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VII Experiencia
Una historia particular
M.ª Evangélica Cochia
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Una historia particular...
María Evangelina Cochia
María Victoria Frette
Mónica López
María Elizabet Pérez
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En la ciudad de Resistencia, provincia del Chaco, en
la escuela n.° 54, sita en Mendoza 649, un grupo
de alumnos de séptimo grado agredieron verbalmente
en ocasiones reiteradas al alumno Sebastián Sánchez.
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Por comentar que él no pertenece a ninguna religión,
mientras que sus compañeros de clase se dividen
en católicos y judíos.
El hecho ocurrió durante la clase de historia,
cuando la maestra, Patricia Lestani, para explicarles
de qué trataba ésta, les preguntó
a los alumnos acerca de su historia personal y los orígenes
de cada uno.
Cuando le llegó el turno a uno de los chicos,
contó que sus bisabuelos habían llegado
a la Argentina escapados de Alemania durante la Segunda
Guerra Mundial porque eran judíos. Inmediatamente
otro alumno interrumpió el relato para contar
que él era católico, y que sus parientes
provenían de España.
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La clase se convirtió en un debate acerca de
la religión de cada chico; la mayoría
eran católicos, y había también
un pequeño grupo judíos.
Sebastián, el niño agredido, les contó
a los presentes que él no tenía religión,
a lo que sus compañeros respondieron con comentarios
tales como: ¡No puede ser!; Entonces
estás endemoniado; ¿Qué,
no estás bautizado?; ¿No hiciste
la comunión?, etcétera.
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El clima de la clase se tornó tenso, la maestra
perdió el control y se limitó a explicarles
que: Todo ser humano debe tener alguna religión,
y que en el caso de Sebastián, es un problema
de los padres y que no deben ser malos con
él porque es un problema familiar, no su propia
decisión; cuando él sea más
grande se dará cuenta y se hará de alguna
religión.
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Al llegar a su casa, Sebastián tenía
una expresión de tristeza en sus ojos y se dirigió
cabizbajo a su habitación; los padres almorzaban
y al darse cuenta de su actitud poco usual, ya que siempre
fue un chico alegre y comunicativo, le preguntaron qué
le sucedía.
Sentado en su cama, levantó la mirada y contestó:
Se burlaron de mí en la escuela y la seño
me dijo que es culpa de ustedes. ¿Por qué
yo no tengo religión como los otros chicos normales?.
Ante la sorpresa, Juan Carlos Sánchez y Magalí
Guelbert de Sánchez, sus padres, evitaron conversarlo
con él y convinieron en ir a hablar con la directora
al día siguiente.
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Una vez que Sebastián hubo entrado en clase,
se dirigieron al despacho de la directora, la señora
Margarita Salinas de Cáceres, para quejarse por
el maltrato recibido por parte de la maestra. Al enterarse
de lo ocurrido solicitó que se presentara la
maestra para discutirlo juntos y llegar a un consenso.
Comenzó hablando la maestra y explicó
que su intención no fue ofender a nadie, pero
que considera que todos los seres humanos tienen de
hecho una religión, incluso Sebastián,
que tiene padres católico y judía respectivamente,
aunque ambos no lo profesen. Además, la religión
sirve para mejorar como personas, y no considera un
maltrato expresar su postura frente a los alumnos, ya
que como docente debe ser una guía espiritual.
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Inmediatamente, la directora, con expresión
de enojo pero sin levantar el tono de su voz, le aclaró
a la maestra que la escuela es pública y laica.
El papel del docente -dijo- no es el de juzgar
la fe de sus alumnos ni inducirlos hacia una u otra
tendencia religiosa.
Los padres agregaron molestos que ella no era quién
para afirmar semejante cosa. Porque tener una religión
no hace de alguien una mejor o peor persona, y quieren
darle a su hijo la libertad de profesar o no una religión.
Maestra, directora y padres no obstante no llegaron
a ningún acuerdo sobre qué debía
hacerse para reparar el mal momento que había
sufrido Sebastián.
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