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La televisión y la familia: dos mundos que se encuentran
María del Pilar Zeledón Ruiz1
Universidad de Costa Rica
Dentro de este artículo, la autora intenta acercarse
brevemente al análisis de tres ideas fundamentales.
Primero reflexiona sobre cómo la limitada oferta televisiva
para niños2 se convierte en una nueva forma de negación
de la infancia. Luego señala, cómo la televisión
se convierte en un sutil agente educativo que permea la personalidad
de los niños y, por último, esboza algunas ideas
sobre cómo desarrollar las dimensiones de la personalidad
moral a partir de la observación de la televisión
en familia.
- "La familia, los compañeros, la sociedad
civil, la escuela y la propia televisión son contextos
que hemos de trabajar en confluencia y armonía para
enseñar a ver la televisión, para vivir de
forma inteligente con este medio, tan presente en todos
los rincones de nuestra vida3".
Sin duda alguna, la televisión constituye uno de
los grandes inventos en la historia de la humanidad, cuya
presencia ha revolucionado todos los ámbitos de la
vida humana y, en particular, el de la familia. Encontramos
en esta "caja mágica" un medio que puede
ser utilizado para informar, distraer y educar, pero también
un instrumento ágil con el que se influye y se lucra4.
Frente a este abanico de posibilidades, se han gestado, en
torno a la TV, diversas investigaciones e iniciativas que
plantean algunas formas para potenciar los aportes positivos
que brinda, pero también sugerencias importantes para
limitar o confrontar sus efectos negativos.
De seguido les invito a reflexionar sobre algunas ideas sugerentes
que quisiera compartir con ustedes, sobre el encuentro (o
quizás "des-encuentro")de dos mundos: la
televisión y la familia.
I. La limitada oferta televisiva para niños: una
nueva forma de negación de la infancia
Cuando nos atrevemos a revisar brevemente los programas diseñados
para niños pequeños, nos encontramos con una
limitada o casi nula oferta televisiva pensada para ellos.
No sólo porque su diseño se orienta hacia la
población infantil de mayor edad, más bien adolescentes,
sino también porque en el fondo, se desvaloriza la
dignidad que, como persona tiene el infante. Incluso se llega
a sostener con gran ironía que el pequeño no
es "rentable" como televidente. Como bien lo afirma
Pontón (1994),
- "Los niños han dejado de ser un grupo de
espectadores significativo en sí mismo dentro de
la audiencia de la tarde. La programación es ahora
más familiar. Parece que no se programa para ellos"5.
También Corominas i Casals (1999) lo señala
en el primer capítulo de su libro Modelos y medios
de comunicación de masas, cuando expresa,
- "Lo que nos muestra la televisión no está
pensado para satisfacer la necesidad de tal o cual niño,
no hay un deseo de desarrollo educativo en el planteamiento
de sus modelos, están allá porque la TV necesita
material que atraiga de una manera rápida e impactante
al mayor número de público posible, obedeciendo
a una lógica de consumo y de mercado6".
Y, reafirma también estas observaciones el artículo
que presenta la periodista María José Fernández
titulado "Televisión poco apta para niños"
publicado en La Vanguardia, el domingo 17 de marzo del 2002,
cuando menciona los programas más vistos por los niños
de 4 a 12 años y recoge la opinión de distintos
especialistas en torno a esta preocupación. Al respecto,
cita en su artículo las palabras de la pedagoga Silvia
Morón que sostiene, "...la mirada que los medios
audiovisuales tienen sobre la infancia es el reflejo de la
mirada poco respetuosa que la sociedad tiene sobre esa infancia".
Por lo tanto, qué sucede ante este panorama tan desolador?
Por una parte, los pequeños "devoran" programas
con una multitud de imágenes y mensajes pensadas para
el adulto7, que resultan "incomprensibles"
para ellos, pero que de alguna manera les "entretienen"
mientras juegan a solas o quizás, consume el programa
que "el adulto" ha escogido para distraerle. También
encontramos que el mismo adulto induce al niño a compartir
su misma programación, mientras "le cuida",
o mientras "descansa", pues cree que el programa
que se transmite durante el día, o en las primeras
horas de la noche puede ser "apto para toda la familia"
o que si lo mira con el niño "...no pasa nada".
Por otra parte, el nivel de competencia por alcanzar el
mayor porcentaje de audiencia, hace que las empresas televisivas
busquen programas que acojan a una mayor cantidad de público
(concursos, por ejemplo) que no sólo "entretienen"
sino que, sutilmente se motiva a buscar diversas formas de
conseguir "dinero fácil", donde se "luche"
hasta el final para alcanzar "el mejor motín",
aunque tengamos que "hundir" o hacer "desaparecer
"a los demás. Encontramos también, muchos
programas denominados "talk show", cuyo tratamiento
temático, resulta en diversas ocasiones, inapropiados
para los más pequeños, no sólo por su
contenido sino también por el tipo de escenas que se
presentan y el lenguaje que se utiliza8.
Ahora bien, si consideramos las series de dibujos animados
encontramos en la mayoría de ellas, la presencia de
múltiples escenas violentas, grotescas imágenes
de personajes fantasmagóricos, la lucha desencadenada
entre el bien y el mal, en donde la única forma de
ganar es lograr "matar o liquidar al enemigo", comportamientos
sexistas, entre otros mensajes. Este énfasis que se
le otorga a la violencia, como uno de los principales efectos
de la televisión lo analiza la Dra. María Rosa
Buxarrais en el artículo Los medios de comunicación
y la educación en valores, cuando describe algunas
de las teorías que se han generado en torno a esta
temática. Al respecto menciona la teoría de
la Catarsis, la teoría de los efectos del estímulo,
la teoría del aprendizaje por observación, la
teoría del refuerzo y la teoría del cultivo
y escribe,
- "Todas estas teorías nos llevan a concluir
que, evidentemente, un exceso de violencia en los medios
puede crear angustia, ansiedad y un miedo difuso en la gente,
por lo que es perjudicial. Habría que controlar la
cantidad de violencia que se emite en los medios9".
Se agrega a esta reflexión otro mensaje que subyace
a algunos programas infantiles. La idea de que el niño
es incapaz de "pensar", de "resolver problemas
complejos" y, cuando lo logra, debe utilizar la "voz
del adulto" para poder expresar sus ideas y validar su
argumentación. En la serie del Detective Conan es evidente
esta argumentación. Aparte de la trama violenta que
sustenta la serie (siempre hay un crimen que se ha cometido
y se debe buscar al culpable para que reciba el castigo) el
caso, que es resuelto por el niño ante la torpeza e
incapacidad del adulto, debe ser comunicado a la policía,
mediante la voz del "detective adulto" para que
sea creíble y aceptada la solución.
Estos mensajes explícitos o implícitos que
transmite la televisión son interiorizados fácilmente
por los niños. Una forma de reconocer el grado en que
se asumen estos mensajes mediáticos son los juegos
que "inventan" los pequeños, después
de que miran el programa. Juegan a los Power Ranger, al Detective
Conan, a Decisión Final, a imitar a Shin Shan, entre
otros. Y, en este caso, el adulto ignora estas consecuencias,
las evade o inclusive, las aprueba10.
Es importante señalar que, existen algunos programas
que motivan a los niños y que no sólo les entretienen
sino también derivan de ellos valores positivos (solidaridad,
amistad, esfuerzo, superación personal, trabajo en
equipo, por ejemplo). La serie infantil Campeones es
un programa que gusta mucho a los niños11. Se desarrolla en torno al fútbol,
uno de los deportes de mayor aceptación no sólo
en el contexto español, sino en las más remotas
fronteras, donde Oliver y Bengi se convierten en grandes ídolos
para muchos pequeños. Sin embargo, no se puede ocultar
la inducción que realiza el programa para que los telespectadores
se conviertan en futuros "consumidores del espectáculo
y de la publicidad que alberga el mundo futbolístico".
Resultan interesantes las sugerencias que ofrece Muñoz
y Pedrero (1996) cuando señalan las bases para una
programación infantil y juvenil. Al respecto indican,
- "Promover fórmulas de acción alternativas
a las que imponen las producciones norteamericanas y japonesas.
- Adecuar algunos formatos y géneros poco utilizados
por productores y programadores (documentales, teatralizaciones,
recreaciones...) para captar el interés de los niños.
Hay un inmenso caudal narrativo en la literatura, leyendas
y tradiciones populares para abastecer de imágenes
y mensajes sugestivos cualquier parrilla de programación.
Incluir en las historias, películas y series animadas
personajes con sentimientos y matices que no se limiten
a los estereotipos de la violencia y el instinto.
- Prestar atención a la estética de los escenarios,
los decorados, los grafismos.
- Existen multitud de propuestas que pueden recabarse de
las asociaciones de padres, educadores y centros docentes.
Solicitar la participación y aportación de
ideas a artistas y creadores de las más variadas
ramas: escritores, guionistas, poetas, filósofos,cantantes,
etc."12
II. La televisión: un sutil agente educativo que
permea la personalidad de los niños y niñas
Cuando observamos un niño frente a la pantalla del
televisor mirando su programa preferido descubrimos una serie
de conductas y actitudes que nos expresan abiertamente la
susceptibilidad de los pequeños frente a los mensajes
mediáticos que transmite la TV. El niño queda
prendido, casi hipnotizado, por las imágenes en movimiento
que sus personajes favoritos realizan; aprueban sus actos
violentos, sobre todo cuando "luchan contra el mal",
con palabras como "¡dále!, "¡bieeen!,
"¡toma ya!"; imitan sus gestos, especialmente
aquellos ligados a ciertos sentimientos adoptados por el personaje
cuando "siente vergüenza", "saluda",
"se enoja", "llora". Cuando el personaje
se transforma en un "superhéroe" para "defender"
al "mundo" del "villano" repite una "fórmula
especial" que con suma rapidez también memoriza
el niño y la reconstruye en sus juegos cotidianos.
Toda esta serie de indicadores revela que el mensaje televisivo
no pasa desapercibido por el infante, todo lo contrario, se
asume como "verdad absoluta", al irrumpir con una
poderosa fuerza en los procesos cognitivos, emocionales y
volitivos del pequeño.
Por lo general, este proceso de decodificación del
mensaje televisivo, lo realiza el pequeño, en solitario.
El adulto está ausente, sea por razones laborales,
o porque es un "programa para niños" y la
temática no le interesa, o porque quiere "descansar",
pero la opción televisiva que se ofrece no satisface
sus motivaciones. Es decir, el niño se enfrenta a miles
de imágenes, sonidos y mensajes que le sugieren una
determinada forma de comprender la realidad y que, evidentemente,
él incorpora como adecuada porque no hay quien le sugiera
lo contrario, o le ayude a diferenciar la "realidad"
de la "fantasía"; o le invite a cuestionar
el mensaje oculto que transmiten determinadas escenas o personajes.
Es entonces cuando, la idea del bien y del mal que el niño
adquiere como "verdadera" es la que observa en la
TV, especialmente en las series infantiles, donde se mezclan
hoy en día, los efectos de las nuevas tecnologías
virtuales, que capturan la imaginación del niño
y le suscitan nuevas emociones. A este complejo universo de
experiencias mediáticas, se agregan los enlaces estratégicos
que realizan las grandes compañías productoras
de los "programas infantiles" con aquellas otras
empresas mercantiles que ofrecen juguetes, ropa, accesorios,
libros, juegos de vídeo, discos, entre otros, que con
un afán lucrativo, intentan "completar" la
visión de mundo que los pequeños han ido construyendo
a partir de la serie y que le hacen suponer que lo observado
en la pantalla puede ser "realidad".
De ahí que nos preguntamos, cómo interioriza
el niño pequeño los mensajes televisivos si,
su madurez y desarrollo cognitivo, transita por una de las
etapas más susceptibles del pensamiento: la etapa preoperacional?
En este sentido, de acuerdo con Piaget, el pensamiento del
niño se caracteriza por el animismo, el realismo, el
centralismo y la irreversibilidad. Esta forma particular de
razonar hace que el pequeño dé vida a objetos
inanimados y se le dificulte diferenciar lo real de lo imaginario,
así como también fije su atención en
determinados elementos o detalles y no pueda comprender la
reversión de ciertos procesos.
Por lo tanto, en esta manera de entender el mundo, la participación
guiada del adulto es fundamental. Según Bárbara
Rogoff (1993),
- "La participación guiada implica colaboración
y comprensión compartida en las actividades rutinarias
de resolución de problemas. La interacción
con otras personas apoya a los niños en su desarrollo,
guiando su participación en actividades relevantes,
contribuyendo a adaptar su comprensión a las nuevas
situaciones, estructurando sus intentos de solucionar los
problemas y asistiéndoles cuando han de aceptar responsabilidades
en la resolución de problemas13
Este apoyo que recibe el niño, por parte del adulto,
potencia en palabras de Vygotsky, la zona de desarrollo próximo,
de tal manera que, el avance del niño hacia nuevas
formas de comprender la realidad, le permite crecer como persona,
estableciendo mejores relaciones consigo mismo y con los demás.
III. La televisión en familia y el desarrollo
de las dimensiones de la personalidad moral
Ahora bien, si el pensamiento preoperacional del niño
le permite asimilar el mundo de una manera determinada y,
dentro de este mundo, la TV ocupa un lugar muy importante,
cómo se lleva a cabo entonces, en este proceso, su
desarrollo moral.
Si partimos de las interesantes investigaciones de Piaget,
Kohlberg y Bandura sobre el desarrollo moral y relacionamos
sus criterios con lo tratado líneas arriba, se podrían
extraer importantes conclusiones. Por una parte, Piaget sostiene
que el niño se rige por una moral heterónoma,
donde el adulto impone las normas y el pequeño las
asume como válidas porque quiere su aprobación
y teme al castigo. Kohlberg, por su lado, coincide con Piaget,
pero amplía su planteamiento y propone tres niveles
del desarrollo moral (preconvencional, convencional y postconvencional).
Según Kohlberg, los niños menores de nueve años
se ubican en el nivel preconvencional, en el cual se diferencian
dos estadios. El primer estadio, se centra en la Moral heterónoma
y el segundo, en el Hedonismo instrumental ingenuo, en donde
la motivación de las acciones se deriva del interés
por satisfacer los propios deseos y necesidades.
Por su parte, Bandura plantea que la transición por
los distintos niveles está permeada por el papel del
adulto como modelo. En este caso, algunos de los personajes
televisivos, aunque no sean adultos, se convierten en modelos
de imitación por parte de los niños14.
Es así como encontramos una serie de actitudes o conductas
negativas derivadas de estos personajes que los niños
interiorizan con suma facilidad, pues tienden al irrespeto,
a la burla, a la malicia, a los golpes para solucionar algún
conflicto y, en todo este proceso, qué papel juega
el adulto que está cerca del niño. Lamentablemente,
nos encontramos con personas que refuerzan estas conductas
de diversas maneras, ya sea riéndose de tales acciones,
o pasándolas desapercibidas, inclusive obligándole
al pequeño a no hacerlas, pero este enfrentamiento
por imposición, lo que hace es que el niño selecciona
muy bien cuándo evitar la conducta y en qué
momento reproducirla, por supuesto en aquella ocasión
en el que el adulto está ausente.
Por esta razón, es que me parecen muy oportunas las
sugerencias que brinda Aguaded, en torno a la Educación
Televisiva en familia, sobre todo cómo lograr la implicación
activa de los padres y madres en este proceso. Dentro de las
propuestas que ofrece a lo largo del primer capítulo
de su libro, apoyado también en posiciones de otros
autores, quisiera resaltar las siguientes:
- Refuerzo de las actitudes positivas.
- Tamizar y mediar las emociones(Fuenzalida1982:32 y sgtes.)
- Necesidad de controlar el tiempo y discriminar los programas.
(Fuenzalida,1984)
- Valor del diálogo (Ferrés,1994:137)
- Desmitificar el medio, explicando cómo están
hechos los programas, cuáles son sus trucos y secretos
(Corset y Souchon,1982:170)
- Enseñar a cuestionar la TV desde la realidad,
aprendiendo a confrontar las imágenes televisivas
con la realidad, para superar reduccionismos, clichés
y estereotipos.
- Rentabilizar los valores y contravalores.
- Lugar en que está situado el televisor en casa.
- Enseñar a ver la TV con el ejemplo, se convence
con actitudes, criterios y posiciones reflexivas y críticas15
Me parece importante detenerme en estas consideraciones
para reflexionar en torno al lugar que la TV ocupa dentro
de la familia. En muchos hogares, se convierte en un ídolo,
al que se le asigna el "mejor lugar" de la casa
para que todos puedan mirarlo. Cuando se observa un programa
todos "deben callar" porque "el dios televisor"
habla. Todos deben estar quietos, no hay espacio para las
interrupciones. Hay que prestar atención a lo que nos
"dice la televisión", especialmente si son
los noticieros porque "aquí sí se dice
la verdad de los hechos", o cuando se mira un concurso
hay que enterarse de quién será el ganador.
Inclusive las expresiones del adulto que mira la televisión
con los niños son también reacciones en las
que se detiene el pequeño. Las frases que formula,
cómo las expresa, con qué intencionalidad (o
no) las dice, transmiten al niño una serie de mensajes
que podrían ser sumamente negativos o altamente constructivos.
Resaltar aquellos elementos que podrían ser sugerentes
para abrir el diálogo y la reflexión a partir
de algún comentario o alguna conducta que se observa,
o inclusive, de las frases o ideas que alguno de los telespectadores,
expresa o quizá deja de expresa, son momentos que no
deberían pasar inadvertidos. Estos elementos permiten
un espacio importante para la interrelación familiar,
la clarificación y construcción de actitudes
y valores, así como la potenciación de las diferentes
dimensiones de la personalidad moral de los televidentes.
Cuando nos encontramos que la televisión, junto con
la familia y la escuela se convierten en uno de los principales
medios de socialización de los niños y niñas,
es necesario entonces revisar cuidadosamente su eventual aporte
en la construcción de las dimensiones de la personalidad
moral16 de
los pequeños y, por qué no, de los mismos adultos.
En este sentido, podríamos reflexionar en qué
medida el programa de televisión observado aporta al
desarrollo de cada una de estas dimensiones de la personalidad,
o inclusive en qué medida atrofia este desarrollo.
En la siguiente tabla se puede visualizar cada una de las
dimensiones de la personalidad moral, con su respectiva conceptualización,
así como las posibles preguntas que le permitirían
al adulto generar una reflexión personal y, además,
orientar una reflexión compartida con los niños
y niñas, en torno al programa observado.
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Preguntas que favorecen la reflexión
personal del adulto
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Preguntas que favorecen la reflexión compartida17 con el niño
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Autoconocimiento
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Capacidad para profundizar en el conocimiento y valoración
personal; clarificación sobre la forma de ser,
pensar y sentir.
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¿El contenido de este programa de TV me permite
conocerme mejor?
¿Este programa televisivo me hace sentir una
persona valiosa?
¿Este programa me permite comprender mi forma
de ser, pensar y sentir?
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¿Este programa te permite conocerte mejor?
¿Este programa te hace sentir un niño(a)
valioso(a)?
¿Este programa te permite comprenderte mejor:
cómo piensas y cómo sientes?
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Razonamiento moral
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Es la capacidad cognitiva que posibilita la reflexión
sobre los conflictos de valor, fundamentados en criterios
de justicia y dignidad personal y considerando los principios
de valor universales.
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¿Con cuál de los personajes del programa
me identifico y por qué?
¿Con cuál de los personajes del programa
no me identifico y por
qué?
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¿Cuál es el personaje del programa que
te gusta más? Por qué te gusta?
¿Cuál es el personaje del programa que
no te gusta? Por qué no te gusta?
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Comprensión crítica
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Habilidad para adquirir y analizar críticamente
la información de la realidad, que resulta moralmente
relevante. Además, contrastar su apreciación
con diferentes puntos de vista, mostrando una actitud
de compromiso y entendimiento para mejorarla.
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¿Qué le cambiaría al personaje
con el cual me he identificado? ¿Por qué?
¿Qué no le cambiaría al personaje
con el cual no me he identificado? ¿Por qué?
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¿Tu personaje favorito tiene algo que no te
gusta? Qué es lo que no te gusta? ¿Por
qué?
¿El personaje que no te gusta, tiene algo que
te gusta? ¿Qué te gusta de ese personaje?
¿Por qué?
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Capacidades de diálogo
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Permite intercambiar opiniones, razonar sobre los diferentes
puntos de vista y procurar llegar a un acuerdo justo
(cuando la situación lo amerite)
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¿Qué cosa te gustaría cambiar
del programa? ¿Por qué?
¿Qué le agregaría a este programa
de TV?
¿Qué otro nombre le pondría a este
programa de TV?
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Te gustaría cambiar alguna cosa de este programa?
Qué otro nombre te gustaría ponerle?
Te gustaría ponerle alguna cosa especial a este
programa? Qué cosa te gustaría ponerle
a este programa?
Te gustaría ponerle otro nombre a este programa?
Qué se llamara diferente?
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Habilidades sociales y para la convivencia
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Hacen referencia al conjunto de comportamientos interpersonales
que la persona va aprendiendo y que le permiten una
competencia social en los diferentes ámbitos
de relación.
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¿Cómo se relaciona el personaje con el
que te has identificado con los otros personajes?
¿Te parece adecuada la forma en que se relaciona?
¿Por qué?
¿Las expresiones faciales del personaje (en alguna
de las escenas) son congruentes con el tipo de emociones
que transmite?
¿El lenguaje verbal que se utiliza en el programa
te parece adecuado? ¿Por qué?
¿Cambiarías alguna de las palabras o frases
pronunciadas por alguno de los personajes?
¿Cuál(es)? ¿Por qué?
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Tu personaje favorito tiene amigos? ¿Por qué
crees que tiene amigos? ¿O por qué crees
que no tiene amigos?
¿Tu personaje favorito tiene muchas expresiones
faciales (muecas, gestos, ademanes). ¿Cuál
(es) de estos gestos recuerdas de tu personaje? ¿Te
gusta alguno de estos gestos en particular? ¿Cuál?
¿Por qué?
¿Hay alguna palabra o frase de tu personaje favorito
o de cualquier otro personaje que te guste mucho? ¿Podrías
repetirla? ¿Por qué te gusta?
¿Hay alguna palabra o frase que no te guste?
Cuál? ¿Por qué?
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Empatía y perspectiva social
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Hacen que la persona aumente su consideración
para con los otros, asuma valores como solidaridad y
cooperación.
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¿Crees que en el programa se le ayuda a alguien?
A quién? De qué manera?
¿Crees que en el programa se afecta a alguna
persona en especial? Cuál(es)? De qué
manera?
¿Cómo crees que se puede evitar esta situación?
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¿Crees que en el programa se le hace bien a
alguien? De qué manera?
¿Crees que en el programa se le hace daño
a alguien? A quién? ¿De qué manera?
¿Cómo se podría evitar ese daño?
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Capacidad para transformar el entorno
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Le permite establecer normas y proyectos contextualizados
donde se manifiesten los criterios de valores relacionados
con la implicación y el compromiso, en los distintos
ámbitos.
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¿Crees que en el programa se sugiere alguna
forma de mejorar la realidad?
¿Cómo se plantea en el programa esta forma
de mejorar la realidad?
¿Crees que se puede lograr alcanzar este objetivo?
De qué manera?
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¿Crees que X personaje hace que el mundo sea
un lugar más agradable para vivir?
¿Cómo lo hace?
¿Estás de acuerdo en la forma en cómo
lo hace? Por qué?
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Autonomía y autorregulación
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Permite una mayor coherencia entre lo que uno piensa
y hace. Es la propia persona quien establece el valor
y se organiza para actuar en consecuencia.
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¿Qué beneficios me aporta este programa
televisivo?
¿De qué manera puedo aprovechar tales
beneficios?
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¿Crees que este programa de TV te enseña
algo importante?
¿Qué te enseña este programa?
¿De qué manera puedes poner en práctica
esta enseñanza?
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Es importante señalar que, las preguntas que se proponen,
deben ser formuladas en un ambiente tranquilo, donde la confianza
y la libertad para expresar las opiniones permitan la construcción
de un clima familiar agradable. Las preguntas pueden servir
de orientación al diálogo que se construye,
así que deben formularse en un orden flexible y se
harán aquéllas que, según el momento,
sean lo más pertinentes. Además, son un punto
de referencia para ampliar la reflexión o modificarla
según el interés de los telespectadores, aunque
sería conveniente no perder de vista la relación
con las distintas dimensiones que se están potenciando.
También es importante indicar que, no necesariamente
en un mismo programa se deba estimular el desarrollo de todas
las dimensiones de la personalidad, podría ser que
la atención se centre en una dimensión, en particular
y, posteriormente, se consideren las demás. Lo sugerente
en este caso, es tener puntos de referencia a partir de los
cuales se puede potenciar un diálogo reflexivo y constructivo,
no sólo en el ámbito de lo moral, sino también
en las diferentes dimensiones de la persona humana (estético,
lúdico, científico- tecnológico, político,
económico, entre otros).
Sin duda alguna, la selección de programas para mirar
en familia, se convierte en un componente fundamental, no
sólo para disfrutar del tiempo libre, sino también
para posibilitar el crecimiento personal y familiar. No únicamente,
pensar en la posibilidad de utilizar el contenido televisivo
de manera educativa, sino también, emplear su presencia
como una de las razones para la integración familiar,
para el disfrute del tiempo libre en compañía
de los seres queridos, para tener un "pretexto"
que permita el intercambio de opiniones, ideas e ilusiones,
que en otro momento, por los ajetreos del trabajo, o por las
múltiples ocupaciones que tenemos, sería difícil
encontrar.
Aunque es necesario aclarar que, el mirar la televisión
no debe convertirse en el único tiempo que se comparte
en familia. La búsqueda conjunta de espacios para facilitar
la convivencia familiar es indispensable, pues actualmente
se plantea, el problema de la teleadicción, como "el
bálsamo" que tanto niños, jóvenes
y adultos encuentran para aliviar su soledad, aburrimiento
o falta de comunicación. Como bien lo afirma Salvador
Cardús i Ros en su artículo Teleadictos a falta
de padres, publicado en la Vanguardia el miércoles
03 de abril del 2002,
- "...mirar menos horas la televisión sólo
va a ser educativamente positivo si, a cambio, esos adolescentes
(o esos niños) encuentran en su familia la disponibilidad
y la dedicación de unos padres que sienten como algo
apasionante poder dar respuesta a la, sin lugar a dudas,
mayor y más grave responsabilidad de toda su vida:
educar a los hijos."18
A manera de conclusión
Resulta impresionante como de nuevo, el niño y la
niña son negados en su singularidad, no sólo
como seres humanos sino también como telespectadores.
En el libro Historia de la Infancia19
del Dr. Buenaventura Delgado se recrean las diversas formas
en que la infancia ha sido negada a lo largo de los siglos.
Sin duda alguna, se debería agregar a este proceso
de marginación, la escasa o nula atención que
recibe por parte de los medios de comunicación social
y, de manera especial, de la televisión. Hoy en día,
interesa conseguir el mayor índice de audiencia, aunque
se tenga que acudir a la producción de programas "basura"
que atentan contra la dignidad de los telespectadores.
Podría pensarse entonces que, en la Declaración
Universal de los derechos del niño y la niña,
los artículos Nº 2 y Nº 9 deberían
obligar a los dueños de los medios de comunicación
(especialmente de la televisión) a preocuparse por
contribuir en la formación integral de los más
pequeños; colaborar junto con la familia y la escuela
en una mejor forma de socialización de los niños.
Aunque los Códigos Deontológicos20
están planteados para que se concreten estas iniciativas,
falta voluntad política para obligar a cumplirlos.
Resulta, por lo tanto, urgente que la sociedad civil se organice
y exija a sus gobernantes y a los dueños de los medios
televisivos, nuevas formas de hacer televisión que
dignifiquen a la persona humana, pero además, paralelamente
a este proceso la familia y la escuela deben trabajar coordinadamente
para orientar a los niños a "convivir con la televisión".
Las iniciativas que se llevan a cabo en diversos países,
tales como Canadá, Australia, Reino Unido, Chile, entre
otras, son un ejemplo de los esfuerzos que se realizan por
apoyar la formación de una teleaudiencia que no sólo
disfrute de la televisión, sino que asuma una actitud
crítica frente a la diversidad de ofertas que se ofrecen
en esta enigmática "caja mágica".Como
bien lo explica Aguaded(1999),
- "Urge buscar 'otras miradas a la tele' esto es,
enseñarnos a nosotros mismos y a los que nos rodean
-como padres, como profesores o como simples ciudadanos
y ciudadanas- a entender este medio de comunicación
social que, sin duda, más que ninguno otro, ha revolucionado
la sociedad contemporánea"
21.
Notas:
1 María del Pilar
Zeledón Ruiz es profesora titular de la Universidad
de Costa Rica. Co-coordinadora del Programa Nacional de Formación
en Valores de Costa Rica (1999-2001). Premio Nacional Aquileo
J. Echeverría, 2000. Colaboradora de la OEI. Colaboradora
del Grupo de Investigación en Educación Moral
de la Universidad de Barcelona (GREM).
2En el presente artículo
utilizaremos las expresiones genéricas masculinas en
sus acepciones amplias (hombre y mujer, niños y niñas)
con el ánimo de facilitar la lectura.
3 Cfr. Aguaded José
Ignacio (1999). Convivir con la televisión. Familia,
educación y recepción televisiva. Barcelona,
Paidós, pág.19.
4 VVAA. (2001). La violencia en la mirada.
Barcelona. Trípodos,pág.103
5Pontón F, (1994).El diseño
de la programación infantil y juvenil en televisión,
en Radiotelevisión Valenciana (comp.). Televisión.
Niños y jóvenes, Valencia RTVV pág. 115
6Corominas i Casals (1999).
Modelos y medios de comunicación de masas. Bilbao.
Desclée de Brouwer, pág. 23.
7En el artículo
Influencias de la televisión en la infancia y adolescencia
(1) se especifican algunos datos impactantes en torno a la
cantidad de horas que mira la televisión, un niño
de edad preescolar, entre 4 y 5 años. En promedio unas
54 horas semanales. Al finalizar el Instituto habrá
visto más horas de televisión (15.000) que la
cantidad de horas que habrá recibido de estudio (11.000
horas) .
87Una fuerte crítica
a este tipo de programas lo realiza Renata Chapa en su artículo
Un asedio a la telebasura. Acequias. Universidad Iberoamericana.
Lagunas. N.13, 2000.
9Buxarrais M.Rosa (1996).
Los medios de comunicación y la educación en
valores. Revista Pensamiento Educativo. Chile, Universidad
Católica de Chile. Vol. 18,pág.173.
10Una de las formas más
evidentes de refuerzo que hacen los padres y madres de familia
es la compra de juguetes o juegos donde el protagonista es
el personaje de la serie infantil. Es importante señalar,
al respecto que, no se intenta negar la posibilidad de adquirir
tales productos, sino orientar su uso y reflexionar con los
niños sobre las conductas inapropiadas que manifiesta
el personaje en la serie para buscar, conjuntamente, conductas
asertivas. De lo que se trata no es de negar la realidad sino
de buscar alternativas para formar adecuadamente a los pequeños.
11Esta serie se ubica
entre los mayores índices de audiencia(octavo lugar
a nivel de España). Se complementa con los partidos
de fútbol como la Copa del Rey que fue el programa
más visto por los niños de 4-12 años,
durante la semana del 4 al 10 de marzo del 2002, según
lo ofrece la periodista María José Fernández,
en el artículo que ya ha sido citado.
12Muñoz y Pedrero(1996:137-140)
citado por Aguaded (1999: 74-75).
13Rogoff,Barbara (1993).
Aprendices de pensamiento.El desarrollo cognitivo en el contexto
social. Barcelona, Paidós, pág. 243.
14Vemos por ejemplo
cómo imitan al Shin Shan cuando tiene vergüenza,
cuando se molesta, cuando le replica a su madre, cuando muestra
"curiosidad" etc.
15También en
el artículo España empieza a sufrir sobredosis
de televisión del periódico La Vanguardia, aparece
un decálogo, que recoge las recomendaciones de una
serie de expertos, en torno a cómo realizar un uso
correcto y beneficioso de la televisión.
16Nos apoyamos en las
dimensiones de la personalidad moral sugeridas dentro del
Modelo de Educación en valores, propuesto por el GREM
(Grupo de Reserca en Educación Moral de la Universidad
de Barcelona).
17Se construye este
concepto para referirse a la relación que se establece
entre el adulto y el niño en los procesos de reflexión
y diálogo.
18Cardús i Ros,
Salvador (2002). Teleadictos a falta de padres. La Vanguardia.
Barcelona, miércoles 3 de abril del 2002, pág.22.
19Delgado, Buenaventura
(2000). Historia de la Infancia. Barcelona, Ariel
20
En la obra Etica y Periodismo de Hugo Aznar,
en el capítulo sobre La Autorregulación de los
medios se ofrecen una serie de códigos deontológicos
que deberían ser revisados y atendidos, no sólo
por quienes se forman en el campo periodístico, sino
también por los profesionales de la educación,
políticos, padres y madres de familia, así como
ciudadanos en general, para buscar acciones conjuntas que
beneficien a las distintas sociedades.
21 Aguaded, op.cit.,pág.132.
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