Principal OEI

Monografías virtuales
Ciudadanía, democracia y valores en sociedades plurales

Línea temática: Universidad, profesorado y ciudadanía

ISSN 1728-0001

 Entrevista con ...

<< Volver

 

Entrevista al profesor Miquel Martínez 1(Universidad de Barcelona)

¿Cómo relacionarías los tres conceptos que dan título al monográfico: Universidad, profesorado y ciudadanía?

Para empezar, creo que es imposible concebir una universidad sin pensar en la función de formar ciudadanos. Así relacionaría en primera instancia los tres conceptos planteados. Considero impensable que un profesor y profesional de la universidad no entienda que su tarea, además de formar profesionales, consiste en promover y atender la formación de sus estudiantes en tanto que ciudadanos y ciudadanas. Por ello pienso que estos tres conceptos van juntos en la medida en que uno implica al otro. Es imposible pensar una universidad, como institución de máximo nivel en la formación cultural, científica y tecnológica de un país, que no asuma su función en la formación de ciudadanía activa. Entre otras razones porque en ella están estudiando, conviviendo y están formándose algunos de los futuros y futuras líderes y probablemente la mayoría de hombres y mujeres que cuando se incorporen al mundo laboral serán trabajadores y empresarios de alta calificación, que sin duda tomarán decisiones de implicación social y ciudadana y que en gran medida ejercerán las funciones de referentes de la comunidad.

Sin embargo, y a pesar de que no concibamos la tarea del profesorado sin que éste tome conciencia que está formando personas a la vez que profesionales, la realidad y el pensamiento de muchos profesores y profesoras no coinciden con el nuestro. Para algunos todo lo anterior corresponde a la familia de los estudiantes o a otras instituciones generalmente de carácter inferior a la universidad. Obviamente es posible y necesario formar en la ciudadanía sin hacer referencia a la universidad. Hay otras instancias sociales educativas formales y no formales que también cumplen con la función de formar ciudadanos y ciudadanas. Sin embargo, esto no exime a la universidad de su responsabilidad en la formación de personas entrenadas y convencidas de que deben implicarse en proyectos colectivos y de que deben procurar el bien común además del bien particular. Queda mucho por hacer, pero evidentemente la relación entre los tres conceptos debe ser la de mutua implicación. Cada vez somos más que pensamos así.

Las nuevas reformas de Educación Superior que se avecinan en la mayoría de países, ¿crees que incorporan algún criterio vinculado con la formación ciudadana?

Pienso que las nuevas reformas de Educación Superior, especialmente en el caso europeo, pueden sernos útiles como una excusa para la formación ciudadana. No tanto porque de forma explícita se diseñen para tal objetivo sino porque formar un profesional competente hoy es difícil de imaginar si no es con una serie de aprendizajes vinculados con actitudes y valores. Creo que se trata de un proceso de aprovechamiento del discurso en relación con la competitividad que puede generar un ambiente propicio a una renovación pedagógica en la universidad que incorpore la necesidad de abordar la formación universitaria también desde un enfoque de formación ciudadana. Efectivamente, por desgracia las reformas han estado planteadas pensando de forma casi exclusiva en profesionales competitivos, pero hoy en día esta formación, afortunadamente, no puede abordarse sin requerir a la vez aprendizajes éticos.

Creo, en definitiva que, por primera vez, quizás las reformas en la universidad van a incorporar el trabajo sistemático sobre el aprendizaje de actitudes y valores que se atribuían a otros niveles educativos y que hoy se vinculan acertadamente al aprendizaje para toda la vida y, por lo tanto, también a la formación universitaria.

¿Qué condiciones deberían darse para que las razones de formación ciudadana tengan sentido en la Educación Superior?

Creo que hay que ser muy realista. Las razones para que la formación ciudadana adquiera importancia deben ser aún instrumentales. Es decir, razones de interés para lo que la formación universitaria fue pensada, esto es, la formación de profesionales, científicos, tecnólogos, humanistas y artistas. Quiere esto decir que difícilmente vamos a convencer a los responsables de las políticas en Educación Superior para que se preocupen por la formación ciudadana si no es porque ésta contribuye mejor al objetivo clásico de la Educación Superior. Pero esto no es nada negativo, sino que en el fondo nos viene bien a los que estamos interesados en la formación de ciudadanos desde la universidad. Así pues, la primera condición es ser consciente de esta realidad y aprovecharla adecuadamente.

La segunda condición es no improvisar la formación ciudadana, lo cual implica pensar en la formación del profesorado universitario. Si pensamos que deberíamos preocuparnos en formar profesionales con un buen nivel y no sólo científico, conviene apostar y promover activamente acciones orientadas a formar profesionales competentes como tales y consecuentemente en su dimensión ciudadana, ética y política.

La tercera condición sería no reducir el tiempo dedicado a la docencia a enseñar cómo superar unas pruebas de contenidos informativos. Necesitamos métodos de enseñanza y de evaluación más complejos; eso implica nuevas maneras de organizarse en la universidad. Esto nos hace pensar en generar condiciones para trabajar en equipo y en abordar la dedicación profesional del profesorado de forma diferente y más completa en función de la tarea también más compleja y menos instructiva que la que hasta ahora la ha caracterizado.

La cuarta y última condición sería la de adquirir conciencia de la importancia de la tutoría en la universidad entendida ésta en el marco de un plan de acción tutorial de la Facultad y no como un mero horario de atención que garantiza la consulta puntual e interesada del estudiante.

Éstas son a mi parecer cuatro condiciones importantes para conseguir que la formación ciudadana tenga sentido y pueda abordarse con el rigor universitario que debería caracterizarla.

Sin duda el profesorado tiene algo que hacer en todo este cambio que resulta paradigmático. ¿Cómo ves en este sentido la formación del nuevo profesorado universitario?

Creo que como he dicho antes el profesorado tiene mucho que hacer. Dicho esto creo que la formación del nuevo profesorado debe centrarse en todo aquello que le ayude a hacer mejor su tarea. Se trata de pensar en todo aquello que le permita estar más cómodo en el aula, le permita conocer los procesos de aprendizaje de sus estudiantes, que no son solamente informativos y conceptuales sino también procedimentales, actitudinales y éticos. En todas estas cuestiones hemos de aprender y debemos avanzar mucho más. Hace falta identificar los buenos docentes universitarios con autoridad moral investigadora de cada una de las áreas y aprovecharlos como garantía del buen hacer y del compromiso que proponemos con la formación ética y ciudadana en nuestras universidades.

Formar al profesorado universitario para la formación ciudadana de sus estudiantes a través de expertos en ética y pedagogía únicamente puede ser un error. Tienen que ser los mejores profesionales de cada ámbito científico los que asuman parte de esta formación dirigida al resto del profesorado, pues son ellos quienes junto a pedagogos o especialistas en ética pueden llevar a la práctica la formación ciudadana que pretendemos para los futuros expertos y profesionales. Creo, pues, que hace falta más complicidad entre estos profesionales.

Cada vez se alzan más voces para que la carrera docente del profesorado sea incentivada como lo es la carrera de investigación. ¿Lo consideras una buena opción para mejorar la calidad en la Educación Superior?

Pienso que es muy importante insistir en la necesidad de incentivar la docencia. Pero no creo que sea bueno separar la docencia de la investigación. Una cosa es pensar en dos dimensiones del ejercicio de la docencia universitaria y otra bien distinta es tratar de separarlas. Es decir, un buen docente no puede estar alejado del ámbito de la investigación y un buen investigador está desaprovechado si no tiene alguna dimensión docente.

Por ello pienso que a partir de un mínimo reconocimiento que comporte incentivos docentes y de investigación, deberíamos pensar en incentivar la dimensión académica del profesorado universitario que incluya las dos facetas del profesorado mencionadas. Ya he defendido otras veces que más que estar a favor de lo que en España se conoce como incentivos relativos a los diferentes tramos docentes o de investigación, creo que a partir de un mínimo de tramos cumplidos, por ejemplo dos de cada tipo, nadie debería poder obtener un tercer tramo que no fuese académico, es decir, doble. Estoy convencido de que a partir de un mínimo docente e investigador, el profesorado universitario debe incentivarse por su doble esencial e indisociable dimensión: la dimensión académica.

Esto es muy importante para lo que comentábamos antes. Un investigador preocupado por la dimensión docente, probablemente estará más próximo al análisis del impacto de los desarrollos de tipo científico y tecnológico sobre el hecho social. De la misma manera, un docente alejado del ámbito de la investigación y la tecnología, probablemente no será un buen referente para que sus alumnos concedan importancia a la dimensión ciudadana que pretenda por el simple hecho de proclamar la bondad de la misma sin más implicación autentica y real en el ámbito profesional del que se trate.

¿Qué opinión te merecen las universidades virtuales, cada vez más de moda, en relación con la formación ciudadana?

Creo que tanto las universidades virtuales como las presenciales cambiarán su atributo y su modelo por el de una universidad mixta que intentará integrar todas las posibilidades y evitar todas las limitaciones de los dos sistemas de aprendizaje y de gestión del conocimiento. Los dos tipos de universidad merecen alabanzas y críticas. Vale la pena decir que hay universidades presenciales que en este sentido, el de la formación ciudadana, son más virtuales que las llamadas propiamente así.

De todas formas creo que las universidades presenciales reúnen potencialmente más requisitos para trabajar todo lo relacionado con las actitudes y los valores. Pero esto no quiere decir que el hecho de ser presencial lo garantice, ni que el hecho de ser virtual lo niegue.

En el modelo mixto que planteo creo que deberíamos pensar e investigar qué prácticas de enseñanza y de aprendizaje son las más adecuadas para contribuir a la formación tanto de buenos profesionales como de excelentes ciudadanos y ciudadanas. Éste es quizás uno de los retos de la investigación en Educación Superior más urgente y a la vez importante que debemos abordar.

Nota:

1 El Dr. Miquel Martínez Martín es Catedrático de Teoría de la Educación de la Universidad de Barcelona (España). Es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona. Miembro del Grupo de investigación en educación en valores y desarrollo moral (GREM) de la Universidad de Barcelona. Actualmente es director del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona. Su experiencia se ha desarrollado en torno a la práctica escolar, la formación del profesorado y la docencia, investigación y política universitaria. Entre las obras más significativas de las que es autor o coautor podemos señalar: Inteligencia y Educación; Educación moral y democracia; Educación moral en primaria y secundaria; El contrato moral del profesorado; Un lugar llamado escuela: en la sociedad de la información y la diversidad.

<< Volver