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Entrevista a Javier Echeverría
por Javier Serrano
Javier Echeverría Ezponda (Pamplona, 1948)
es licenciado en Matemáticas por la Universidad
Complutense de Madrid y doctor en Filosofía por la
Universidad Complutense de Madrid y por la Sorbona (París).
En la actualidad es profesor de investigación de Ciencia,
Tecnología y Sociedad en el Instituto de Filosofía
del Consejo Superior de Investigaciones Científicas
(csic), Madrid, España. Ha sido profesor
en la Universidad Politécnica de Madrid y en la Universidad
del País Vasco, donde ocupó el puesto de catedrático
de Lógica y Filosofía de la Ciencia en 1986.
Fue asimismo vicepresidente de la Sociedad Española
de Historia de Lógica, Metodología y Filosofía
de la Ciencia; presidente de la junta rectora y posterior
vicepresidente del la Sociedad Española Leibniz, para
estudios del barroco y la ilustración.
Su trayectoria intelectual ha pasado por dos etapas. La primera,
se ha dedicado principalmente a la filosofía y a las
matemáticas, donde ha dado a conocer obras y manuscritos
inéditos de Leibniz (Nuevos Ensayos sobre el Entendimiento
Humano, Filosofía para princesas, Caractéristique
Géométrique de Leibnizen 1679), y ha coeditado
libros como la Confesión de Bakunin al Zar, Structures
of Mathematical Theories y The Space of Mathematics. Entre
sus publicaciones relacionadas con este tema cabe destacar:
Sobre el juego (1979), Leibniz (1982), Límites
de la conciencia y del matema (1983, con Víctor
Gómez-Pin), Análisis de la identidad
(1987) e Introducción a la Metodología de
la Ciencia (1989).
En una segunda etapa, sus reflexiones han girado en torno
a los nuevos tipos de sociedades que han surgido a partir
de las condiciones y causas que las han propiciado, como de
las consecuencias y efectos que han podido producir. El telón
de fondo que encontramos a lo largo de casi toda esta etapa
es una preocupación en torno a la axiología
de la ciencia. Fruto de su esfuerzo y competencia son sus
publicaciones, colaboraciones y asistencias a congresos, conferencias,
charlas, debates y entrevistas. Entre las publicaciones de
esta segunda etapa podemos destacar Telépolis
(1994), Cosmopolitas domésticos (1995), Filosofía
de la Ciencia (1995), Introducción a la metodología
de la Ciencia: La Filosofía de la Ciencia en el siglo
XX (1999), Los señores del aire: Telépolis
y el tercer entorno (1999), Un mundo virtual (2000),
Ciencia y valores (2002) y La revolución
tecnocientífica (2003). Ha sido galardonado
con el premio Anagrama de Ensayo 1995, premio Euskadi
de Investigación en 1997 en Humanidades y Ciencias
Sociales y premio Nacional de Ensayo 2000.
1. Hace casi 10 años salió a la luz uno
de sus textos más importantes e influyentes,
Telépolis, donde se hacían una
serie de observaciones e indicaciones en torno a la posible
evolución de las sociedades. Desde entonces, muchas
cosas han ocurrido en el mundo ¿Qué cree que sigue
vigente de aquel texto? A la luz de los acontecimientos ¿cambiaría
algo de lo dicho hasta entonces?
La propuesta de que hay que organizar el espacio electrónico
como si fuera una ciudad (Telépolis) sigue siendo válida
y la mantengo. De hecho, en Los Señores del Aire:
Telépolis y el Tercer Entorno (Barcelona, Destino,
1999) precisé y desarrollé la noción
de Telépolis. Es cierto que han surgido muchas novedades
en la última década en el sector de las nuevas
tecnologías de la información y la comunicación
(tic), pero la idea de que estamos ante un nuevo espacio social
posibilitado por ellas (el espacio electrónico, mundo
digital o tercer entorno) y el proyecto de organizar dicho
espacio como una ciudad telemática transnacional siguen
siendo dos propuestas básicas, a mi juicio. En los
numerosos artículos que sigo publicando sobre esos
temas continúo desarrollando ambas hipótesis.
Me siguen pareciendo válidas, aunque haya que actualizarlas
con cada ejemplo, problema o innovación del campo.
2. A lo largo de toda su obra se puede observar una constante
preocupación en torno a la axiología de la ciencia.
Ello se hace más evidente en su obra Ciencia y valores.
Centrándonos en las tecnologías de la información
y las telecomunicaciones ¿qué aspectos axiológicos
sería necesario abordar a la hora de hablar de ellas
en el aula?
Mi preocupación por la axiología de la ciencia
surge en la década de los 90. Hasta entonces, no me
había interesado en esa nueva rama de la filosofía
de la ciencia: me dedicaba más a la epistemología
y a la historia de la ciencia. Ciertamente, en mi libro Ciencia
y valores hay una propuesta sistemática sobre axiología,
que había sido anticipada en Filosofía de
la Ciencia (Madrid, Akal, 1995). La noción de valor
como función axiológica, y no como idea eterna
o ideal, me parece muy importante.
En cuanto a los valores relevantes para el sistema de las
tic, mencionaría los siguientes: universalidad (en
la posibilidad de acceder y usarlas); voluntariedad (que no
sea obligatorio ser ciudadano de Telépolis); reticularidad
(la sociedad-red de la que habla Manuel Castells, que comporta
un nuevo modo de organización social); transculturalidad
(las diversas culturas han de poderse desarrollar en el tercer
entorno) y democracia, en el sentido clásico del término
(legalidad, igualdad de oportunidades, libertad, solidaridad,
justicia, etc.). Esto último es lo más difícil
de lograr puesto que, a mi juicio, el espacio electrónico
está dominado por una nueva forma de poder que tiende
a superar el poder de los estados-nación de la época
moderna.
3. En La revolución tecnocientífica
abordada en la quinta sección «Axiología
de la tecnociencia» la relación entre tecnociencia
y poder ¿qué características de las tic
habría que destacar en ese sentido?
Las tic incrementan considerablemente la capacidad humana
de actuar, al posibilitar acciones a distancia y en red, por
ejemplo enviar un virus informático, un correo-spam,
o un fichero a varias personas, pero también, un misil
telecomandado desde un satélite artificial. Lo cierto
es que facilitan enormemente el flujo del dinero y de los
capitales; la capacidad de investigar científicamente
otros planetas, el mapa del genoma humano o las pequeñas
partículas o los primos de Mersenne. Los poderes militares,
financieros y científicos se interesaron muy pronto
en las tic (década de 1980) por estas razones. Su poder
ha aumentado mucho desde entonces. Los poderes políticos
fueron mucho más lentos y reticentes, pero a finales
del siglo xx también comenzaron a potenciar el uso
de las tic en el e-gobierno, la e-administración,
el e-aprendizaje, los e-negocios o la telesalud.
En conjunto, las tic han cambiado radicalmente las relaciones
de poder a nivel mundial y regional, puesto que han posibilitado
la emergencia de una nueva modalidad de poder (militar, tecnológico,
económico) que en muchas ocasiones supera el de los
estados. Los denomino «Señores del Aire»,
porque ejercen su dominio desde las redes telemáticas,
y en último término, desde los satélites,
como queda claro en la ciberguerra. A mi juicio, el espacio
electrónico está en una fase «neofeudal»,
dominado por los feudos de la información de los señores
de las redes y de las tecnologías tic. Microsoft es
un buen ejemplo, pero también lo son visa, American
Express, algunas compañías telefónicas,
de televisión y de videojuegos, etc. En resumen: las
empresas transnacionales que innovan, desarrollan, publicitan,
comercian y distribuyen los productos de las tic, incluidos
el dinero electrónico y la información convencional
de los medios de comunicación.
4. Uno de los problemas más acuciantes, y origen
de muchos otros, que podemos observar en nuestras sociedades
actuales, gira en torno a la construcción de la identidad
dentro de unos marcos multiculturales. En ese sentido ¿qué
papel juegan o pueden jugar las tic?
El espacio electrónico es multicultural, puesto que
todas las culturas pueden -y suelen- expresarse y desarrollarse
en él. Véase el enorme impacto de la televisión
sobre la vida política y sociocultural. Lo importante
es que la ventana a dicho espacio la tenemos en casa, sea
a través del ordenador conectado a Internet o de la
televisión -en particular de la televisión digital
por satélite-. Nuestros hogares devienen multiculturales,
frente a la monocultura tradicional de las sociedades agrarias,
e incluso de las sociedades industriales. El grado de «multiculturalidad
mental» de los seres humanos aumenta con el tercer entorno,
sin perjuicio de que exista colonialismo cultural a través
de las televisiones, los videojuegos, los dibujos animados
y otros productos de las tic. En el tercer entorno se produce
un gran encuentro (o encontronazo) multicultural, como bien
muestra Internet. Aquellas culturas que no se conviertan en
e-culturas (y las lenguas en e-lenguas) quedarán
marginadas, como ya ocurrió en otros tiempos en la
confrontación entre las culturas escritas y las culturas
orales. Organizar la multiculturalidad de Telépolis
es una de las grandes tareas de nuestro tiempo.
Francisco Javier Serrano (Madrid, 1975) es diplomado
superior (investigador) en Filosofía de la Ciencia
y licenciado en Filosofía por la Universidad
Complutense de Madrid. En la actualidad es profesor invitado
por la División de Humanidades y Ciencias Sociales
en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores
de Monterrey (itesm), México. Ha sido profesor en la
Universidad Regiomontana, tutor de maestría en la Universidad
Virtual y colaborador en la Universidad Complutense de Madrid
desde 1998.
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