no sólo por el tipo y contenidos de los
mismos, sino también y fundamentalmente por las horas
de interacción que los receptores establezcan con los
mismos, y el contexto y ambiente social donde éste
se desarrolle.
Digamos desde el principio, que ha existido cierta tendencia
a considerar a los videojuegos como productores de efectos
adversos en sus usuarios; éstos, de acuerdo con las
propuestas de diferentes autores (Pérez, 1994; Calvo,
1996), los podemos sintetizar en:
- Efectos negativos sobre la salud física (tensión
ocular, cambios circulatorios, aumento de la frecuencia
cardiaca, aumento de la presión arterial...) y psíquica
de los usuarios.
- Creación de niños violentos y asociales.
- Desarrollo de niños introvertidos.
- Aumento del stress.
- Aumento de la agresividad.
- Crean fuerte adición.
- La adicción que crean hace que los niños
no dediquen tiempo a otras actividades más positivas,
como por ejemplo las tareas escolares o la interacción
con medios impresos.
- Pueden favorecer la aparición de psicopatologías
como la epilepsia, convulsiones, etc.
Sin disponer de datos para refutar tales argumentos, lo que
si podemos señalar es que tales planteamientos se deben
más a opiniones y especulaciones, que a hallazgos experimentales
científicos; por otra parte, en algunos argumentos
la realidad es que su efecto nos es mayor que con otros medios
como por ejemplo el televisivo, sin olvidarnos que los efectos
son de intensidad limitada y en el tiempo inmediato al período
del postjuego.
En oposición a lo que decimos, diferentes estudios
han puesto de manifiesto que los videojuegos poseen una serie
de efectos positivos para las personas que interaccionan con
ellos; así por ejemplo se le atribuyen las siguientes
ventajas y posibilidades:
- Pueden servir para la introducción de los niños
en el mundo de la tecnología, sobre todo de la tecnología
informática.
- Mejoran determinadas destrezas motoras y cognitivas,
como por ejemplo: la coordinación óculo-manual,
la visualización espacial, el sentido del dominio,
y la solución de problemas.
- Estimulan la memoria inmediata.
- Potencian la atención selectiva.
En esta línea que comentamos, Calvo (1996, 336-338)
ha realizado una síntesis bastante significativa
de las posibilidades educativas y didácticas que
los videojuegos pueden aportar al proceso de enseñanza-aprendizaje,
de los cuales destacamos algunos de ellos:
- Pueden simular experiencias o situaciones de la vida
real.
- Pueden ayudar en el desarrollo de habilidades para la
identificación y asimilación de conceptos
numéricos, reconocimiento de palabras, identificación
de objetos y colores...
- Poseen un nivel alto para la motivación.
- Se piensa que los conocimientos y habilidades aprendidos
con los videojuegos pueden ser transferidos a situaciones
reales de la vida cotidiana.
El problema que se nos presenta es de nuevo complejo, por
una parte una serie de hallazgos nos indican lo beneficioso
de tales instrumentos, y por otra se nos llama la atención
sobre lo perjudicial de tales actividades. De nuevo para nosotros
aquí el papel que puede desempeñar la familia
es transcendental, no en el sentido de impedir su utilización
sino de orientarla hacia posiciones positivas. Por una parte,
el hecho de que esta actividad lúdica sea compartida
por padres e hijos, como cualquier instrumento más
recreativo, hace que el videojuego se convierta en un instrumento
mediador y facilitador de relaciones entre padres e hijos,
favoreciendo la comunicación entre ellos.
Por otra parte, en esta relación padres e hijos, el
primero podrá tender hacia la utilización de
diferentes tipos de videojuegos, no todos poseen una carga
violenta.
Desde nuestro punto de vista, y queremos señalar que
no disponemos de datos empíricos para su justificación,
el principal problema de los videojuegos puede radicar en
que se conviertan en una actividad individual y aislada por
parte del niño y la niña. En este caso, igual
que ocurre con el medio que comentamos anteriormente, pueden
darse relaciones de extremada dependencia de los usuarios
frente al medio, creando un mundo fantástico, no real,
e impidiendo la realización de otras actividades.
Para finalizar señalar que frente a los medios de comunicación
social o de masas el papel que puede desempeñar la
familia es de máxima transcedencia, ya que a través
de ella se puede influir para pasar de posiciones de supeditación
a los mismos, a posiciones de comprenderlos como instrumentos
culturales, con una significación para las personas
que nos desenvolvemos en la cultura occidental.
Notas:
1 Texto reproducido, de
la dirección http://tecnologiaedu.us.es/revistaslibros/FAMILIA.htm,
bajo la autorización de los autores, por su pertinencia
con el tema del Monográfico.
2 Blas Bermejo Campos.
Profesor Titular del Departamento de Didáctica y Organización
Escolar y Métodos de Investigación y Diagnóstico
en Educación de la Universidad de Sevilla. Miembro
del Grupo de Investigación: Investigación
Didáctica. Análisis Tecnológico y Cualitativo
de los Procesos de Enseñanza-Aprendizaje.
3 Julio Cabero Almenara.
Catedrático de Tecnología Educativa de la Universidad
de Sevilla. Director del Consejo Editorial de la Revista Píxel.Bit.
Revista de Medios y Educación de la U.S.
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